La última parada del Cronotour fue en Canela Alta, localidad que está a mitad de camino entre La Serena y Santiago, y cuya escuela sufrió severamente con el terremoto del año pasado. Tanto así que la biblioteca quedo inutilizable y todas las actividades las hicimos en una carpa con logo de la Unicef, que es el espacio virtual de la biblioteca hasta que se reconstruya el colegio.

La experiencia fue una delicia, de esas que en inglés se dicen humbling y para las que nuestro español, gallardo y belicoso, no tienen una palabra precisa. La recepción de la escuela, la atención de los niños, y el ambiente en general del colegio han sido una de las mejores cosas que me han pasado gracias a mis queridos crononautas.

Fue curioso, además, cerrar estas actividades en un carpa. En varios momentos de mi viaje pensé que las cosas que tenía que decir – y la experiencia misma del viaje – tenían mucho de prédica; de reconocerme como un humilde profeta/esclavo/servidor de la escritura y del viejo arte de inventar cosas. Y el cierre fue en una carpa, con piso de tierra, con una mesa como altar y dos estandartes cerca. Un final que es un buen comienzo.

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