En medio del semi-retiro escritural, uno también tiene que comer, así es que partí a comprar insumos al boliche abierto más cercano. O, más bien, me fui a tomar un té en uno de esos locales frente al mar y a la vuelta pasé a comprar insumos al boliche más cercano. Compré una cebolla y unos champiñones, para el sofrito que acompaña a mis garbancitos y que les da ese gustito exquisito que le gusta a viejos y jovencitos. Al ver la combinación de ingredientes, la señora que atendía empezó a contarme de todas las maravillas culinarias que prepara su hija, la Conita, y de cómo a veces se despierta (la Conita, no ella) a las once y media de la noche a saltar camarones y ponerles albhaca y comerlos con fideos y otras cosas. Mientras hablábamos sobre el arte de cocinar y la inventiva, la radio del local tocaba esta canción:

Y me volví a casa sintiendo agradeciendo la participación estelar de Amy Sherman-Palladino como la guionista invitada de este capítulo de mi vida.

 

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