El Horizonte Infinito.

IMG_8758Llegando a Villa Mar el sol se ponía sin la obstrucción de las montañas y sin las promesas del mar. Infinito, el horizonte se extendía dándole a las cosas una suerte de irrelevancia.

Por tres semanas nos movimos, casi sin parar, desde el desierto a la selva y de vuelta. Por tres semanas todos los días fueron una decisión o una experiencia con consecuencias. Cada día pensamos qué hacer y adónde seguir, si quedarnos o irnos a rockear el Casbah. El viaje haciendo el efecto opuesto del horizonte infinito.

Pero las dos cosas confluían en el momento presente. Lo único que nos quedó, siempre, fue el instante. El dolor de ojos de un día, el río remontando en otro; con cada evento siendo más grande que la totalidad de la secuencia. Como si la maravilla del instante se apoderara del todo para después desvanecerse en el recuerdo, apilada junto a todas las demás cosas.

Me queda – en medio de todos los presentes que vivimos, conectados al azar por la memoria, por la asociación del lenguaje, por las historias que hemos aún de contar y contarnos – el recuerdo del horizonte infinito, como corolario y suma de un viaje que no vamos a olvidar porque no podemos parar de recordar.

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