Decían los Eagles que when we’re hungry love will keep us alive, pero cuando estamos tratando de reescribir o de avanzar en cualquier aspecto tedioso, it is pop that will keep us alive, qué duda cabe.

La culpa es de mi padre, la culpa es de Robotech, la culpa es de Iron Eagle (??) – la otra peli de aviones del 86, y yo que nunca ví Top Gun – la culpa es toda mía. No importa. El pop hace que todo avance mejor. El soundtrack de escritura de Crononautas 2 se iba mucho hacia la electrónica, y si bien el proceso de invención y escritura no habrían sido el mismo sin los beats y remezclas de Gessafelstein, fue hacia el final ya de la primera tanda de escritura que apareció True Love, de Pink, y se volvió el himno oficial, la canción de créditos finales, la pista vocal que se agrega para poder promocionar el soundtrack en las radios.

Para la reescritura, por un asunto de tonalidad y de limar asperezas, solo sabía que quería un par de canciones de los Beach Boys – un día pensé “necesito música alegre en mi vida” y me desilusioné un poco de no ser capaz de pensar en nada más allá de los Beach Boys. Y en esa tarde, de escuchar todos los hits playeros y tal, me acordé de lo buenos que son cuando bajan las revoluciones “Don’t Worry Baby”, “Disney Girls (1957)”, “Caroline No”, y “‘Til I Die”, por ejemplo. Es bueno que los Beach Boys no hayan cantado más canciones tristes porque la tasa de suicidios en California en los 70s se habría ido a los cielos. “Disney Girls (1957)” es la canción perfecta para escuchar mientras el dióxido de carbono va llenando nuestros pulmones.

Llené la playlist de reescritura con un par de viejas favoritas, y robándole canciones a Kieron Gillen, que siempre hace públicas sus listas para los distintos cómics que escribe. Me llevé lo que más me gustaba y le viniera al caso de su lista para Wicked and the Divine y listo. Playlist cocinada.

No fue hasta que la escuché un par de veces que di con la canción justa, con el corazón de la reescritura. Así como antes había sido “True Love”, ahora terminó siendo *ehem* “I blame myself” de Sky Ferreira. El video es tan malo que aprendí a insertar canciones de Spotify acá solo para evitar mostrarlo:

No sé si es exactamente la voz de la novela, pero era bueno tener a alguien gritando I blame myself mientras borraba párrafos enteros, corregía diálogo impresentable y acortaba descripciones redundantes. Otro hit de la lista fue Ke$ha con “Die Young”, pero entremedio murió Karin y el título/coro agarraron un sabor a líquido carburante. Pero ciertamente es más la canción de la novela, sobretodo si la otra es la del autor.

Mañana imprimo la reescritura, la leo y reviso el jueves, y el próximo fin de semana queda lista para iniciar su lenta jornada, esperemos, hacia la publicación. Mientras tanto, estas fueron las 5 horas de música que me acompañaron durante la última semana. De pura coincidencia, ese fue el promedio de horas trabajadas seguidas cada día. A veces en tandas de a 4, en tandas de a 6 cuando casi me vuelvo loquito, pero siempre rondando el largo de esta lista. Hmmmm.

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