The Duke of Burgundy (2014)

Hay, dicen, rondando por ahí una película de mierda basada en un libro de mierda que disfraza de prácticas sadomasoquistas un machismo empedernido y terrible. En esa película un hombre le pide a su asistente que se entregue del todo al poder de su masculinidad, que la deje ser dominada; y la asistente, quien al parece es un tanto pánfila, no consiente tanto como “se deja”. Cuando salió el libro hubo un par de reacciones educadas, de esa gente a la que le pagan por comentar libros, o de esos omnívoros que leen todo de todo (como Stephen King, por ejemplo). Cuando salió la película hubo un silencio abrumador. Como si las voces de todos los conservadores que gozaron en secreto con su fantasía de poder no hubieran visto más que su vergüenza montada a todo color en una pantalla gigante.

Aún así, uno no puede ser tan taxativo y no debemos dejar de apreciar, al menos, que el libro y su peli pusieran el S&M un poquito más en los titulares del inconsciente colectivo. Quizás, cruzo los dedos, la existencia de tal cosa como ese libro y su peli, va a servir muchos años después como puerta de entrada para que adolescentes y adultos de todo el mundo se atrevan a ir explorando su sexualidad, dejen de creer en ese discurso dominante que reza que el sexo debe ser de una forma, dejen de creer que hay tal cosa como un deber ser cuando se trata de la cama, y logren crecer más libres de prejuicios, luego más sanos. Dejaran, junto con sus prejuicios, el libro y su peli de lado, con el cariño con el que uno deja de lado un mal cómic de superhéroes o una mala novela de sci-fi al momento de pasar a leer más y mejores autores.

Entonces les llegará el momento de ver The Duke of Burgundy.

The Duke of Burgundy es una película hermosa. Empecemos por ahí. Peter Strickland dirige con tacto y exquisito gusto a un elenco completamente femenino recreando la historia de una relación que se basa en un ritual simple: Cynthia y Evelyn pasan sus días actuando una rutina aprendida con intensas repeticiones, apegándose férreamente al guión que una de ellas ha compuesto. En la rutina, Evelyn va y atiende la casa de Cynthia, e inevitablemente termina cometiendo errores que le llevan a ser “castigada” por su “patrona”.

Cuando conocemos a Cynthia y Evelyn, todo parece ir bien, su relación ha alcanzado ese punto de estabilidad en el que una pareja logra construir una rutina feliz y goza de esta día tras día. Cynthia estudia y clasifica mariposas, Evelyn limpia la casa, ambas van a conferencias sobre lepidópteros.

Sin embargo, la rutina de Evelyn y Cynthia está incompleta y la parte que falta genera un pequeño colapso en sus vidas. La película se vuelve así una exploración sutil sobre la forma en que nos volcamos sobre ciertos elementos olvidando su significado último. Cuando Evelyn no puede tener justo a tiempo el regalo prometido para su cumpleaños, intenta reemplazarlo con otros materiales disponibles en la casa y esto termina desajustando la relación con Cynthia.

Instrucciones para el amar

Instrucciones para el amar

No es tan importante lo que pasa en Duke of Burgundy como la forma en que pasa. Strickland pinta un panorama precioso, bien compuesto, balanceando sensualidad, celos, morbo y sentimientos de una manera impecable. Nunca se nos olvida que estamos viendo una película de dos mujeres que gustan de amarrarse y causarse daño para conseguir placer, pero no hay un minuto de la película en que sus personajes sean objetos planos. Lo sensual y lo sentimental no se sueltan la mano en la hora y cuarenta y cinco que dura esta película.

Hay bastante de esto

Hay bastante de esto

The Duke of Burgundy es una de esas películas a las que no hay que pedirles nada más y por las que tenemos que dar las gracias simplemente. Es la película perfecta para ver con alguien con quien uno comparte exactamente la misma visión del sexo. O quizás simplemente con alguien con quien uno comparte el sexo. Mejor si son ambas, claro está. La peli está hilada con una sutileza y elegancia tales que, en su ejercicio estético, uno nunca se siente perdido. Hay momentos en los que la película invita a desconectar el intelecto y tan solo apreciar la belleza de sus imágenes. Es una invitación ineludible, extendida de forma tal que uno no puede hacer más que rendirse y entregarse a los designios del director. Como en la historia, la dominancia se ejerce con consentimiento. Y es una delicia.

Y también de esto.

Y también de esto.

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