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luke

Told ya!

  1. Derrida decía que todo es texto. Cosa harto cómoda y muy poco política, que nos permite escondernos y hacernos los proverbiales lesos, porque hey, si todo es parte de un sistema de referencias discretamente infinito, nada importa realmente. El relativismo es peligroso, porque le quita valor a la vida. Esto lo digo ahora, porque de joven pensaba que era lo mejor. Y no están los tiempos para la vida cómoda.
  2. Estuve hace poco en el Cajón del Maipo y tuve, por harto rato, la sensación de estar en un cuento de Lovecraft. Las cosas pasaron de ser pintorescas a ser siniestras y el encanto del lugar pasó de la maravilla natural a imaginarme qué historia tendría cada personajes, cuáles eran sus relaciones, y qué, oh qué, es lo escondían esos graneros. Hay más de una historia ahí. Detalles más adelante.
  3. Esperaba yo en un semáforo cuando vino un vendedor de frutas que usa el mismo corte de pelo y tiene la misma edad de mi papá. Este vendedor de frutas está a mitad de caminó entre mi papá y Marco Cornez, lo que me hace pensar que en algún lugar del mundo existe (∃) alguien que está a mitad de camino entre Nico Córdova y yo.
  4. Esperaba (2) yo en una farmacia y entró un igualito a Elon Musk. Cosa que no es tan rara porque, si se lo mira bien, el tipo de Elon Musk es algo exótico para Estados Unidos, pero para acá es más bien común. De si Elon es un genio o un tarado que se encontró en el lugar justo con la idea correcta es algo que podremos conversar ya en un par de años. Especialmente después de aquél tweet.
  5. Quiero aprender a leer hebreo y algún día dedicarme al estudio de la Torah. Bienvenida, crisis de los 40.
  6. Jugamos el clásico y después de dos semanas de jugar bien (yo) y perder (el equipo), jugué mal y ganamos. Todo lo que tengo es gratitud hacia mis compañeros que juegan en el resto de las posiciones.
  7. ¿Será que todos los programas de radio que suenan a la hora del taco se tratan sobre cómo eran las cosas antaño en la casa de la tía y qué postres te daban las abuelitas y qué era lo que hacíamos pero ya no podemos hacer porque todo tiempo pasado no vuelve?
  8. ¿Será (2) que todos los programas de radio de la mañana se tratan de cuántos días faltan para el fin de semana? 7 + 8 = El sujeto comprimido entre el pasado que no vuelve y el futuro que se lo come. ¿Dónde está el presente?, pregunta el metafísico.
  9. Tarea: comprar un balde de cabritas (léase: popcorn) e ir de copiloto en un auto, mirando la vida por la ventana. Notar la forma en que la gente se vuelve animales en un zoológico o personajes en una película. Encontrar la diferencia entre ambas ocurrencias. Inventar una justificación para esto.
  10. Ahora por las calles se promociona tal o cuál single de tal o cuál cantante, seguidas del símbolo de Spotify. Porque todo lo que buscamos es tener mayores métricas. Estamos todos recolectando números y tabulándolos de forma que cuadren y permitan que alguien nos dé algo. Antes comprábamos los discos, y como no todos teníamos los mismos discos; teníamos que intercambiarlos o ejecutar alguna maniobra pirata. Lo escuché en un programa de radio de la hora del taco.
  11. La vida misma, en cambio, no tiene estadísticas ni métricas: es una experiencia indiscreta, irreductible. La vida es un número periódico puro, y mientras con menos decimales te la describan, peor. Desconfía de esas gentes que miden las cosas en vez de describirlas.
  12. ¿Te han reventado el corazón alguna vez? A harta gente se lo han roto, pero me pregunto si has sentido alguna vez aquella agonía. Es el tipo de sentimientos que terminan con uno en ropa interior llamando desde un teléfono público a tus amigos para que te vengan a buscar. No me pasó a mí, pero es una historia real.

 

No tengo mucho más esta semana. Mucho Lovecraft en el Cajón del Maipo en mi cabeza y eso es materia para otros medios. They can’t all be winners, pero no por eso uno va a dejar de hacerlo. Afuera el Apocalipsis sigue ocurriendo, pero acá, en casa, con los amigos, con las cosas que están más cerca, esas que podemos apreciar de inmediato hasta el último de esos decimales infinitos sin que el infinito se sienta abrumante, esas cosas siguen estando igual de bien que siempre. Y son las que se ponen mejor. Y el Apocalipsis sigue estando sobrevalorado. Hoy cambiamos la hora y ya vienen los atardeceres buenos-buenos. Hang on in there.

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