Dos mil dieciséis.

“Fue un año la raja. Fue un año como el hoyo” – De Carlitos Dickens, casi. 

Última semana del año y ya está bien entrado el asalto de los recuentos y listas de Lo Mejor De. De hecho, con los invisibles vamos a grabar este jueves el year-in-review respectivo (el especial de Navidad está acá). Eso en lo que respecta a lo cultural, de momento.

En lo personal, fue el año de la montaña rusa. O el año en que la montaña rusa se dio un loop en 360 grados y después siguió como si nada. Fue un año de revelaciones, un año en que llegaron un par de personas a quedarse en mi vida, y uno en que se fueron unas cuantas. En la balanza, la calidad de las que llegaron versus las que se fueron deja los números en azul. Fue el año en que parecía que cada día mi papá se podía morir y mientras tanto se fueron muriendo tantos otros. Estamos todos más viejos, pero no tan viejos como para lo que fue este año. Me fui a googlear “Carrie Fisher” en este rato. Y hay días en que, si no actualizan sus blogs, chequeo “Warren Ellis” y “Dan Harmon” y cuando la conexión va lenta cruzo los dedos. Es un nuevo tipo de neurosis, basado en la atávica necesidad de sentirse menos solo en el mundo.

En lo profesional fue un año feliz. Hartas visitas a varios colegios, cada una con un aprendizaje muy especial. Escribí dos borradores y ni bien termine con este post voy a seguir trabajando el tercero. No creo que escriba cada vez mejor, al contrario incluso, pero hay una cierta búsqueda del proceso creativo en la que he avanzado y eso me hace feliz. Me da la esperanza de que, algún día, quizás antes de los cincuenta años, escriba algo bueno. Con cero cinismo creo que es difícil escribir algo realmente bueno sin tener al menos veinte años de práctica. Por eso, queridos míos, pónganse a crear desde ya. Es la única forma. A nadie le importa que el primer millón de páginas que escribas sean terribles. A todos les ha pasado, a todos nos ha pasado. Es lo que pasa en la página un millón uno lo que importa. Llega ahí. Escribe. Pinta. Compone. Toca. Déjanos algo que antes no existía en el mundo.

[En ese sentido, decirle a mi amigo de la vida en Marzo “quiero tener un podcast” y terminar Diciembre con cinco episodios y dos especiales arriba – y esperando que iTunes nos dé esa aprobación, come on!! – no deja de sacarme una de esas sonrisas que se me ven poco, porque me salen cuando camino por la calle y mi mente va por otras calles y de pronto nos encontramos].

Uf, fue el año en que empecé a nadar todos los días, el año en que terminamos con la que había jurado (y mantengo) iba a ser mi última polola, el año de dos rechazos editoriales y un “ya, pero un poquito”, el año en que fuimos colistas y me eligieron mejor arquero, el año en que salimos segundos en la copa, el año en que ser hincha de la U se sintió un poquito como el 89, el año de los invisibles, de los  viajes locales, los silencios postales, el mes en la playa, el año del mouno de fueeego, el año en que volví a escribir La Crónica (y me di el gusto de hacer un horóscopo cada semana). ¿Qué hay en un año, mi querido Will? Nada, un año bajo cualquier otro nombre no es más que una colección de momentos encadenados al azar. El círculo de las historias se traza con diámetros que rara vez tienen 365 días y así es como un año contiene cientos de pequeños ciclos tanto más interesantes que la famosa órbita al sol. Los años tienen pantalones, como el libro de Eddie Campbell, primero son cortos y cada corte, cada caída nos hiere; después crecen y se rompen más rápido y después se endurecen y finalmente llega la hora de doblarles la basta y usarlos más laxos, relajarnos y dejar que el momento pase, porque hacernos más viejos significa, al menos en esta casa, confiar más en el curso de las cosas y abandonarse a las fuerzas que nos mueven y que siempre nos han movido.

Última nota cultural: pico con las listas de fin de año. Lo importante es lo que tú escuchaste/leíste/viste este año. Todo el mundo salió corriendo a gritar “Estreinyer thiiiiiings, quéwenastá Estrinyer Things” pero, querido y querida, si este fue el año que viste Twin Peaks, el año en que empezaste a ver La Dimensión Desconocida, Luz de Luna, The Prisoner o M.A.S.H.; si descubriste Arrested Development o el show de Larry Sanders; si en vez de de ver Avengers 34 fuiste al cine a luca a ver La Ventana Indiscreta o si este fue el primer año en que viste Mi Pobre Angelito entera; adelante, que cuando seamos una religión tú vas a heredar la tierra. Y yo te quiero y te deseo un muy feliz 2017.

 

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