Please Kill Me, Just Do It

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Please Kill Me es esa historia oral del punk que salió el 96 y que reeditaron este año a propósito de sus 20 años. Legs McNeil y Gillian McCain recorren el origen profundo del movimiento punk, que va de los MC5 a los Stooges, pasa por la Patti Smith, va a Inglaterra donde muta y se transmuta en los Sex Pistols y los Clash, y después vuelve a Estados Unidos, irreconocible.

Lo que me gusta del punk, lo que siempre me ha gustado del punk en general, es la ética, la actitud, el principio fundacional de “quiero hacer esto, pero no sé cómo hacerlo y probablemente lo haga mal, así es que lo voy a hacer igual”, que es lo contrario de la sobre-intelectualización, de la academia, del miedo y la timidez. Lo contrario de mi, por unos buenos veintitres, veinticuatro años de mi vida.

El libro hace muy bien su pega en lo que a contar la historia del punk respecta, pero la hace mucho mejor en términos de construir una narrativa. La edición de los 20 años incluye un pequeño ensayo de los autores sobre la naturaleza del formato de historia oral (que no sé si tiene un equivalente en español, no sé si existe una oral history de nada en español, pero esto es mi ignorancia nomás) y esas puras diez páginas pagan el precio del libro – y deberían enseñarlas en todas las facultades donde se enseña a escribir. McNeil y McCain no solo cuentan la historia sino que la urden a puntadas biográficas de forma tal que uno puede ver los puntos pero a la vez apreciar la textura en su amplitud. Todo conduce a algo en “Please Kill Me”, cada detalle enriquece la historia, siendo que además cada anécdota se para por sí sola, lo que es un gran mérito y la mejor señal de una estructura perfecta.

Hay dos momentos en el libro en los que la narración deja la mecánica de las entrevistas: la primera es para tocar el caso Sid Vicious/Nancy Spungen, en los que se cuelga brevemente de los reportes en la prensa escrita, para evitar indagar en las teorías del por qué y quién fue y qué pasó realmente; y el otro es en el capítulo final. Son dos páginas y media en las que Jerry Nolan, baterista de los New York Dolls, cuenta un episodio de su infancia. Y la juxtaposición entre ese momento y lo que hemos leído ya por cuatrocientas y tantas páginas es una combinación de esas que devastan y edifican al espíritu tras la devastación.

No hay lecciones ni moralejas ni pontificados en el libro. Cada quien que saque sus propias conclusiones (no hacerle a la heroína, los quaaludes, y la metadona debiera ser más o menos evidente, pero ni aun así). Las personas entran y salen como personajes en Please Kill Me, todas concentradas en el presente, todas pendientes del momento. Todas queriendo hacer algo, y haciéndolo. De eso se trata.

*Empecé a escribir esto en el momento justo en que se escuchó el primer trueno de nuestra tormenta de primavera. Así es que:

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