Four (more) years.

Hace cuatro años, cuando el mundo – de entonces – se me caía un poco a pedazos, me fui a tomar unos tragos con mi amigo Juan Manuel y cuando volví a casa la conversación y el alcohol me habían dado la pendiente justa de felicidad para hacer algo de lo que venía hablando hace un rato. Compré el dominio punto com, moví las camas, valijas y petacas desde blogger (hogar por cinco años), o más bien las dejé tiradas allá y empecé con este espacio. Que no es tan humilde, porque nada humilde termina en punto com.  Prueba soyhumilde.com (nada) o humildad.com (te redirecciona a una página de artículos para espías).

En estos cuatros años el mundo se me vino abajo y lo tuve que reconstruir. Publiqué dos libros, edité otros tantos. Colaboré en un documental que nunca nadie verá, pero que fue un lujo de experiencia. Empecé a grabar un podcast (detalles más adelante). Escribí al menos tres novelas. La que vio la luz del día y las otras, que siguen ahí, navegando por un eterno canal de parto. Cada una es mejor que la anterior y esa es la único satisfacción que vale la pena.

De a poco trato de hablar menos de cosas personales. Mi papá está muy enfermo y eso me ha llevado a reconectar con él y a enfrentar más cosas de las que puedo procesar. Esos posts con el enganche “Después va a ser…” podrían, pensaba, llevar a un “Después va a ser tu padre”. Pero no tengo nada inteligente, coherente o iluminador que decir al respecto y tampoco he procesado muy verbalmente la experiencia. Ir al hospital se siente como ser un lobo o un zorro pequeño que aúlla frágil y agudo junto al cuerpo herido de un zorro mayor. Y la parte de mi que escribe, que está tomando notas siempre, a veces quiere ir cuando no está mi papá, generando una pequeña adicción al ambiente de hospital, a la tensión en el aire, a la desesperación y la liberación con la que caminan los que visitan, los que se sienten quizás más vivos de no estar un poco menos muertos. Pero fuera de eso, solo me rondan sensaciones de zorro pequeño.

Por poco este año no renuevo el dominio porque (detalles más adelante). Pero aquí estamos de nuevo. Escribo para soltar un poquito la mano antes de atacar lo que sería la quinta versión de un manuscrito que tiene casi un año y medio. Empecé escuchando Hallo Spaceboy de Bowie, porque la novela ocurre en el espacio, y de ahí me acordé que aparecen por ahí los Pet Shop Boys. Revisé su catálogo preguntándome cómo es que a alguien le puede llegar un grupo como los Pet Shop Boys. Le gustan mucho a un viejo amigo que va camino a ser el cappo di tutti cappi de la Academia letrada…y a mi papá, que es un poco lo contrario de eso. Con esos antecedentes, puse “What I’ve done to deserve this”. No sabía que la voz invitada era la Dusty Springfield – la que nos cantó eso de que el único hombre que le podía enseñar algo era el hijo de un predicador (lo que es bien sensato considerando su vida) pero que recuerdo más por Wherever Would I be (el cover de Cheap Trick que estoy seguro que sale en una película que no es Mientras Dormías).

El momento en el que uno está dispuesto a escribir un párrafo entero sobre la genuina cara de aturdido que tiene Peter Gallagher es un buen momento para dejar de escribir.

Hey, cuatro años. El jueves quedé de verlo a Juan Manuel. Quizás programe mi propia red social después de eso.

Just saying.

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