Quilty!

Este fin de semana vi, bien seguiditas, los dos intentos de llevar al cine Lolita. La de Kubrick (1962) y a de Lyne (1997). Curiosamente, la más nueva funciona mejor como una adaptación de la novela, aunque de paso desnuda las fallas propias del calco de un medio a otro. Lolita (1997) carece de intensidad, y uno se pregunta si acaso el director no tenía miedo de hacer una película verdaderamente horrible – una película sobre la relación entre un hombre mayor (como James Mason en la del 62, mucho más duro y despreciable que el blandito Jeremy Irons del 1997) y un niña. Pareciera que en el proceso de adaptación Lyne & co. hubieran tenido mucho miedo de crear un protagonista con quien no quisiéramos empatizar, pero en vez de hacernos entender lo que pasa por la conflictuada cabeza de un hombre que inicia una relación su hijastra 25 años menor, se limitan a mostrarnos un primer acto en que Irons pone cara de Nicholas Cage y con eso todo está bien. Salvo que no lo está.
Kubrick, en cambio, acelera y se va al fondo, corta la secuencia final y la lleva al inicio, después va y construye una historia en distinto saltos narrativos que parecen más un cover de Hitchcock que otra cosa. Y sin embargo, en medio de eso saltos y cortes y adaptaciones; donde uno no sabe si está viendo una película de determinada ambigüedad o si acaso la censura de la época estaba en declarada persecución de la adaptación de una novela no exenta de polémicas, en medio de todo esto: ¡SHAZAM! el relámpago capturado:

Peter Sellers como Clare Quilty (the TV writer!).
Saliéndose de los límites de la adaptación convencional, Kubrick va y hace de Quilty un personaje ubicuo, camaleónico, y de una complejidad perversa que da gusto. No debe tener, en total, más de 20 minutos en pantalla de las dos horas y media de película, y es por lejos lo mejor de ella. Un personaje completo, con una historia completa apenas intuida en sus escasas apariciones; dan muchas más ganas de pasar tiempo con él que con el perturbado James Mason como el profesor Humber Humbert. O, más bien, dan ganas de ver dos horas y media de Quilty atormentando al aturdido Humbert una y otra vez; con distintos disfraces, con distintos motivos y recursos. De todas las películas con dobles oscuros, con guardianes de umbrales que reflejan la oscuridad de sus personajes principales, pocos tan pero tan buenos como este Quilty. Mientras Lyne et al se esforzaron por construir un personaje sombrío y que nivelara un poco la cara de cordero del buen Jeremy Irons, Kubrick y su gente fueron por personaje de inmediato más querible en sus excesos, seductor en el controlado relajo de sus movimientos, y , en general, un mejor antagonista para un protagonista muy difícil de querer.
Como siempre, la mejor película es la que tiene el mejor villano. Por eso Lolita del 62 es mejor que Lolita del 2007.
Y porque, hey, es Peter Sellers. El mejor de todos.

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