Son las siete de la mañana y te despiertas doce años atrás. La conciencia de los errores que aun no has cometido se desvanece como un sueño a medio recordar. El alma se te cae a pedazos y la luz de la mañana se te antoja, mortecina, como una invitación a caminar y perderte en un horizonte donde siempre brille la luz de la mañana.

En unos minutos no va a quedar nada del sueño, de los doce años, de las advertencias. En unos minutos más vas a comenzar a repetir los errores y todo se va a acomodar para que un día despiertes a las siete de la mañana y hayan pasado, unas vez más, doce años hacia atrás.

Si tan solo pudieras dejarte un recordatorio en algún lugar. Una palabra subrayada en un libro viejo, o una canción capaz de perforar sutilmente todo este tiempo…

 

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