Dos mil dieciséis

Dos mil dieciséis es el año que sucede a dos mil quince en el calendario gregoriano. ¿Qué tal? Después mi editora dice que soy muy rebuscado para escribir. Para llegar a dos mil dieciséis tenemos que pasar por tooooooodoooo dos mil quince, sin saltarnos nada. A menos que caigamos en coma, o en las garras de borracheras muy, muy terribles. Pero ya estamos los suficientemente viejos como para que nuestras borracheras terribles estén entrañablemente hermanadas con el coma, así es que mejor que no, gracias.

Esto porque dos mil quince ha empezado bastante bien, mi querido lector. A pesar de que inauguré el año nuevo con un día clínicamente depresivo, de ahí en más todo ha ido en alza. TÉCNICA – comenzar el año con el peor día posible, de ahí en más todo mejor. MALA TÉCNICA – terminar el año curado y empezarlo ídem (¿para qué? Talk about bad karma). El gobierno de Chile, mediante sus fondos de cultura, se ha dignado en decirle que sí a la beca de creación para Crononautas II, así es que todo es color de rosa gracias a eso. Por primera vez en mucho rato tengo los medios para realizar varias cosas, todas buenas; y es una buena elección. Detalles en la medida de lo posible, más adelante.

Estoy escribiendo, dicen, otra novela para niños, esta es con espías, con reality shows y con harto pop. Mi único problema hasta el momento es que a veces la novela se pone chúcara y relincha y quiere ser para niños más grandes. Quiere ser una novela posmo, con más adicción y otros temas. Veremos qué pasa.

La idea es llegar a dos mil dieciséis con esta novelita de espías, con Crononautas II publicada o en camino de publicación, con el manuscrito de Crononautas III (y final, me temo), un proyecto de traducción y un par de sorpresas más. Si no es ahora, ¿cuándo? Ya veremos qué pasa en dos mil dieciséis, pero antes, como ha sido estipulado, hay que pasar por dos mil quince.

Y con mucho gusto.

Se trata de mantenerse ocupado, y ocupado, y ocupado. Hacer, hacer, y hacer cosas porque no hay tanto tiempo y quizás el único imperativo moral que me parece sensato es : Da más de lo que has quitado. Y porque estas cosas suelen ser así, y para que un proyecto resulte hay que tener cuatro en marcha y quizás algún día uno de esos tres que no resultaron se vuelva algo más o sirva o salga referenciado. Sin parar. No ahora, ni en dos mil dieciséis. Ni nunca.

A propósito de paros, Anita Ekberg murió hoy. Vivió una larga vida y no es una tragedia; pero qué mejor momento para dejar todos los deberes de lado y repetirse La Dolce Vita, todo para verla salir de la fuente gritándole “Marcello, Marcello!” a Mastroianni, en lo que es uno de esos instantes de transfiguración justa en que una idea entra directamente y sin vueltas al mundo concreto, a través de una historia.

A propósito de gente que sabe mantenerse muy ocupada. Danny Glover, no contento con ser un pedazo de comediante, buen actor y escritor de TV, además rapea y canta y bajo el nombre de Childish Gambino hace cosas choras como esta:

En otro plano de la noticia, la hipsterita Rachel Evans (hipsterita por derecho propio, no confundir con Rachel Evan Wood) en algún momento de dos mil trece se propuso sacar un disco al mes. Y creó, bajo el nombre de Motion Sickness of Time Travel, las siguientes baladas. No son todas de lo mejor, pero tienen onda y hacen eco de un ambiente especial. Y, entre usted y yo, son mi banda sonora para los primeros atisbos de Crononautas III (y final). Porque de eso se trata: de hacer y hacer y hacer más cosas.

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