Goodbye Gilmore Girls

Hace como doce o trece años mi polola de entonces me presentó a las chicas Gilmore. Ella (mi polola) se llevaba bien-bien mal con su mamá y empatizaba con hartas de las premisas de la serie. A mi me gustaban las referencias pop, la forma de hablar de los personajes, y al cabo de unos meses, todo. Es un punto de discusión frecuente con algunos amigos guionistas que me dicen “¡Nadie habla así! ¡Nadie tiene ese ritmo tan rápido! ¡Nadie hace tantas referencias y se completa las frases!”. Siempre me lo dicen así, con signos de exclamación.

Mi papá y yo hablábamos así. Jo y yo hablábamos así. Con otra gente también lo hemos logrado, por momentos. La clave no está en la forma de hablar, está en no reírse al final de la frase y contestar con otra referencia o con un ligero sarcasmo sobre la anterior.

A mediados de año la Cata empezó con el proyecto de ver la serie completa, esperando los especiales que estaban por venir. Yo la acompañé al comienzo, feliz de por fin ver en serie algunos arcos de personajes que me había perdido, como por ejemplo, el desarrollo de la relación entre Rory y Jess. Con la Cata terminamos y empezamos a separarnos más o menos justo cuando le tocaba ver cómo se desarrolla la relación entre Rory y Jess. Hay cosas que en esta vida uno no está destinado a ver nomás.

Otra de esas cosas que uno parecía no estar destinado a ver era un final digno a la serie, después del desastre de la séptima temporada. Pero… A year in the life.

Cuatro especiales de noventa minutos que se ven mejor como una historia de seis horas y un retorno a lo mejor de lo antiguo con un toque de desarrollo de personajes ejemplar y ahora todo es mejor en el mundo. Amy Sherman-Palladino, que no estuvo a bordo para el desastre final y tuvo que ver por la tele como su propia serie se sumía en una mediocridad autoparódica. Diez años después tuvo por fin la oportunidad de no solo reivindicar su creación y hacerle justicia a la historia y los personajes, sino también hacerlo tanto mejor de lo que hubiera podido hacerlo todos estos años atrás.

Todo funciona bien en A year in the life, aunque lo que mejor funciona es el paso del tiempo. En diez años las tres generaciones de personajes han evolucionado, silenciosa y verosímilmente fuera de pantalla, dentro de la cabeza de su escritora y así es como el pueblo está más de acuerdo con Taylor, los dilemas de las madres ahora son los dramas de las hijas. Hay algunas cosas que saturan y por momentos se nota el esfuerzo que fue conseguir tener una sola escena con actores que hace 10 años tenían harto más tiempo libre que ahora, pero incluso la secuencia más latera de la serie (el musical del episodio 3 que resulta eterno) termina sirviendo de plataforma a una escena que desata un par de nudos emocionales más adelante.

La nueva serie está plagada de momentos meta – desde la primera escena a la última, con comentarios en los que la voz de los personajes hace eco de la de los actores y con aquél momento en que Lorelai dice “as it should have been”, y uno no deja de escuchar la voz de la autora diciendo directamente: este es mi final, esto es lo que yo quería hacer hace 10 años – temporada 7 y temporada 8; pero hoy lo hago mejor.

Hoy tuve una conversación larga con la Cata, ahora que somos amigos nomás y nos contamos de las cosas que hacen que la vida se sienta temblar constantemente. En medio del small talk previo a Las Cosas Importantes, me contó que está en el quinto capítulo de la séptima temporada en su carrera con la serie; y tuve la tentación de decirle “sáltate esa temporada y anda directo a la nueva”, pero no se lo dije. Es necesaria esa pequeña decepción, es bueno ver las cosas que le pasan a los personajes, para apreciar mejor el salto cualitativo que es A Year in the Life.

Como vivimos en los tiempos de Netflix, no se puede decir mucho sin lanzar el asalto de los spoilers, pero puedo decir lo siguiente – la serie funciona como una despedida perfecta. Que el final, que la última escena, funcione como un posible pie forzado para continuar la historia, es cierto – pero la verdad es que es un final perfecto, un cierre que vuelve a empezar y que nos deja con la sensación de que el universo creado seguirá girando, solo que no lo veremos. Al menos yo no lo veré. Hoy me despedí de las Gilmore Girls y fue de la mejor manera posible.

Pocas cosas lo resumen todo mejor que la canción que cierra el primero de los especiales. En nuestra tradición hetero-pero-ni-ahí-con-demostrarlo: Dolly Parton con Here You Come Again:

 

 

 

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