Descansos

Es cierto que la vida posposmoderna es una sobrecarga de estímulos, que los medios de telecomunicación terminan estirando la personalidad como un chicle mal masticado hasta que en algún punto se forman lagunas, hoyos y cavidades hasta que la propia conciencia se va cavidad abajo. Es cierto también que Hello Kitty no tiene boca, y que, por ende, es incapaz de responder al llamado implícito en su propio nombre. Es cierto que las estructuras sociales han evolucionado bien poquito desde la época de las pirámides, pero también es cierto que ahora tenemos imprentas y que pronto ni siquiera vamos a necesitar imprentas. Es cierto que el mundo es machista y desigual; y que existen continentes enteros donde la mediocridad y la complacencia debieran ser los animales de los escudos nacionales. Es cierto que la próxima trilogía de Star Wars va a ser como todas las cosas que hace JJ Abrams: bueno, pero ni tanto – criticable, pero no tanto. Abrams es el nuevo Spielberg. Eso también es cierto. En toda su gloriosa mediocridad.
Cuando pienso todas estas cosas, en particular en medio de la semana laboral, lo que hago es cerrar los ojos, buscar algún video compilando todos los garabatos de Peter Capaldi como Malcolm Tucker.

Después de esto, el mundo es un lugar mejor. Hay poesía, magia, y unicornios. El planeta se vuelve un espacio lleno de seres hermosos, deseosos de expandir su consciencia comunitaria y responsablemente. Mis amigos todos escriben bonito, pintan bonito, filman bonito o inventan fórmulas bonitas en excel. Las libertades sociales, ganadas con tanto tanto esfuerzo a través de milenios, se mantienen y nos permiten organizarnos mejor. Falta cada vez menos para la nueva de Paul Thomas Anderson. William Gibson sigue vivo y escribiendo. La vida posposmoderna es una caleidoscopio de opciones donde nuestra única responsabilidad es cultivar las que nos gusten y despreocuparnos. La gente sale a la calle para protestar por sus derechos y hacer valer sus deberes. Bob Odenkirk vuelve como Saul Goodman a una semana de mi cumpleaños. Los años siguen pasando y la experiencia de vivir como un ser inserto en un continuo temporal no para de ser satisfactorio, i.e. es bueno envejecer. Algún día van a dejar de existir los escudos nacionales. Y los estados nacionales, también. Volveremos, volveremos. . .

 
 
 
Debe ser la combinación del acento escocés con la chuchada tan bien puesta, francamente.

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