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17,16,15, 14

Se pasan las semanas y se acumulan las cosas. O quizás es al revés. Septiembre es un mes punta de vórtice en mi historia personal.

1 – THE PULL LIST. Que es la lista que te hacen en las comiquerías gringas, cuando eres casero, donde te reservan una copia de tus cómics mensuales, esos de 20 páginas que sigues serialmente. Me pasa con ellos que me olvido de sus tramas de mes a mes y termino releyéndolos una y otra vez. Así, si una serie tiene 25 números, el primer número lo leí 25 veces, el segundo 24, el tercero 23 y así. (Estoy seguro de que hay un concepto matemático que resume esto, pero no lo conozco). Mi pull list por estos días es:

Trees – del tío Warren y Jason Howard.
Injection – del mismo tío Warren y Declan Shelvey
Black Monday Murders – Jonathan Hickman con Tomm Cooker.
Mister Miracle – Tom King con Mitch Gerads
The Wild Storm – otra vez Warren Ellis, ahora con Jon Davis-Hunt
Paper Girls – BKV y Cliff Chiang
Cemetery Beach – Ellis y Jason Howard (de nuevo, porque es lo que hacen cuando Trees está en receso).

y claro, también Batman de Tom King con invitados, pero ese es el que leo y borro (algún día, cuando termine su pasada, leeré los 100 números de una. Una tarde. Sin teléfono). En noviembre espero el Green Lantern de Morrison.

2 – CREADORES. Se desprende de la lista anterior que no me importa lo que escriban sino quién lo escribe. Hay gentes que gustan de seguir las aventuras de tal o cuál personaje y así terminan leyendo cosas infumables o las editoriales terminan explotando esta debilidad y secuestrando a un público dispuesto a comprar cualquier cosa con Batman en la portada. A veces los personajes nos hacen más fácil el proceso de conocer a un nuevo escritor, pero la regla de hora sigue siendo esa: sigue los creadores y no a los personajes.

3 – NORM. Uso “creadores” y “escritores” como sinónimos porque si bien el cómic es un medio visual, me importa más lo que pasa que el estilo. No tengo la disposición para mirar una historieta sin preocuparme de lo que dice. Con algunas excepciones, como esas historias noventas ilustradas por Norm Breyfogle. Breyfogle fue, en mi adolescencia, el primer artista cuyo estilo pude reconocer, cuando empezaba en eso de leer cómics todo-el-rato-sin-parar-non-stop. Sus líneas dinámicas, sus capas intensas, el Batimóvil enérgico; todo en su trazo era único, diferente, especial y a la vez carente de soberbia. En los años del culto a la personalidad, de Todd McFarlane, Jim Lee y Rob Leifeld con sus contratos millonarios y sus cómics que se demoraban meses en salir, Breyfogle hacía la pega mes a mes y, a mi paladar y gusto, mejor. Después cambió de editorial e hizo otras cosas, y siempre me quedó el qué-fue-de… rondando. Me enteré que estaba ilustrando libros para niños y todo bien. Falleció este lunes a los 58 años. Ya no habrá más cómics ni libros para niños ilustrados por él. Le extrañaré y extrañaré por sobre todo el caudal de historias que ya no existirán.

batibreyfogle

Esas líneas…

4 – LA MÚSICA. Hoy por hoy, el Black Album de Jay-Z y Look into the Eyeball de David Byrne. De pura casualidad, los dos son de 2001.

5 – BOJACK. Sigue siendo buena, la última temporada me parece mejor que la anterior y si bien no hay novedades de renovación, se siente que la historia ha encontrado más espacio para crecer, sin los límites del arco del personaje principal, que de tanta desgracia nos estaba dejando sin opciones, como él mismo alude en ese capítulo que es un solo gran monólogo.

6 – 30 ROCK. Otra cosa consistentemente buena. Cada tanto intento ver todas las temporadas y si bien siempre termino abandonando, siempre me sorprende cómo la serie no afloja nunca. Todos esos años perdiendo en los Emmys contra The Office nos dejaron mimados y malacostumbrados a tener una serie que, sin grandes puntos altos, nunca defrauda.  RE:Creators – ver también The Unbreakable Kimmy Schmidt.

7 – LA CANCIÓN – David Byrne hace las canciones de cuna de mi mundo ideal. Sea Dream Operator con los Talking Heads o sea esta, del disco mencionado más arriba. Suave, compleja y sencilla a la vez. De esas que celebran el gusto de preguntar y de saber que la respuesta siempre estuvo ahí y que en realidad todo esto era solo un juego.

 

 

 

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18

¿Es 18? Ha de serlo porque 19 se quedó en la bandeja de salida, sin salir nunca, atrapada sin salida; porque nunca se infló lo suficiente como para sacarla del horno, francamente.

1 – HECHOS. Un hecho es una ocurrencia más o menos observable intersubjetivamente. Que Led Zeppelin ha vendido más de 200 millones de discos, es un hecho. O que tenían cuatro integrantes que eran Robet Plant, Jimmy Page, John Paul Jones y John Bonham.

2 – OPINIONES. Un opinión es una impresión personal, incontestable y no sujeta a escrutinio alguno. Decir, por ejemplo, me gusta Led Zeppelin. O decir, por ejemplo, que no me gusta Led Zeppelin.

3 – CUIDADO con confundir unas con otras. Los hechos son interesantes, las opiniones suelen estar de sobra. Una opinión también tiene el mágico poder de cerrar una discusión. Por ejemplo, discutiendo sobre los méritos y/o lo sobrevalorado que está Led Zeppelin, uno dice ” a mi me gusta” y de ahí no tenemos para adónde ir. Me pasó el otro día, que dije que nada se me antoja más pasmosamente meloso e insufrible que un estadio lleno de gente coreando “Qué lindo que es soñar, soñar no cuesta nada” mientras algún dibujante pinta en vivo una tira de trazos simples sobre lo bella que es la vida y como se puede, siempre se puede. A mí, personalmente, la bilis y la vergüenza ajena (también conocida como “los monos”) me haría reventar de cada uno de los orificios de mi cuerpo. Causa de muerte: indignación ante lo cuqui que puede ser la especie humana. ¿Dónde está la palabra alemana para eso?

La cosa es que el otro día yo describía esta escena hipotética y uno de mis interlocutores, hombre harto más leído y erudito que yo, sin duda, va y me dice en voz baja “a mi me gusta esa canción”. Fin del asunto.

4 – LA PLAYLIST. Una vez que tengo el outline de lo que quiero escribir más o menos listo, hago una playlist con las canciones que me van a acompañar en el proceso de escritura. Porque no puedo escribir en silencio y porque, como es inevitable que lo que suena de fondo termine influyendo en lo escrito, procuro armar una suerte de banda sonora, a veces con el tema del texto, a veces simplemente para mantenerme despierto en las noches que paso de largo. Y a veces estas listas tienen una canción nuclear, una suerte de punto de fisión atómico de donde sale todo: espíritu, tema, inspiración, ánimo para seguir. La más reciente es esta:

No deja de impresionarme el diseño de sonido de esos juegos de 8-bits. Son el ejemplo perfecto de hacer mucho con pocos recursos. Esa de Duck Tales o cualquier Mega Man, pero en especial el 2, o cualquiera diseñado por Manami Matsumae.

5 – MANAMI MATSUMAE tiene, además, un disco que se llama Three Movements, y que es una suerte de banda sonora sin juego, o la banda sonora perfecta para un videojuego imaginario e inexistente.

5 – PLANETES. Por vez primera en mi vida, leí un manga antes de ver el animé. Me devoré los 26 capítulo de la serie de Makoto Yukimura y después de doce minutos del primer capítulo supe que la adaptación no era para mi. Entiendo las decisiones que hubo que hacer en términos de guión y perspectiva (y me parecen sensatas y necesarias para mantener una narrativa lineal en serie), pero buena parte del encanto de la serie estaba en su estructura medio errática e irregular, de esas que pretenden contar una historia sin pedir muchas excusas por desviarse o quedarse mucho rato en un lugar intrascendente. Como una buena novela.

6 – MAGNOLIA. Ahora que vivo en Providencia, mi pasatiempo es ver crecer las magnolias en el bandejón central de Los Leones. Providencia es una comuna extraña, donde la tercera edad es arrogante y empoderada y donde hay un cierto aire a perdición en algunas esquinas que me parece muy interesante. Es una comuna vieja y llena de secretos, más que los que puede tener, digamos, Las Condes, y ciertamente más que los de Ñuñoa, la bella.

7 – FINALMENTE enganché lo suficiente para leer The Ministry of Happiness y Aurorarama. Es probable que termine la primera antes que la segunda. La paso bien entre las palabras de Arundhati Roy. Me siento en casa con sus metáforas y sus giros, su humor indio y sus explicaciones, que están siempre traduciendo una cultura u otra. Le quiero. Veo sus fotos y la veo tan encanecida y con ojos tan de niña, como si su pelo fuera el retrato del Dorian Gray de sus ojos. Me gusta Arundhati Roy. Eso es una opinión.

20

luke

Told ya!

  1. Derrida decía que todo es texto. Cosa harto cómoda y muy poco política, que nos permite escondernos y hacernos los proverbiales lesos, porque hey, si todo es parte de un sistema de referencias discretamente infinito, nada importa realmente. El relativismo es peligroso, porque le quita valor a la vida. Esto lo digo ahora, porque de joven pensaba que era lo mejor. Y no están los tiempos para la vida cómoda.
  2. Estuve hace poco en el Cajón del Maipo y tuve, por harto rato, la sensación de estar en un cuento de Lovecraft. Las cosas pasaron de ser pintorescas a ser siniestras y el encanto del lugar pasó de la maravilla natural a imaginarme qué historia tendría cada personajes, cuáles eran sus relaciones, y qué, oh qué, es lo escondían esos graneros. Hay más de una historia ahí. Detalles más adelante.
  3. Esperaba yo en un semáforo cuando vino un vendedor de frutas que usa el mismo corte de pelo y tiene la misma edad de mi papá. Este vendedor de frutas está a mitad de caminó entre mi papá y Marco Cornez, lo que me hace pensar que en algún lugar del mundo existe (∃) alguien que está a mitad de camino entre Nico Córdova y yo.
  4. Esperaba (2) yo en una farmacia y entró un igualito a Elon Musk. Cosa que no es tan rara porque, si se lo mira bien, el tipo de Elon Musk es algo exótico para Estados Unidos, pero para acá es más bien común. De si Elon es un genio o un tarado que se encontró en el lugar justo con la idea correcta es algo que podremos conversar ya en un par de años. Especialmente después de aquél tweet.
  5. Quiero aprender a leer hebreo y algún día dedicarme al estudio de la Torah. Bienvenida, crisis de los 40.
  6. Jugamos el clásico y después de dos semanas de jugar bien (yo) y perder (el equipo), jugué mal y ganamos. Todo lo que tengo es gratitud hacia mis compañeros que juegan en el resto de las posiciones.
  7. ¿Será que todos los programas de radio que suenan a la hora del taco se tratan sobre cómo eran las cosas antaño en la casa de la tía y qué postres te daban las abuelitas y qué era lo que hacíamos pero ya no podemos hacer porque todo tiempo pasado no vuelve?
  8. ¿Será (2) que todos los programas de radio de la mañana se tratan de cuántos días faltan para el fin de semana? 7 + 8 = El sujeto comprimido entre el pasado que no vuelve y el futuro que se lo come. ¿Dónde está el presente?, pregunta el metafísico.
  9. Tarea: comprar un balde de cabritas (léase: popcorn) e ir de copiloto en un auto, mirando la vida por la ventana. Notar la forma en que la gente se vuelve animales en un zoológico o personajes en una película. Encontrar la diferencia entre ambas ocurrencias. Inventar una justificación para esto.
  10. Ahora por las calles se promociona tal o cuál single de tal o cuál cantante, seguidas del símbolo de Spotify. Porque todo lo que buscamos es tener mayores métricas. Estamos todos recolectando números y tabulándolos de forma que cuadren y permitan que alguien nos dé algo. Antes comprábamos los discos, y como no todos teníamos los mismos discos; teníamos que intercambiarlos o ejecutar alguna maniobra pirata. Lo escuché en un programa de radio de la hora del taco.
  11. La vida misma, en cambio, no tiene estadísticas ni métricas: es una experiencia indiscreta, irreductible. La vida es un número periódico puro, y mientras con menos decimales te la describan, peor. Desconfía de esas gentes que miden las cosas en vez de describirlas.
  12. ¿Te han reventado el corazón alguna vez? A harta gente se lo han roto, pero me pregunto si has sentido alguna vez aquella agonía. Es el tipo de sentimientos que terminan con uno en ropa interior llamando desde un teléfono público a tus amigos para que te vengan a buscar. No me pasó a mí, pero es una historia real.

 

No tengo mucho más esta semana. Mucho Lovecraft en el Cajón del Maipo en mi cabeza y eso es materia para otros medios. They can’t all be winners, pero no por eso uno va a dejar de hacerlo. Afuera el Apocalipsis sigue ocurriendo, pero acá, en casa, con los amigos, con las cosas que están más cerca, esas que podemos apreciar de inmediato hasta el último de esos decimales infinitos sin que el infinito se sienta abrumante, esas cosas siguen estando igual de bien que siempre. Y son las que se ponen mejor. Y el Apocalipsis sigue estando sobrevalorado. Hoy cambiamos la hora y ya vienen los atardeceres buenos-buenos. Hang on in there.

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Una semana más y una lista más. El 100% de los siguientes apartados los fui juntando con el correr de los días en una nota del teléfono.

  1. Quince capítulos le toma a Darling in the Franxx dejar de ser un montón de fanservice y chistes de doble sentido, para volverse una serie cojonuda y con algo que decir. Sigue cargándole la mano al melodrama y al fan service, pero por ahí se deja ver una pátina de genuina desesperación apocalíptica. Le llegamos incluso a perdonar los clichés y las salidas fáciles (como retro explicar en flashbacks), pero tampoco es la serie de animé a recomendar del año ni muuuucho menos. Francamente no sé cómo llegué hasta aquí, pero bueno. No salí con las manos vacías.
  2. ∃! es mi símbolo matemático favorito de todos los tiempos. O la combinación de símbolos, en realidad. “Existe un único”… qué cosa más bonita que tener la certeza matemática de que para algo o alguien existe un único correlativo en el mundo. Ya tiene que haber una o varias novelas chulas que se hagan cargo del concepto. Ojalá haya alguna que lo haga con algún grado de elegancia.
  3. CUIDADO con la mentalidad twitterainstagramerasnapchatera de los trocitos y las miniaturas. Son formas de expresión que van limitando tu visión de mundo y no vaya a ser que un día termines escribiendo posteos de blog que sean solo listas de cosas.
  4. Esta es prueba irrefutable de lo que les decía la semana pasada sobre mi rotación musical:   unnamed
  5. CUIDADO (2) con el concepto de “placer culpable”, porque es una armadura que tu ego y tu persona no necesitan realmente. Si algo te gusta, te gusta y punto; no tienes que darle explicaciones a nadie ni decir que solo te gusta cuando quieres bailar o cuando estás triste o qué se yo. Mal que mal, la persona que baila también eres tú. A menos que seas un bailarín shamánico, pero en ese caso no creo que tengas placeres culpables.
  6. Los algoritmos son opiniones embebidas en código” dice Cathy O’Neil en Weapons of Math Destruction, pero yo la estoy citando del artículo “The quantified heart”.
  7. Más de dicho artículo, donde escriben Polina Aronson y Judith Duportail: “los aparatos y algoritmos le dan una materialidad robótico a lo que los antiguos griegos llamaron doxa: “la opinión común, el sentido común repetido una y otra vez, como una Medusa que petrifica a todo quién la mira”, como la definiera el teórico cultural Roland Barthes en 1975″-  y esa es otra de las cosas de las que hay cuidarse: la opinión de la mayoría (y de cómo nos inmoviliza).
  8. Aun más: “El coaching, la auto ayuda y la terapia conductista cognitiva se basan en la presunción de que podemos (y debemos) manejar nuestros sentimientos distanciándonos de ellos y observando nuestras emociones desde una perspectiva emocional. Estas apps promueven el ideal del ‘corazón manejado’ “.
  9. Está bien si tu corazón es un desastre; si te duele el pecho de la emoción y si te confundes y sientes que todo anda mal. Sentir que todo anda mal es el primer paso para que todo ande mejor; porque, hey, el mundo allá afuera ya es apocalíptico. Si no te da alergia, asco, o aquello que los alemanes llaman Weltschmerz es porque no lo estás viviendo bien – o porque has encontrado la felicidad en otras cosas.
  10. No eres una máquina, no existe una mejor versión de ti mismo. Tú eres tú y con eso basta. Si “love is love”, vos sos vos y no hay más. Lo otro es la charla retórica con la que quieren venderte un curso y meterte una idea en la cabeza: la idea de que existe un único (∃!) modo de vivir la vida, de que hay mejores y peores; y de que, mediante determinadas transacciones, uno puede dejar de ser de los segundos para pasar a ser de los primeros. P A T R A Ñ A S.
  11. Un poquito más del artículo: “Tal y como el nuevo estilista virtual de Amazon – el ‘Echo Look’ califica el atuendo que estás usando, la tecnología se ha vuelta el problema y la solución. Actualmente como la zanahoria y el palo, creando la suficiente auto-duda y stress para hacer que te provoques disgusto, al tiempo que te ofrece la opción de comprar una salida de este desagrado.
  12. Escriturales: terminé con el esqueleto de la penúltima novela, aunque me queda darle un par de pasadas antes de empezar a escribir como tal. Considerando que este año ya quedé empantanado dos veces en un capítulo seis, opté por pasar todos los dolores de cabeza con el boceto del argumento, detallarlo al máximo, para que así la escritura sea el acto de relajo y gozo que debiera ser. Detalles más adelante, siempre.
  13. Cuánta felicidad hemos escondido en esas canciones que nos gustan y que no suenan a cada rato ni en la radio ni en casas de amigos ni en el bar. El otro día escuché el combo Lying in the sun/Senza un Perche y viajé a casi dos años atrás, cuando veía The Young Pope y pasaba mis tardes tirado al sol junto al mar.
  14. A esta lista ya le están sobrando un par de apartados.
  15. La canción: cualquiera de las de arriba o, misterios del shuffle, Break My Stride de Matthew Wilder. Por el cover de El Símbolo, porque Bendis la usó en uno de sus primeros números de New Avengers (para que la cantara Luke Cage, de toda la gente) y porque sí.

22

La idea es la siguiente: escribir un post semanal de aquí a fin de año. Como estamos en la semana, treinta, el conteo regresivo comienza en 22. Fácil y bonito.

  1. Ni bien escribí lo anterior tuve la tentación de hacer otro de esos giros listillos y hacer que cada una de estas listas tenga tantos artículos como semanas le quedan al año. Es hora de buena idea/mala idea, claramente.
  2. Gilmore Girls He estado netflexiándola (ya voy en la segunda mitad de la séptima temporada) y he podido darle una mirada más crítica que otras veces. En especial a esas dos últimas temporadas. Cómo se nota el cambio en el director de fotografía, por ejemplo (los sets sobre-iluminados en las temporadas 6 y 7 le llegan a aclarar el pelo a los actores); pero más me ha pegado lo bien escritas que están esas temporadas 2-5. Cuatro años de diálogo sólido y buenos giros argumentales. No es coincidencia que a Brian Bendis le guste tanto esta serie, los diálogos en sus cómics siguen este mismo ritmo.
  3. La Penúltima : Siempre digo que estoy escribiendo mi penúltima novela para niños/jóvenes. Empecé el año con dos proyectos y ni bien terminé uno, ¡pop! apareció otra idea por mi cabeza, que ya la había dado por abandonada. En resumen y conclusión: estoy escribiendo mi penúltima novela para niños/jóvenes.
  4. El Hype : Decía Faulkner que la pega de un escritor es escribir y que un escritor no tiene tiempo para saber cuándo hay fecha de entrega en un concurso porque está demasiado ocupado escribiendo. Esto, en el siglo del hype, del auto-hype, y del sígueme-y-te-sigo-mami es más importante y más cierto que nunca. Hay harta gente que lo hace y lo hace muy bien y enhorabuena por ellos, pero el tema no deja de molestarme cada día más. Detalles más adelante.
  5. Solo : Moderadamente a propósito de lo anterior: Solo > Rogue One. Pero la masa virtual tiende a tomar decisiones a contrario sensu y Solo pasó con más pena que gloria por los cines. Una lástima. Nos queda el consuelo que antes era de lo más común que las películas pasaran sin pena ni gloria (Blade Runner much?) y terminaran reviviendo como clásicos de culto. Dada nuestra sobre-oferta cultural, está difícil que eso pase, y dado que Solo tampoco tiene taaaanto material como para volverse de culto, no creo que pase, pero tengo fe en que el tiempo le va a dar una mejor apreciación. Cuando seamos ancianos, la vamos a poner como nuestra selección personal en los ciclos de cine sobre Donald Glover que vienen en décadas fueras.
  6. Saga : En su número 54 (que salió hoy, chicos y chicas) Saga, la opus magnum de B. K. Vaugh y Fiona Staple se toma un alto indefinido. Saga siempre se toma altos para recargar baterías y para que sus creadores puedan refrescar la mente. Pero son altos de seis meses a lo más, por lo que el status indefinido  da para pensar que esto es largo. De que vuelven, vuelven; pero cuándo, nadie lo sabe. Es buen momento para leerse esos nueve tomos.
  7. Paper Girls : Saga es mejor, pero Paper Girls es la que me gusta más. El citado B. K. Vaughn y Cliff Chiang la dejan chiquitita mes a mes con esta historia, que el otro día tuve el gusto de releerme entera. En algún momento de la semana pasada había logrado irme a la cama después de un largo y arduo día, pero el insomnio no me dejaba dormir. Leí un par de números de Paper Girls y pude dormir tranquilo, con mi cerebro alimentado y satisfecho de buena narrativa. True Story.
  8. Persona 5 : No es mi primer Persona, pero bien puede ser mi último porque para qué más después de alcanzar la perfección. Tuve que batallar contra el ritmo de las primeras diez horas (!), pero las siguiente treinta pasaron(han pasado) en un abrir y cerrar de ojos. Tengo la música pegada en mi cabeza ahora mismo, con un poco de efecto Tetris. Un gran juego que no le recomiendo a nadie. Detalles más adelante.
  9. Lore : Lore es mi nuevo podcast favorito. Aunque mucha casa embrujada me ha dado un poco de pesadillas recientemente (dijo él, que acaba de terminar de escribir una novela con casa embrujada) y aunque la voz de Aaron Mahnke tenga un componente jabonoso que hace que mi cerebro se distraiga y tenga que retroceder bastantes veces los capítulos (cosa que no me pasa con 99% Invisible, por ejemplo), no deja de ser una delicia y una joya.
  10. La Foto : Recomiendan los expertos en SEO (search engine optimisation) poner una foto en cada post, para un mejor posicionamiento de su página. Recomiendan.
  11. La Canción : Esta semana, pueden elegir entre Hanging on the Telephone, en versión de Blondie o Ain’t Got Time de Tyler, The Creator.

Eso por esta semana. Ya pasó el solsticio y cada día es más largo que el anterior. Nada tiene mucho sentido, pero si te la pudiste con el invierno, estás listo para el resto del año. Siempre hay algo por hacer y estamos todos esperando eso que tú nomás puedes hacer. El resto que se joda.

Ye

Esta historia comienza hace casi doce años. Comienza, como varias buenas historias, en la parte de atrás de un auto. Íbamos camino al mall, por vez primera, y la alemana manejaba y los checos llenaban el resto del auto. A la alemana la llamaron por teléfono y ella, como buena persona responsable, paró el auto y tomó la llamada en un estacionamiento. Algo sonó en la radio y Jan, uno de los checos, le dice a Nina, la alemana, “sorry, but I have to listen to this. It’s so good”. Y era Gold Digger, de Kanye. Nina hablaba y hablaba y Jan le subía y le subía a la radio. She take my money when I’m in need.

Y yo era un blanquito pernito y no sabía nada de nada, pero sabía, como sabía, sin duda, el mono frente al monolito en 2001, que estaba frente a Algo. Algo para lo que no tenía palabras, el primer vistazo de un mundo nuevo. He aquí el hip-hop. He aquí un hip-hop, al menos, que no hablaba de armas y drogas; que no exigía haber crecido en el ghetto, que no dudaba de meter referencia al pop. Un hip-hop para expandir al género.

Al año siguiente, Kanye sacó el Graduation, marcando de nuevo pauta de estilo: simples de Daft Punk, portada de Murakami, una estética nueva y parecía, por esos años, que Kanye vivía en el futuro. Que se movía una o dos revoluciones más adelante que el común de nosotros. Y los blanquitos pernitos sin sentido del gusto o de la innovación podíamos seguirlo y enterarnos de lo que era bueno. Con Kanye supe quién era Viktor & Rolf, supe que tal y cuál color combinaban, y supe estar atento a las tendencias de moda como una expresión de Algo Más.

Después fue 2010 y Kanye ya le había hecho el desaire ese a Taylor Swift – la muchacha que mejor puede personificar el concepto vainilla en el pop – y nos había dejado claro que el mismo ego que le había dado la confianza para surgir podía hacerlo quedar, como dijera Obama, como un jackass. Así, puesto contra la pared, el muchacho fue y se despachó el mejor álbum…de la década? ¿El último mejor álbum de la historia en que las cosas se medían en álbumes? No sé, pero es, ciertamente, un disco perfecto ese My Beautiful Dark Twisted Fantasy. Era noviembre y el viento en Washington me calaba los huesos de soledad y frío cuando puse play y llegué a ese Can we get much higher? A veinticinco segundos del comienzo ya era un disco perfecto y noviembre fue menos frío y menos solo y ahí estaba Kanye de nuevo.

Ahora, ocho años después, doce años después; Kanye vuelve y se toma fotos con Trump y saca dos discos (más bien dos EPs) en una semana y entre los dos se hace uno y no hay review de los discos que no gaste al menos la mitad de las palabras en hablar del contexto, de lo que era y lo que fue Kanye y recién después hablan un poquito de la música. Pero un poquito. My Beautiful Dark Twisted Fantasy ameritó una temporada entera del podcast Dissect. Ye…not so much.

En medio de la avalancha de reseñas 2/5, de las pocas estrellas y de la avalancha de comentarios circunstanciales, se desliza la noción de cuán distintas son las reseñas de ahora en comparación con las de ocho o diez años atrás. Ahora todas tienen un aire de nicho especializado y  un toque de opiniología que, como con tantas cosas de esta era, bien promete una diversidad de voces, pero bien termina dejando entrever los mismos prejuicios: son los últimos años (?) del culto al héroe, de la preconcepción aquella que obliga a que  nuestros cantantes sean líderes de opinión, nuestros actores ejemplos de valor, y nuestros futbolistas…alguna mezcla entre las anteriores.

Llegará, quizás el día en que comprendamos a las personas en su multidimensionalidad; cuando no le pasemos la cuenta a la obra por su creador, ni le pidamos consejos a quien solo vino a hacernos bailar. Llegará, llegará el día en que tengamos menos fijación – y menos necesidad – de tener héroes irreales y completos, y el día en que aceptemos, como Francis Scott Fitzgerald antes que nosotros, que un intelecto de primera línea puede contener dos ideas opuestas conviviendo sin conflicto alguno. Porque David Foster Wallace era un genio y un acosador abusivo; porque el Dr. King engañaba a su mujer; porque Kanye es Kanye. Lo que pese más en la balanza es motivo de otra discusión, pero de momento podemos empezar por asumir que no hay tal cosa como héroes impolutos, y bueno sería que dejáramos de pedirle a la gente que cumpla esos roles. Mejor sería que dejáramos de tener héroes del todo, o que dejáramos de creer en el mito del genio como algo más que una persona dotada de un y solo un talento extraordinario. Decía Schopenhauer que el talento le da a los blancos más difíciles, pero el genio le da a los blancos que nadie más ve. Pero no nos decía Schopenhauer qué es lo que hace el genio a deshoras. Quizás porque, sencillamente, no importa.

Mientras tanto, lo paso bien con las dos o tres canciones buenas del Ye. Voy para atrás y veo en cada disco la puesta en escena de una serie de problemas, honesta, sincera y progresivamente más alejada de lo mundano. Recorriendo la discografía en reversa pasamos de los problemas de ser un dios a los problemas de ser ultra famoso, a no tener problemas, al problema de creer que nunca nada resultará. La sencillez de Family Business, por ejemplo, y el coro aquél que va All the diamond rings (and all these things) they don’t mean a thing.

 

A thing.

Desventaneándola

Por un lado, he estado colgando cortinas en el departamento nuevo; por otro, cerrando ventanas en la vida real. En el curso de los últimos doce meses me las ingenié para acumular una serie de links, entre propios y recomendados, y, como parte del proceso de renovación místico-personal-virtual, los voy a dejar por aquí y voy a ir a cerrar esas ventanas.

Ya era hora.

Las Islas Lofoten – Noruega

Crash Crew  – High Powered Rap

Entrevista a Alan Moore en Mustard

Harry Ransom Center de la Universidad de Texas en Austin

Prada SPR07F Sunglasses

Misterioso Mozart

“Don’t Hate the Media: become the media”

Cultura Profética – De Antes

I’m not your negro

David Foster Wallace – An inventory of his papers at the Harry Ransom Center

Tove Lo – Habits (Stay High) – Hippie Sabotage Remix

Automóvil Club Providencia – 

Owl City – When Can I See You Again

The Red Turtle Plush Doll Official ebay

Maxwell Equations

Regina Spektor – Braille

John Berger – Ways of Seeing

Predestination

Physicists just came up with a mathematical model for time travel 

Carlos Castillo

Visions of Darkness in Iranian Contemporary Music

Tsao Hsueh-Chin

Cuban Youth Built a Secret Internet Network

I need a fox in my life

Remembering Maryam Mirzakhani

Interview for the Sunday Times – Margaret Thatcher (The object is to change the soul)

The great self-esteem con

The 6 Most Certifiably Insane Acts of Writing

The treasures of Satan

Goodbye Blue Monday – Vonnegut

Video Match – El dinosaurio Bernardo

Chile: 11 historias para no olvidar este 11 de Septiembre

Tausendsassa Friedensreich

The Limey

Quentin Crisp Style

Enfermedad Minamata

Damper Babies

Thor Aackerlund

Writer Dan Harmon gives advice on depression

Sanchez Ferlosio

Eduardo Peralta – El hombre es una flecha

Theodore Hardeen (hermano de Harry Houdini)

Bulkland trailer

Martha Gelhorn 

Frank Lloyd Wright Fallingwater

Radio Ambulante

Martin Armstrong (modelo de confianza económica)

The 19 anime songs Hideaki Anno listens to while commuting

Final Fantasy 12: The Zodiac Age – Best Early XP Farming Spots

The Game ft Kanye West – Wouldn’t Get Far

Word Ballon Comic Book Podcast

Glamping – Biosfera Lodge

The Mind-expanding Ideas of Andy Clark

LG Proyector LED minibeam

Amma Café

Post authenticity and the ironic Truths of Meme Culture

Kevin Pollak Amy Sherman

Preparing Goalkeepers For Training and Games

How the Internet Breaks your Brain

Tumscence as Style (Pauline Kael y Goodfellas)

BBC4 – Drama, Mythos, Mythos

Nuestra Marca es La Crisis

Dos mitades

He escrito, en lo que va del año, dos mitades de novela. Lo que no significa que haya escrito una novela. Una de ellas es la reescritura total de algo que escribí el año pasado. La otra es la historia que se coló en los ratos cuando quería sacarle la vuelta a la primera.

Al menos puedo decir, sin temor a equivocarme, que son las dos primeras mitades de sus respectivas novelas.

Silencios

La verdad está en los silencios. Lo dice el Buddha y también lo dice Garry Shandling, siguiendo al Buddha. Cuanta razón tienen.

Escribo esto empezando la última noche del departamento de Las Verbenas, donde tan felices fuimos y desde donde nunca más veremos las luces de la ciudad titilar.

 

Sigo buscando una forma de plasmar en la página el silencio que guarda cada punto seguido.

 

Tengo harto para contarles, pero preferiría hacerlo por otros medios. En persona, sin duda. O a través de alguna historia. De momento, recomiendo hacerse de “The Zen Diaries of Garry Shandling”, el documental de Judd Apatow sobre su mentor. Son dos partes que suman casi cuatro horas de muy buen material y de una mirada teñida de mucho amor y respeto hacia una persona compleja y especial. Por momentos se siente como un tributo más que como un documental, pero eso está perfecto. Porque lo merece, Shandling.

Mi momento favorito es la historia al principio, cuando Shandling, casi adolescente, maneja dos horas para ir a ver a George Carlin y mostrarle el material que ha escrito. Dos horas de manejo de vuelta, un día entero y otras dos horas de manejo después, Garry vuelve y se encuentra con Carlin, que le devuelve las hojas anotadas y comentadas. George Carlin, uno de los comediantes más importantes de la tradición del stand-up gringo, ha leído y comentado los chistes de este jovencito nadie. Y le dice que se le nota lo  inocente y la falta de experiencia, pero que “cada página tiene al menos una cosa graciosa” y le recomienda seguir su camino como comediante. Y Garry Shandling no solo lo hizo, sino que también pasó su vida dedicado a propulsar las carreras de las siguientes generaciones.

Multiplicó la confianza y la atención recibida; y por otros lados supo dar el amor que no le dieron. Una vida que terminara con ese epitafio sería, sin lugar a dudas, una vida bien vivida.

Al cine con amigos

En la primera sesión del ciclo de cine que organizó la dirección de extensión de la USACH la sala estaba llena, casi exclusivamente, de mis amigos. Del colegio, del trabajo, de la vida, de todos lados, francamente. Ni bien empezó la película (Primer, 2004), partí a sentarme al último asiento y tuve mi momento de revelación y disfrute: esto sí que es ver una película con amigos, pensé. Como esos concursos que las radios organizaban a mediados de los 90s – Gánate una ida al cine para ti y todo tu curso. La idea de la sala propia, la idea de que, en un ambiente donde siempre hay extraños, nadie te sea extraño.

En la última sesión del ciclo, ninguno de mis amigos estaba en la sala. Había gente, sí, pese a que el horario era un poco complicado – casi topándonos con el funesto Brasil-Chile. Sin pensarlo mucho, me senté atrás, como no hacía desde que vimos Primer y tuve,  en medio de la peli (Los Cronocrímenes, 2007), otro momento de revelación conocía a toda la gente que estaba en la sala. Eran todos los habituales, los que fueron trayendo amigos, los que no se perdieron casi ninguna de las 8 películas que tuve la suerte de presentar. El cine, nuevamente, se había llenado de amigos.

 

Uf.

Qué bueno que nos pasó eso que nos pasó. Qué bueno que no nos va a pasar nunca más.

Uf.

 

Aunque me gustaría que nos siguiera pasando. Cómo nos va a seguir pasando. Y me gustaría/espero poder vivir en cada una de sus versiones.

Uf.

 

-Perdón, pero es esto o escribir unas 62.000 palabras sobre cómo se sintieron esos últimos cinco minutos de Twin Peaks.

Uf.

 

DIECISIETE

El penúltimo capítulo me dio el momento de esperanza más cálido y lindo que he tenido en ficción en el último tiempo. Y después me partió el corazón.

Se supone que todo esto terminará bien, pero me quedan esas dos sensaciones.

Y el diseño de audio es de otro mundo. Sospecho que literalmente.

Coop

Si uno viviera encarnada la cronología de la Semana Santa tendría necesariamente que admitir que los días entre la crucifixión y la resurrección son días sin dios. O al menos, sin dios en la tierra. Jesús, que representa lo mejor de la humanidad, aquella parte que intersecta con lo divino, está muerto o desaparecido al menos. Un mundo sin un ideal a seguir es un mundo condenado a la desesperanza, un mundo a libre disposición para que en él anide el mal supremo o la putrefacción más sucia. Los primeros quince capítulos de Twin Peaks pintan ese mundo.

Nos hace esperar Lynch. La serie se trata sobre eso. Sobre noches largas y oscuras, sobre el panorama contemporáneo, que llega a parecer desolador. Algunos, de poca fe, se fueron. Yo mismo, con harta fe, me fui. Pero volví. Volví porque alguien me contó. A varios nos pasó. Al estirar tanto la peripecia, Lynch hizo que volviéramos a comunicarnos directamente.

Hace años, le mandé un manuscrito a una amiga que me lo devolvió quejándose de que entre un momento de suspenso y su resolución había un capítulo entero de cosas que ella no quería saber o que no le interesaban. Le dije que esa era la idea, jugar con la desesperación del lector, recompensar su espera. Mientras más prolongada y terrible la espera, mejor se siente el recuentro. O el retorno.

Como ayer, con Coop. Valió cada minuto.

Un día mi amiga celebró su cumpleaños. Vinieron todas sus amigas y pusieron reggaetón y ritmos tropicales. Su pololo, cansado de escuchar siempre lo mismo, fue y puso una de Stevie Wonder, lo que generó una pelea de pareja. Terminaron dos años después de eso.

Eso es lo que se llama “dos años de más”.

Esa secuencia

Confesión: Nunca he podido ver Buckaroo Banzai de una sentada. Es una de esas películas tocadas por el destino, que hace que siempre pase algo que me termina alejando de la pantalla. Nunca más, pensé y la programé en el ciclo de cine que estamos armando en la USACH; y así fue como el proyector se echó a perder justo cuando le quedaban veinte minutos a la peli.

Lo siento tanto por los que fueron, que en todo caso se portaron, una vez más, como el mejor público del mundo y tuvieron mucha buena onda y deferencia para el improvisado cierre y que, al parecer, la estaban pasando bastante bien con el buen Buckaroo. Hay algo en el caos de la película, que es intencionalmente poco elegante, que me fascina de sobre manera. Es algo que quiero replicar, algo de lo que quiero ver más. Un festín pop que no debería funcionar de ninguna forma, y sin embargo funciona.  Y, más encima, viene con esa guinda que es una torta entera, esa secuencia de créditos finales. Ya la pura tonada me da felicidad, para qué decir el resto:

Nada se burla y enaltece, al mismo tiempo, la lucha humana por darle un sentido al caos de la existencia como una caminata bien coreografiada.

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