Fuck you, Neil Gaiman.

Yo tenía 20 años, que es bastante pero se siente como poco, o quizás es porque ha pasado tanto tiempo, cuando Neil Gaiman, héroe de mi infancia, empezó su blog. Era 2001 y yo ni sabía bien que era un blog y todavía lo pensaba como “biography log” o alguna cosa así. Años después empecé el viejo blog, con motivo de mi primer año fuera de casa, con motivo de que no existían las redes sociales como las conocemos hoy, con motivo de que no quería mandarles mails colectivos a todos mis amigos (no porque fuera tan huraño, sino porque encontraba mi propia prosa insoportable. Reviso el blog antiguo y…sí, lo era).

La cosa es que me robé hartas cosas del estilo de ese blog del viejo Neil. Primero la necesidad de postear recurrentemente, de hacer de la propia vida el centro del universo, de buscar siempre alguna anécdota positiva. Gaiman no es de los que escriben para quejarse de la vieja que los hizo esperar media hora en una fila, e incluso en aquellos años parecía que si contaba, muy amablemente, una historia de maletas extraviadas, el mundo mágicamente le devolvía la maleta con un viaje extra de regalo. Asumámoslo: Neil Gaiman es el niño símbolo del buen karma en el mundo.

Será porque siempre ha sido tan cuidadoso de su vida más íntima: en ese blog jamás mencionaba a su entonces señora esposa y madre de sus tres hijos. Al parecer, habían llegado a un acuerdo de pareja y ella nunca salía mencionada. Me parecía un buen acuerdo de pareja. Yo lo suscribí con todas mis pololas, salvo que sin avisarles [Etología del Hijo Único] y volví de esa costumbre un vicio. Al menos una novia una vez estalló en crisis y me pidió explicaciones, asumiendo que yo no la mencionaba porque no era importante para mí. Y bueno, pensándola bien…

Me quedó el vicio. Y con ello una capa de desconexión y distancia con mi escritura – que es, siempre, el peor defecto de los malos escritores, y también de unos, muy pocos, de los buenos. Y ni nos dimos cuenta que Neil Gaiman se había divorciado de su primera esposa. Y que hablaba mucho de una tal Amanda Palmer. Y así.

Catorce años después, le tengo mucho cariño a Gaiman. No creo que sus libros sean tan buenos, y en relectura sus cómics no me conmueven tanto. Pero tuve 17 y 18 y Sandman está entre las cosas que me salvaron la vida. Y le tengo una gratitud eterna, a pesar de que me haya pegado el vicio ese…que en realidad es todo culpa mía.

Esto porque hoy hablaba con la Cata de porque ella no sale mencionada en este blog, que lee desde hace un tiempo. Y pensé que la mejor manera de contarle (de contarte, Marconi) era explicar la historia por acá. Me dieron ganas de hacer el acto de desprecio y de decir Fuck you, Neil. Pero el bueno de Neil, el poster boy del karma positivo, no tiene la culpa de nada. Y sí, terminó casándose y ahora espera hijo con Amanda Palmer, que tiene 17 años menos que él.

Así es que en verdad todo bien con Neil. Y también contigo, Catalina, en esta que es tu primera aparición en este humilde espacio.

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