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Twin Peaks

Debería haber escrito esto hace diez u once semanas atrás. Debería haber llevado un pequeño registro, un micro-diario de mis reacciones a la nueva temporada de Twin Peaks. De haberlo hecho, habrían quedado registrados mi ansiedad y desconfianza previas; después mi “hey, Lynch sabe lo que está haciendo” y después mi “la idea es aburrirse” y después “hey, me estoy aburriendo” y “voy a dejar de ver esto” y “BOOOOOOM!”.

Porque: BOOOOM. Y porque hey, Lynch sabe lo que está haciendo.

La primera mitad de la serie (del 1 al 8) está pensada como una instalación en el tiempo. Twin Peaks no es una serie pensada para el binge-watching, la maratón intempestiva y furiosa y llena de snacks; es una serie que juega con el tiempo y la distancia entre capítulos – las entregas semanales permiten no un mero suspenso a base de cliffhangers (la serie no tiene ninguno, en vez de eso cierra casi siempre con un número musical que va bajo los créditos de cierre) sino la repetición y el uso hasta el borde del abuso de las secuencias oníricas y surreales del Red Room y de otros meta espacios que no se entienden pero se sienten. Y del 1 al 7 la serie te hace esperar, y esperar, y esperar. Y también esperar. Se nota, en las pausas, en los insoportables seguimientos a Dougie Jones, en la forma en que la cámara se queda y se queda, que la idea es que nos desesperemos un poco. Lo entendí desde el capítulo 3 y, desafiado, desafiante, me dispuse a ganarle el juego de la espera al binomio Lynch- Frost. Y terminé perdiendo.

Salí del capítulo 7 diciendo “suficiente, me voy para la casa”. Lo bueno es que estaba en casa ya cuando me dije eso, así es que solo tuve que cerrar el computador. Cansado de esperar, cansado de ver escenas del tipo “un hombre que no sabe qué es un zapato mira sus cordones por vez primera” ejecutadas con extremo realismo.

Y después vino el episodio 8, al que llegué solo porque me alertaron amigos. “¡Devuélvete!” dijeron algunos, “yo también me había ido pero me arrepentí”, dijeron otros. El octavo capítulo de Twin Peaks, en su tercera temporada, en su retorno, es una de esas maravillas del impresionismo moderno en que no se dice casi nada y todo es figurado, todo es explosiones contra la pantalla y sin embargo, más que entenderse algo, algo se comunica. Algo pasa directamente desde la mente del creador/artista a su público/receptor y si es exactamente lo mismo o no, no importa, porque la emoción que nos produce contiene además información y la mezcla es, sencillamente, perfecta. Una serie de revelaciones que, en un esquema normal, habrían aparecido en el capítulo 3 o 4, para saciarnos, se hacen esperar a fuego muy lento hasta casi la mitad de la serie y cuando irrumpen su efecto es explosivo, demoledor. Esto no es TV, ni HBO, tampoco es Netflix. Esto es arte, son imágenes en movimiento, colores que se descomponen y recomponen para hablar sobre la naturaleza del bien y el mal, sobre el mundo de los espíritus y las ideas, y cómo es que este se entrelaza con el nuestro.

O quizás solo sea lo que se transmitió directamente a mi cabeza desde ese capítulo. Quizás en realidad la pantalla no me mostró más que estática e imágenes sin sentido. Qué importa el sentido.

Twin Peaks está, de momento, en la categoría de esas series que me dan mucha felicidad pero que no podría recomendar a discreción. Se requiere un buen toque de discreción, sin duda, para disfrutarla. Haber visto al menos la primera temporada y los seis primeros capítulos de la segunda (y el último), o haber visto además Fire Walk With Me, la película anterior. Y ver este retorno en episodios semanales. Ojalá de noche, ojalá en oscuridad total. Yo la veo las mañanas de los lunes, porque soy un gallina. Y sin embargo, me ha dado la felicidad de ver una idea bien ejecutada, de haber sido engañado de la mejor manera: sabiendo que me iban a engañar, pero aun así genuinamente engañado. Después del capítulo 8, la serie toma un ritmo más narrativo, porque ya era hora y porque todo parece ir de acuerdo a un  plan. Son pocas las veces que uno puede estar tranquilo y entregado en manos de un director que sabe dónde va a llegar y por ende se toma su tiempo y te lleva por lugares que quizás no querías ver. Y en la era del on-demand, la era de la multi-oferta de series y del algoritmo acomodaticio que te muestra la realidad sesgada a tu medida, qué lujo es poder ver lo que en realidad no querías ver.

 

Rambaldi en el tintero

Siempre me olvido de mencionar a Carlo Rambaldi. Quería hablar de él durante la presentación de Blade Runner (la conexión vía Ridley Scott->Alien) y ciertamente quería hablar de él después de Close Encounters, porque en Close Encounters sí que participa directamente Rambaldi, en los efectos especiales de la secuencia final, cuando aparecen los extraterrestres (ups, el spoiler).

Qué bien que la pasamos viendo Close Encounters. Y qué sorpresa deliciosa lo mucho que se disfruta la película en pantalla grande. Estará gastado y trillado ahora, pero el genio de Spielberg entonces sigue fresco en películas como esa. Por lo mismo, bueno es poder recrear la experiencia del cine.

No es tanto lo que quiero contarles (ni lo que puedo, francamente) de Carlo Rambaldi. Pero se me escapa siempre mi trozo de trivia favorito: es en honor a él que J.J. Abrams bautiza a Milo Rambaldi, el enigmático genio del Renacimiento que está al centro de varios plots de Alias, la serie que nos dejó a Jen Garner (¿y a Bradley Cooper?).

SOBRE LA NATURALEZA DE LAS IDEAS: Ojo, que Alias surgió de la interrogante ¿cómo sería Felicity, pero con espías? De un modo similar, E.T. surge de ¿Qué pasaría si uno de los extraterrestres de Close Encounters se hubiera quedado rezagado en la Tierra? Así, explorando, se llega al corazón de las historias. Y en alguna órbita lejana, a ese corazón lo órbita Rambaldi.

Para los que estuvieron ahí: el Comité de Estudios de Fenómenos Aéreos Anómalos tiene una página en la que podéis reportar vuestros casos de Objetos Voladores No Identificados.

Esta semana vamos a ver Under The Skin, película que deja un sabor Muy Distinto en el paladar al terminar. Se recomienda llevar azúcar, para endulzar un poco la vida a posteriori.

Vuelve el cine, vuelve, muchachada. Después de un par de semanas de otras actividades paranormales, cambiamos día y horario para hacer de la asistencia algo aun más grato y con más gustillo a fin de semana.

Comenzamos este Jueves 29 de Junio (a las 18:30) con Close Encounters of the Third Kind, que es otro de esos clásicos que uno da por clásicos y por ende no ve nunca. Es la segunda de las películas profesionales (más o menos) de Spielberg y la primera que no es por encargo, donde además escribe y dirige – combinación rara en el muchacho.

Es donde siempre, en el cine de la USACH que está por la entrada de Las Sophoras. Nuevo día, nueva hora, mismo lugar. Nos vemos mañana, entonces. Lo vamos a pasar tan bien como siempre y, me atrevo a decir, incluso un poco mejor que siempre. Y nos vamos a reír de Truffaut. Un poquito.

Las primeras

Ayer empezamos la sisontú del Ciclo de Cine en la USACH y vimos Forbidden Planet, la peli del 56 con Robby the Robot, Anne Francis y Leslie Nielsen antes de que el pelo se le pusiera blanco. Gracias a todos los que vinieron, en especial a los que ya se están haciendo asiduos y parroquianos estables del ciclo. A los que fueron por primera vez también, pero si siguen viniendo van a recibir las gracias especiales. Estamos preparando un par de sorpresas, pero aun es temprano para prometer nada.

A modo de aclaración/referencia, cuando dije que la película era “machismo del bueno” estaba pensando en La Vida Moderna. Llevo un par de meses intentando, en cada reunión social, lograr que la gente canturrée “Fascismo del bueno” y haga el aplauso. Algún día lo conseguiré, ojalá acá, ojalá con un grupo de gente que jamás haya escuchado esto antes.

La peli, siendo bien sinceros, tiene más valor del tipo “esto no se había hecho antes” que otra cosa. Es un bonito valor histórico y es impresionante lo influyente que terminó siendo, pero uno la ve y, para disfrutarla mejor, tiene que hacer un ejercicio de nostalgia impuesta o un cierto juego de rol. Hay por ahí una entrevista a John Carpenter que sí que la vio en el cine y cuando habla de cada detalle de la película se le abren los ojos y uno se da cuenta que sin Forbidden Planet tampoco habría The Thing, no porque las películas tengan mucho en común sino por la fuerza no de la influencia sino de la inspiración.

Por cosas de la asociación libre y de los clicks concatenados en youtube, hoy me di cuenta que a mí me pasa eso con el Final Fantasy VII. Veinte años después de la primera vez que lo ví (y apenas… tres o cuatro desde que por fin pude terminarlo), todavía me acuerdo de la emoción, el estremecimiento de sentir que estaba frente a algo nuevo, que una puerta de posibilidades se abría… en parte porque ahí entendí que los videojuegos tenían un potencial narrativo tremendo y en parte porque ahí, sin saberlo aún, empecé a entender que los videojuegos no iban a correr la suerte de los demás juguetes y se iban a quedar acompañando a mi generación por siempre.  Polygon tiene una serie de micro vistazos a la factura del juego en esta playlist. Fui por Yoshitaka Amano y sus diseños; y me quedé para escuchar a Nobuo Uematsu y su trabajo de estructura musical, pero fue Kazuyuki Hashimoto con la explicación de como lograron trabajar el motor de 3D y la implicación de las decisiones que hubo que tomar a nivel directorial (en el sentido de un director de cine o fotografía) lo que me voló la cabeza.

A no menospreciar el poder de las primeras veces. Como en este clásico que, en esta versión, viene a cerrar una serie que hoy recuerdo con mucho cariño y cuyo nombre no revelaré, para que cuando llegues a ese momento lo reconozcas y todo se te aparezca con una cuota extra de sentido.

 

Hay temporada nueva de Twin Peaks, hay temporada nueva de Fargo, hay nuevo disco de los New Pornographers y todo es muy niú y muy nui, un poco, por qué no, un poco porque sí.

Esta micronota es mi prueba de vida. Con algunos updates de interés general:

  • La buena gente de la VIME de la USACH ha extendido el ciclo de cine con yours truly y estaremos en ello hasta fin de semestre. A medias con Andrés Zúñiga, que hace la parte de las pelis de terror, estaremos, aún no sé en qué orden, pero estaremos por 10 películas más, a razón de cinco y cinco.
  • La película de este miércoles es THE FORBIDDEN PLANET del 56. Es a las 18:30 (horario de invierno!) y es en la sala de cine de la VIME, que están por la entrada de Las Sophoras 175 del inmenso predio de la USACH.
  • Las otras películas serán, Under the Skin, Buckaroo Banzai, Close Encounters of the Third Kind y Children of Men. Cómo me las ingenié para no pasar Brazil es algo que mi consciente no se explica.
  • Tampoco la ausencia de Carpenter.
  • Tengo un nuevo cuaderno de los que hace la Cata Vassiliú. Nunca más me compro moleskines. Hay un gusto especial en los objetos que son producto del trabajo de una persona (vs una máquina) y ese toque a la medida es perfecto. El cuaderno nuevo tiene 120 páginas, porque así lo encargué – es mi número de páginas ideal.
  • Estoy usando esos lápices friXion de pilot, que son de tinta borrable. Más que la posibilidad de pulir la presentación de una hoja borrando (me sigue gustando más tachar), la poca resistencia que ofrecen a la mano me es sorprendentemente grata.
  • Del disco nuevo de los New Pornos, me quedo con el single (High Ticket Attraction) y con Avalanche Alley.
  • Mañana empiezo con la nueva Twin Peaks. A Fargo la voy a esperar y ver de una.

 

Los Cómics de Mi Vida: 4 – Barrabases (v4) 15.

(solo un punto de diferencia con la versión de losinvisibles.cl)

A modo de remedio para la emocaña del podcast pasado, Los Cómics de Mi Vida hace una parada futbolera con un clásico de fines de los 80 – Barrabases enfrenta a Candado.

El Semillero es el blog que hace la noble labor de scanner y poner a disposición los archivos históricos de Barrabases. “Candado” está aquí, pero la página está para explorarla entera (y colaborar con ella).

Los Cómics de Mi Vida: 3 – Vision 07 (2016).

(en conjunto con los invisibles.cl)

Otra edición de Los Cómics De Mi Vida, siguiendo al cómic de Tom King y Michael Walsh (supliendo a Gabriel Hernández Falta en este número). Una joyita del sci-fi que se cuelga de la enredada continuidad Marvel para entregarnos una reflexión profunda sobre las relaciones de pareja. A escuchar el podcast, y a leer el cómic (por aquí).

La canción de este episodio es Thom Yorke haciendo Fog (Again) en vivo.

Robóticas

 

El bueno de Iñaki Gabilondo, periodista español de excepción, ha iniciado una serie de divulgación científica sobre el futuro. Intitulada “Cuando ya no esté”, la premisa es conversar sobre el futuro, asumiendo – como asume el buen Iñaki – que pronto ya no estaremos. Hay una nobleza y una sencillez en ese gesto, el de asumirse como persona finita que me mata de admiración y de gusto. Conforme pasan los años uno descubre día a día que los mejores son aquellos que no reparan en su grandeza porque la perspectiva del universo les da la dosis de humildad justa. En fin, a continuación la entrevista con el dr. Hiroshi Ishiguro, especialista en robótica y creador de más un androide:

Los Detalles

El úlitmo miércoles pasamos PRIMER en la USACH y fue todo un ÉXITO (para no perder la costumbre de usar todo mayúsculas). Muchísimas gracias a los que fueron, sean amigos, sean desconocidos motivados. Un desconocido motivado es un futuro amigo, decía un refrán que aun no existe.

Les había prometido a quienes fueron dejar algunas notas de la presentación por acá. De tanta referencia lanzada al aire, bueno es guardar registro. Así es que vamos con los pequeños grandes detalles.

-Ignatius Farray es el cómico español que salió en la primera slide. Yo lo veo casi religiosamente en “La Vida Moderna”, programa de la Cadena Ser que está en youtube y que me da felicidad en horas de trabajo.

-Las películas que mencionamos sobre viajes en el tiempo son:

La Jetee (1962) – que es el antecedente de 12 Monkeys. Quería dejar un link acá para verla en línea, pero está un poco difícil. ASÍ ES QUE SI ERES LA CHICA QUE VIO PRIMER 8 VECES Y VAS A IR EL PRÓXIMO MIÉRCOLES, MÁNDAME UN MENSAJE Y LLEVA UN PENDRIVE MÁS O MENOS GRANDE Y TE LA LLEVO. Y SI NO ERES ELLA, QUÉ HACES LEYENDO ESTO, POR DIOS, ALGO DE PRIVACIDAD.

Time Bandits (1981) – que es Terry Gilliam siendo Terry Gilliam.

12 Monkeys (1995) – aka “donde supimos que Bruce Willis podía actuar” (aunque en verdad es “donde supimos que Brad Pitt podía actuar”).

Y me quedé con ganas de mencionar, en especial para los más puristas que ya no tienen NADA que ver y están medio muy aburridos:

Somewhere in Time (1980) – en la que Chris Reeve , en pleno boom del superhombre, viaja mnemónicamente al pasado. Es mega-mamona, más que Kate & Leopold – otra comedia romántica con viajes en el tiempo. SPOILER: esta no es commedia, es más bien el dramón. También es una de las películas favoritas de mi abuelo, lo que no quiere decir nada más que: antiguedad.

Safety Not Guaranteed (2012) – Aubrey Plaza (favorita personal desde que alguien señaló que sería la Kate Bishop perfecta) es parte de un equipo de periodistas suburbanos que tienen que hacer una nota sobre un tipo que publica un anuncio buscando acompañante para viajar en el tiempo. Muy tangencialmente conectada con el tema, pero hey, igual vale para matar el rato.

Hot Tub Time Machine (2010) – ¿Seriously? No. Pero iguals. Además: John Cusack Y Rob Cordry. En la secuela actua Kumail Nanjiani (que es más favorito en tanto comediante y en tanto invitado regular a Harmontown), pero ni siquiera he tenido el valor de verla. La primera es un poco “hagamos Peggy Sue Got Married pero en los 2000 y más decadente”. Peli para el bajón, pourquoi pas?

-Los Libros.

H.G. Wells escribe The Time Machine en 1895, aunque había escrito “The Chronic Argonauts” en 1888. Chronic Argonauts suene casi como Crono…nautas. HMMM.

Antes, en 1889, el bueno de Mark Twain escribe A Connecticut Yankee in King Arthur’s Court, que inspiró las primeras adaptaciones al cine de historias con viaje temporal.

Me quedé con ganas de decir que, si aceptamos que El Día de La Marmota es una película con cronoviajes, quizás “Rip Van Winkle”, la historia de Washington Irvine sobre el tipo que se queda dormido por 100 años, también puede colarse por la puerta de atrás al baile.

En 1941, Robert Heinlein escribe By his bootstraps y nos vuela a todos la cabeza con su uso del time travel, que le dicen.

En 1954, Philip K. Dick, genio e ídolo de millones, escribe “Meddler”, una de sus mejores historias cortas y un buen approach a la paradoja temporal. En español el cuento está traducido como “Dosis Letal”, por razones que escapan a lo racional, sin duda.

En 1969 sale Slaughterhouse 5, o Matadero 5 (porque la ciencia de la traducción a veces progresa) y Kurt Vonnegut se luce con una historia que involucra muchos saltos temporales. También involucra naves espaciales, extraterrestres, zoólogicos galácticos y la destrucción de Dresden. Oh, Dresden.

How to Survive in a Science Fictional Universe de Charles Yu, es del 2010 y no creo que esté traducida al español aún, pero ahí les va. Charles Yu – que así se llama el protagonista del libro – es un reparador de máquinas temporales. Y en uno de sus trabajos tiene que atender a Linus Skywalker, hijo de un tal Luke Skywalker, que ha querido honrar la tradición familiar, intentando matar a su padre… si con ese teaser no lo van a buscar a Amazon o algo. . .

-Los Cómics.

Está ese podcast en que hablo de Secret Avengers 20, claro. Otro número que hace un lindo giro es el 6 del All-Star Superman de Grant Morrison y Frank Quitely (a veces está hasta en los quioscos de por acá). Mark Millar sacó una serie intitulada Chrononauts, varios meses después de la publicación de la novela homónima de Yours Truly. HMMM.

I Killed Adolf Hitler del buen Jason es no solo una buena historia, sino además un buen punto de entrada al mundo de Jason. Después de leer una de él, van a querer leerlas todas. Cuidado con Hey, Wait, que parte el corazón.

RASL de Jeff Smith tiene algo de viajes en el tiempo, pero tiene más de universos paralelos (hello, Donnie Darko). La menciono solo como gancho para que la lean. Es tremenda.

 

Y con eso estamos, creo. Gracias a todos los que fueron, y preparémonos para Blade Runner este miércoles. Clásico de clásicos, y una de las películas con más alto índice de “la ubico pero no la he visto”. ¿Por qué será eso? Detalles más adelante…

 

 

¡Vamos al cine!

Esto va a estar pasando el próximo miércoles 26 de abril y el miércoles 3 de mayo en la USACH:

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¡Y miren quién va a estar en estas cosas! ¡Yours truly! “Experto en cine y literatura” es mi forma de decir “soy un charlatán”, no es que se me estén subiendo los humos a la cabeza.

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Detalles, muchos detalles, más adelante, como siempre.

Los Cómics de Mi Vida – 2

(como siempre, en transmisión simultánea con losinvisibles.cl)

Bienvenidos, fanáticos del cronoviaje, a otra edición de Los Cómics de Mi Vida. Hoy comentamos Secret Avengers 20 o : como escribir un bucle temporal perfecto. Escribe Warren “Santo Patrono” Ellis y dibuja el buen Alex Maleev, juntos cuentan una historia en que la Viuda Negra salva el día volviendo al pasado a cambiarlo sutilmente, despacito, suavecito y todas esas cosas que se dicen. Delicia de cómic que pueden leer (en inglés), por aquí.

Los Cómics de Mi Vida – 1

(en transmisión simultánea con Los Invisibles)

Rutilante primera edición de Los Cómics de Mi Vida, el espacio en que hablamos de cómics buenos-buenos, sin prejuicios ni compromisos.  Empezamos con Planetary 27, epílogo de la serie que se demoró 10 años en sacar 27 números y que le da a la colección entera un aire más humano – sirve como coda y a la vez como el receptor del alma de la serie.

Interesados en leerla (en inglés), pueden darse una vuelta por acá.

De Cierres: Dos

Empezó hace cuatro años y era poco más que una serie de coincidencias que se convirtieron en un espacio que se convirtió en mi hogar. Un giro, una conversación y un chiste la bautizaron como Casa Castor. Y así le dije hasta el último de sus días, que fue el miércoles antepasado.

En cuatro años, fue también el hogar de todo lo que puede albergar un hogar: los triunfos más grandes, las alegrías más intensas, las decepciones más profundas, los superlativos más exagerados. Todo y de todo pasó por ahí, por esa esquina, por ese barrio, por el crepitar de la madera al subir la escalera acaracolada, por la sorpresa del techo alto y el ruido de las ramas contra la ventana. Ahora, que la noche está bien entrada, me pregunto si el viento que llega aquí, a nuestra nueva casa – la casa donde nos hemos decidido a construir un futuro con Elisa – ya habrá pasado hace unas horas por las ventanas del castor.

Siete años atrás, antes de que todo esto fuera ni siquiera un sueño, Jo me regaló un llavero de esos de Star Wars Lego. Pasaron tres años para que se volviera, oficialmente, el llavero de mi casa; y aguantó con estoicismo todos mis malos tratos, un par de olvidos, el roce constante junto a mil cacharros en bolsillos de pantalones y maletas. Recorrió miles de kilómetros, siempre llevándome la promesa del retorno a casa. A fines del año pasado, cuando las cosas estaban cambiando y tomando una nueva forma, con los primeros atisbos de la certeza de un cambio en el horizonte, el buen llavero empezó a sufrir. Del estado de la pintura, ni hablar, pero perdió una patita y luego la otra.

El día que recibimos las llaves, el día que cambiamos la cama, el refrigerador y toda la artillería pesada desde la que fuera mi casa del castor hasta la casa que compartimos con Elisa, hicimos un pequeño desvío, siguiendo una corazonada. Pasamos por la tienda Lego, a ver qué llaveros, tendrían, que modelos habría. Estaba dispuesto a traerme un Batman, que sería lo más probable, o algo de algún simbolismo improvisado en el momento. Pero, en su lugar, esperándome, estaba:

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Esta foto queda mejor con el minuto 1:12 del trailer de The Last Jedi, pero muchas cosas quedan mejor con el minuto 1:12 del trailer de The Last Jedi.

La gente de Lego ciertamente se ha esmerado en sus diseños y en darnos una noción de progreso. Esta casa les honrará y seguirá esa tradición. Porque en darle más profundidad y riqueza a la experiencia hemos encontrado el secreto para pasar por el tiempo felices.

De cierres: UNO.

Empezó hace cuatro años y era una línea lanzada como un centro de lateral que llega exigido a la línea de fondo: medio por cumplir, medio con la esperanza de ser algo más.

Hace casi dos años tuve la idea y la resolución clara: vi la línea de fondo, el arco, las dimensiones de la cancha. Supe entonces que esta sería la última escena en un libro que estaba, en ese instante, en blanco.

(Tenía también una idea para la primera escena, con esos dos cabos atados, jugué un par de años, ajustando y probando, viendo qué cosas funcionaban, qué gustos quería darme, y si acaso este era el espacio para darme esos gustos).

Y ahora, hace instantes, llegué al momento de escribir esa última escena. La primera línea es la misma con la que la imaginé hace dos años, todo lo demás salió del desenlace natural del texto y de las horas de trabajo previas. Había, como es costumbre, planificado y esquematizado toda la estructura de la novela, pero esta vez me guardé la incógnita de esta escena final. Como siempre, las sorpresas más gratas estuvieron a mitad del camino, en esas micro-historias que surgen quién sabe de dónde y le dan consistencia a un texto que de lo contrario no sería más que un chalequito de hilo.

Sonaba Apollo 440 y eran las 4:40, porque así es la vida y de ninguna otra forma. De a poco empiezo a sentir el vacío de haber terminado un borrador y la pulsión de la re-escritura. Pero para eso, y para las canciones, mañana. Ahora solo un instante de satisfacción.

Feliz otoño, queridos míos. Con casi una semana de retraso, porque nada es tan apremiante como nos quieren hacer creer. Ni siquiera el otoño.

Súper lunes, súper martes, súper miércoles, viernes negro, sábados gigantes, domingo de resurrección. ¿Qué le toca al jueves? ¿El Throwback Thursday de Instagram? ¿Se usa todavía el throwback Thursday? ¿Se usa todavía Instagram? WhatsApp ahora tiene una versión 0.8 de snapchat incorporada a sus prácticas, porque al parecer cada día tiene que ser un evento y cada plataforma en línea tiene que captar a ese segmento de personas que van por la vida diciendo “Snapchat ya no es lo que era”. Ya que estamos en esa, bien podrían devolvernos los iconos del Messenger MSN y el juego de la víborita.

Oh, wait. Nokia ya lo hizo.

Cuando vuelva el Motorola Razr, sabremos que todo está, definitivamente, mejor.

Feliz Marzo, jóvenes. Con una semana de retraso, porque nada es tan urgente como nos quieren hacer creer. Ni siquiera Marzo.