Pasadas las 6 am y todavía vengo de vuelta de un partido que empatamos y que debimos haber ganado y es todo mi culpa. Lo bueno de ser arquero es que siempre es todo tu culpa. O casi siempre. Puesto ideal para católicos intensos o para hijos únicos. Yo he sido ambos, pero ahora me queda la mitad de la premisa. Still. “No le carguen la mano al arquero”, dicen los rivales en postpartido “Tuvo un par de atajadas claves”. Sí, sí. Sin esas atajadas perdíamos. Pero sin los errores ganábamos.

Basta con un error o dos y todo lo bueno que hiciste pasa al olvido. Es el puesto perfecto para los autoflagelantes, los perfeccionistas, los insatisfechos e insaciables. Es el puesto perfecto.

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