Genio

La cultura de la hipérbole de plástico – y pienso en Solabarrieta intentando ser Víctor Hugo Morales… [Porque esos falsos llantos de Solabarrieta son estructuralmente idénticos  al momento de inspiración genuina de Morales cuando Maradona le hace ese gol a los ingleses – curiosamente, la única frase que no ha sido plagiada hasta el cansancio es la más linda: “viva el fútbol”] nos ha dejado un poco cortos de adjetivos para referirnos al verdadero genio. A ese que hace fácil lo difícil, que toma un objeto cotidiano y lo vuelve un caleidoscopio de sensaciones; a ese que no sabemos cómo, pero lo hace. Genio, ídolo, monstruo, grosso. Vivimos a veces tan rodeados de cheerleaders que los verdaderos genios se nos pasan, tímidos, caminando al lado como no queriendo ser parte de esta fiesta donde todos los globos son canje publicitario.

Esto por Charlie Kaufmann en general y por Anomalisa en particular.

Hay una sola cosa que puedo decir sobre Anomalisa y sobre Kaufmann en Anomalisa. Hay una escena en la que uno de los personajes canta, a capella, “Girls Just Wanna Have Fun”, el hit que inauguró la carrera de Cindy López y que lleva treinta y tres años animando cualquier fiesta donde suene. Cualquiera. Hace siglos estábamos con una polola en casa de uno de sus amigos y éramos un grupo de gente que, básicamente, nos odiábamos los unos a los otros. Había micro alianzas entremedio pero la velada era como la sala de espera a una colonoscopía. El único momento bueno de esa noche fue cuando sonó Girls Just Wanna Have Fun. Viva el fútbol, viva el pop.

La cosa  es que en Anomalisa hay un personaje cantando “Girls Just Wanna Have Fun” a capella y la canción toma un nivel de profundidad y emoción que en verdad no tiene ni nunca tuvo. El genio, el inesperado movimiento de pies, la zurda inmortal, lo pone Kaufmann al cortarle dos estrofas a la canción. Así, como si nada, snip snip y el himno pop se vuelve una reflexión sobre sentirse excluido y tener baja autoestima.

Tomar un objeto de todos los días, modificarlo mínimamente y convertirlo en una muestra de un propósito superior. Si eso no es el arte, el arte donde está.

¿Y sobre la película en sí? Nada, existe en ese plano de las mejores historias, quince segundos en el futuro, siempre. Y la gente de Pixar podría tener la decencia de darle a la buena gente detrás de la producción de Anomalisa todos esos premios que inevitablemente les van a dar a Inside Out.

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