Las primeras

Ayer empezamos la sisontú del Ciclo de Cine en la USACH y vimos Forbidden Planet, la peli del 56 con Robby the Robot, Anne Francis y Leslie Nielsen antes de que el pelo se le pusiera blanco. Gracias a todos los que vinieron, en especial a los que ya se están haciendo asiduos y parroquianos estables del ciclo. A los que fueron por primera vez también, pero si siguen viniendo van a recibir las gracias especiales. Estamos preparando un par de sorpresas, pero aun es temprano para prometer nada.

A modo de aclaración/referencia, cuando dije que la película era “machismo del bueno” estaba pensando en La Vida Moderna. Llevo un par de meses intentando, en cada reunión social, lograr que la gente canturrée “Fascismo del bueno” y haga el aplauso. Algún día lo conseguiré, ojalá acá, ojalá con un grupo de gente que jamás haya escuchado esto antes.

La peli, siendo bien sinceros, tiene más valor del tipo “esto no se había hecho antes” que otra cosa. Es un bonito valor histórico y es impresionante lo influyente que terminó siendo, pero uno la ve y, para disfrutarla mejor, tiene que hacer un ejercicio de nostalgia impuesta o un cierto juego de rol. Hay por ahí una entrevista a John Carpenter que sí que la vio en el cine y cuando habla de cada detalle de la película se le abren los ojos y uno se da cuenta que sin Forbidden Planet tampoco habría The Thing, no porque las películas tengan mucho en común sino por la fuerza no de la influencia sino de la inspiración.

Por cosas de la asociación libre y de los clicks concatenados en youtube, hoy me di cuenta que a mí me pasa eso con el Final Fantasy VII. Veinte años después de la primera vez que lo ví (y apenas… tres o cuatro desde que por fin pude terminarlo), todavía me acuerdo de la emoción, el estremecimiento de sentir que estaba frente a algo nuevo, que una puerta de posibilidades se abría… en parte porque ahí entendí que los videojuegos tenían un potencial narrativo tremendo y en parte porque ahí, sin saberlo aún, empecé a entender que los videojuegos no iban a correr la suerte de los demás juguetes y se iban a quedar acompañando a mi generación por siempre.  Polygon tiene una serie de micro vistazos a la factura del juego en esta playlist. Fui por Yoshitaka Amano y sus diseños; y me quedé para escuchar a Nobuo Uematsu y su trabajo de estructura musical, pero fue Kazuyuki Hashimoto con la explicación de como lograron trabajar el motor de 3D y la implicación de las decisiones que hubo que tomar a nivel directorial (en el sentido de un director de cine o fotografía) lo que me voló la cabeza.

A no menospreciar el poder de las primeras veces. Como en este clásico que, en esta versión, viene a cerrar una serie que hoy recuerdo con mucho cariño y cuyo nombre no revelaré, para que cuando llegues a ese momento lo reconozcas y todo se te aparezca con una cuota extra de sentido.

 

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