ARROGANCIA –

Me costaba dar con una definición satisfactoria para alguien arrogante. Por lo mismo, cuando me tratan de ídem, me quedo un poco perplejo. La RAE tampoco ayuda mucho, lanzando una batería de adjetivos: altanero, soberbio, valiente, alentado, brioso, gallardo, airoso. Se puede rapear con esa lista.

Pero hoy me encontré con esta frase del cuasi místico Terence McKenna sobre John Lilly. John Lilly entre otras cosas inventó el tanque de deprivación sensorial y es cosa de ver algunas fotos para captar que no tenía los pies 100% sobre la tierra ( su definición en wikipedia incluye, de entrada, la palabra “psiconauta”. Go figure). En fin, la cosa es que McKeena dijo:

“[…]such an amazing arrogance, (that) amazing conviction that you’ve got it aaaalll figured out”

Y ahí lo comprendí todo.

Alguien alguna vez me dijo que era mi arrogancia lo que me había salvado del suicidio todos estos años. Me lo dijo con mucho cariño y con mucho cariño creo que sí. Puede ser.

Or not.

 

JULIA –

Robert Palmer, glamoroso, cocaínomano, de esas figuras que nunca brillaron tanto porque no tenían talento pero eran, en sí, excepcionales. Esa gente a la que la fama les cae y les queda perfecta. A Robert Palmer lo llevaron a un programa de concursos en el que enfrentaba a un fan de Robert Palmer para ver quién sabía más que Robert Palmer. Y el fan sabía mucho más sobre Robert Palmer que el mismo Robert Palmer. Pero cuando la pregunta fue “What would you never see Robert Palmer in?”, el cantante de Addicted to Love apretó la chicharra en medio micro segundo y con su voz rasposa dijo:

– In jeans.

 

Y por eso lo queremos. Siempre de traje, hasta el día de su muerte, en un hotel de París cuando su corazón no dio más de tanta coca y explotó nomás. Hoy pensé en sus hits, en los trajes de sus coristas, y en esta pequeña perla del 74, antes de los hits y las coristas.

 

TOTORO –

Ayer, veinteiséis años después, finalmente vi Totoro. Me gustó mucho, por distintas razones que están para ser esparcidas y untadas por sobre otro post; aunque cuando la veía no podía dejar de pensar “¿por qué a la gente le gusta tanto Totoro? ¿por qué hay tantos fanáticos de Totoro y no de, digamos, Chihiro?”. Y hoy en la mañana quise escuchar la cancioncita del final y su inocencia y simpleza; y su pureza en la inocencia y simpleza me estremecieron.

Y por eso es que nos gusta tanto Totoro.

 

Metalingüístico, cocaínomano y animado. Robert Palmer would be proud.

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