The Killers

El correo trajo los cuentos completos de Hemingway, así es que dejé todo lo que estaba haciendo y me fui a un sucucho a leer The Killers.

Pedí un churrasco italiano con empanadas y una bebida, y me senté en el mostrador, la mano derecha babosa de mayonesa, palta y ketchup; la izquierda inmaculada con las grandes obras de Papa.

No sé qué mierda les harán leer a los jóvenes en los ramos de lengua inglesa en las universidades hoy pero en mi época eran todo artículillos de revista y de página web. “Lo importante es la lengua, no el contenido”, decían. Todas menos Mary Jane.

Mary Jane nos hacía leer a Hemingway y a Steinbeck y a Tennesee Williams. Mis otras profesoras le ponían caras y le decían que era muy complicado, que por qué leer literatura en esas clases. Mis otras profesoras eran de esa gente que tiene problemas con lo literario. Y quien tiene problemas con lo literario necesariamente tiene problemas con lo literal, también.

Al y Max entran a un sucucho porque van a matar un hombre. Nick Adams está en el sucucho, lo amordazan, lo liberan, se van. El dueño del local le dice Nick que le vaya a avisar al sueco Andreson que hay dos hombres en el pueblo que quieren matarlo. Nick va y el sueco le dice que gracias, pero que no va a arrancar. Que le ha llegado su hora, y que su problema ahora es decidirse a salir de su pieza a enfrentar su destino.

Nick Adams, y buena parte de la crítica, quedan impresionados de lo entregado a la vida (y a la muerte) que está Andreson. A mí siempre me interesó más la primera parte de la historia. Siempre he pensado que un día voy a estar comiendo en un sucucho y dos hombres vestidos en idénticos abrigos un poco chicos para su porte van a entrar y…

La primera vez que leí The Killers, hace ya más de diez años, me vino el Baader-Meinhof en mala. Dos hombres se subían a una micro, dos hombres entraban a una tienda, dos hombres conversaban en una esquina. Todos eran los killers.

Terminé la historia, pagué y me fui. Llegué a la casa y le mandé un mail de agradecimiento a Mary Jane. A veces uno es el sueco, a veces uno es Nick Adams, y a veces…

 

 

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