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Había una vez un niño que lloraba porque le robaron su bicicleta. Con la cara cubierta de lágrimas, buscó al policía más cercano y le contó cómo un grupo de niños más grandes que él le habían pegado para quitársela. El policía le preguntó si acaso no estaba interesado en aprender a boxear, para que nadie le volviera a robar su bicicleta.

Había una vez un joven prodigio, que fue el campeón más joven de la historia de los pesos completos. Se enfrentó a un monstruo, que intentó cegarlo y aun medio ciego lo derrotó. Jubiloso, se subió a las cuerdas y se transfiguró en una leyenda al encarar a la prensa, gritándoles “¡Cómanse sus palabras! ¡Soy el más grande! ¡Estremecí al mundo! ¡Soy lo más lindo que ha existido!”.

Había una vez un ciudadano ejemplar que, cuando su país le pidió que agarrara un fúsil y fuera a matar a desconocidos en otro país se negó. Le quitaron sus títulos, lo condenaron dos veces y le impidieron practicar su profesión por más de tres años. Habrían sido los mejores años de su carrera.

Había una vez un luchador que para reconquistar lo que le habían quitado tuvo que batirse con un coloso imbatible, la encarnación del objeto inamovible y la fuerza irresistible. Aguantó los embistes del gigante y cuando logró que este se cansara salió con el trueno y el relámpago en sus puños. Su apoteosis fue tal, que ni bien terminó la pelea, los cielos se abrieron y cayó el monzón sobre el Congo.

Había una vez un guerrero que se enfrentó por tercera vez a un rival que ya lo había vencido. Como un destello de significado en un mundo banal, pelearon con la intensidad de tiempos pasados, como si afuera los esperasen dos ejércitos para dirimir un conflicto milenario. Victorioso, golpeado y gastado del combate singular, el guerrero se refirió a su rival como “el mejor peleador de todos los tiempo, junto a mi”.

Atleta, activista, poeta, personalidad, profeta. Chispazo divino, cuando la gente pregunta por qué le pedimos a los deportistas que además opinen con inteligencia y nos entretengan, es porque alguna vez en este mundo había un Mohammed Alí.

Buenas noches, campeón; buenas noches, prettiest thing that ever lived.

 

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