Un año más.

Tres años atrás, más o menos – fue un año bisiesto – le había comentado a Jo que tenía ganas de comprar el dominio con mi nombre punto com. La madrugada del 29 de Febrero venía de tomar con mi amigo Juan Manuel y llegué al departamento, y dije “¿y por qué no?”. Siempre le puedo echar la culpa al trago, pensé. No tenía pega estable, pero tengo página web, también. Dos años atrás, renovado el dominio web, terminaba de escribir “Crononautas”. La escribí en el mac viejito, que le compré usado a una chica que se iba de viaje a Argentina, a perseguir unos sueños. Se llama Leonora, así es que no hubo mucho que cambiar en términos de contraseñas. Leo aquí, leo allá.

Hace dos semanas estuve de cumpleaños. El día anterior – cumpleaños de mi abuela – murió Karin. Cuatro meses después de que me contara que le habían diagnosticado seis meses de vida. Iba a venir de visita en noviembre y todo era felicidad y planes hasta agosto. Cuando volví a saber de ella, era octubre y el cáncer ya no se había ido ni pensaba irse más. Tenía…no sé, pocos años. Reviso nuestros correos y veo que todos los saludos de cumpleaños van sin especificar cuántos cumplimos. Menos de 31, de eso estoy seguro.

Hace tres años, durante todo mi año 31, tuve las palabras de la Arundhati Roy en mi cabeza “not old, not young. A viable die-able age”, y mientras más pasan los años menos cierto me parece.

Karin era de esas personas en las que todo el mundo se fija, pero que se las ingenian para mantener una capa de invisibilidad. Necesitaba, cada tanto, estar sola, entre el trabajo como publicista y el modelaje, y supongo que por eso nos reconocimos ni bien nos vimos y supongo que es por eso que seguimos en contacto todos estos años. Me escribía largo, desde los momentos de soledad, contándome de la vida y los proyectos, hasta que me escribió como los proyectos cambiaban porque la vida estaba por acabarse.

La recuerdo feliz, fijándose en los detalles absurdos de las cornisas o en la forma en que se alinean las hojas de los árboles. Queda en mí un pequeño vacío que lleva su forma. En otra ventana de mi escritorio, dos de los personajes de Crononautas 2 se intentan consolar ante la partida de un amigo en común. Hace dos años  renové el dominio de esta página meses antes de que venciera. El año pasado esperé un poco más. Antes de ayer, tras pensarlo un rato, hice los pagos de rigor.

Un año más.

Un. Año. Más.

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