Las cosas del corazón.

Mi buen amigo Samuel enfermó hace un par de semanas. Una fiebre persistente que venía, se escondía, y volvía a salir cada noche a las 7 pm.

A principios de la semana fue a dar a la clínica, a mitad de la semana, el diagnóstico era nefritis. El viernes por la noche, cuando yo llegaba de dos días bien deliciosos, con un par de presentaciones de autor incluidas, nos llegó el aviso a los más cercanos que había una bacteria alojada en una de sus válvulas del corazón. Pasó de una pieza cualquiera a cuidados medios. Después llegó la noticia de que habría operación al día siguiente.

La noche siguiente, le hacíamos compañía a su polola, en la espera que saliera de pabellón. Cardiólogo, cirujano y asistente nos informaron a eso de la una y algo de la mañana que todo había salido bastante bien y que ahora venía la parte de la recuperación. El cardiólogo se parecía a un actor de teleseries de TVN de los 90s, de esos secundarios que son siempre : Pescador 2 en Sucupira o Gitano Desconocido en Romané. El Asistente era un cirujano en práctica, con barba hipster y actitud ídem. El Cirujano se parecía a un personaje de la farándula cuyo nombre no recuerdo. La despedida fue un enredo de apretones de manos y besos. Yo sólo le di la mano al cirujano. Antes, cuando nos daba la explicación de todo el proceso y lo que venía, no podía dejar de pensar que con esas mismas manos había tomado el corazón de mi amigo, se lo había sacado y dejado aparte para la reparación, y después vuelto a insertar.

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