Al cine con amigos

En la primera sesión del ciclo de cine que organizó la dirección de extensión de la USACH la sala estaba llena, casi exclusivamente, de mis amigos. Del colegio, del trabajo, de la vida, de todos lados, francamente. Ni bien empezó la película (Primer, 2004), partí a sentarme al último asiento y tuve mi momento de revelación y disfrute: esto sí que es ver una película con amigos, pensé. Como esos concursos que las radios organizaban a mediados de los 90s – Gánate una ida al cine para ti y todo tu curso. La idea de la sala propia, la idea de que, en un ambiente donde siempre hay extraños, nadie te sea extraño.

En la última sesión del ciclo, ninguno de mis amigos estaba en la sala. Había gente, sí, pese a que el horario era un poco complicado – casi topándonos con el funesto Brasil-Chile. Sin pensarlo mucho, me senté atrás, como no hacía desde que vimos Primer y tuve,  en medio de la peli (Los Cronocrímenes, 2007), otro momento de revelación conocía a toda la gente que estaba en la sala. Eran todos los habituales, los que fueron trayendo amigos, los que no se perdieron casi ninguna de las 8 películas que tuve la suerte de presentar. El cine, nuevamente, se había llenado de amigos.

 

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