Vamos al cine con tijeras: Interstellar (2014)

Empecemos por lo bueno: Muchas gracias por intentarlo, señor Nolan. Sinceramente, se necesitan más intentos así.

Interstellar examina el viaje en el espacio, las distorsiones cuánticas al atravesar un hoyo negro, la vida de la humanidad tras quedarse sin recursos para sostenerse en el planeta, el poder del amor, la vida en soledad, la vida en comunidad, y un largo etcétera de temas embutidos en una película que intenta congeniar la ciencia ficción y el drama familiar. Como Armageddon, pero más compleja; como Gravity, pero peleando palmo a palmo por la verosimilitud. Y ahí es donde empiezan los problemas de Interstellar.

Pareciera que los hermanos Nolan, que escribieron el guión de la peli, estaban demasiado preocupados por lo implausible de su ciencia, o demasiado ansiosos por probar que sí, esto puede pasar; sí, esta es una fábula para nuestros tiempos, que olvidaron del todo el principio de verosimilitud. Donde, por ejemplo, Gravity se arraigaba en un presente que pedía necesariamente tener algún asidero en la realidad, Interstellar no necesita realmente eso. Es una película del futuro, que se niega a serlo, que insiste en pedirnos que le creamos cuando, hey, pagué la entrada, te voy a dar al menos el beneficio de la duda durante la primera hora, no hay porqué interrumpir el desarrollo de la historia con explicaciones semicientíficas que no muevan la historia.

Porque el primer acto de Interstellar es terrible. Una tras otra se suceden situaciones que funcionan, en el mejor de los casos, como tangentes de propaganda de parte del director (le pasó lo mismo en la última Batman, pero aquí no tiene una franquicia que lo acote, entonces la cosa dura más). El personaje de John Lithgow va y viene y no aporta nada más que ser John Lithgow (que es harto, pero no basta para justificarse). Se nos pinta un futuro semi apocalíptico y se pinta con crayones demasiado evidentes en su trazo. Hay unos fenómenos paranormales también que, cuando la película termine tres horas después, van a ser exactamente lo que usted pensó que eran. Exactamente.

En el segundo acto las cosas mejoran. Cuando McConaughey y Hathaway están arriba de la nave, en compañía de sus dos secundarios y de esos robots de diseño tan perturbador, todo empieza a fluir. La historia se mueve y el espacio que da título a la peli aparece en gloria y majestad. Empiezan las peripecias propias de una película de espacio, nos enteramos de que no es tan fácil anclar una nave con otra y así. Misión a Saturno y más allá. Yupi.

[TAREAS DE EDICIÓN – Tome esta película y plantéese cómo puede cortar toda la primera hora de narración y empezar la peli desde el momento en que los personajes están por entrar a su primer sueño criogénico. ]

Los ripios vuelven en el primer planeta. El planeta del agua. Hathaway, McConaughey y un Wes Bentley al que le tocó un rol bien zonzo, descienden, descubren que tener señal de una boya no es sinónimo de que haya buenas noticia, y wham! los ataca una ola gigante. En este proceso sucede algo que debería estar ahí para hacer crecer al personaje de Hathaway, pero apenitas si sirve para que alguien lo comente como una anécdota en la secuencia siguiente, cuando deciden ir al segundo planeta. El personaje de Hathaway sigue igual por siempre.

El segundo planeta, en una película que lucha (autoimpuestamente) por la verosimilitud en cada minuto de su trama, nos presenta una situación un tanto extraña: ni bien entran a la atmósfera se nota que es un planeta para dar una vuelta en 180 grados y salir corriendo de ahí. Amoníaco, un frío inhóspito, y nubes congeladas no bastan para detener a nuestros aventureros. Abajo, los espera “el mejor científico de todos”, Matt Damon.

Matt Damon viene a resolver una duda que, pasada la mitad de la película, es patente desde el principio: ¿Acaso todos cooperan en este mundo? Apurado por llegar al espacio, Nolan pasó la primera mitad de su película haciendo que todo el mundo estuviera de acuerdo. Incluso cuando McConaughey se encuentra con Michael Caine, su mentor de la universidad todo es coincidencia, nadie se maravilla, todo sale muy rápido. La humanidad está en peligro y mejor nos apuramos por ir al espacio (mejor habría sido partir en el espacio). Matt Damon aparece y ni bien empieza su soliloquio en las montañas, uno sabe cómo va a terminar la cosa. Al menos. Mientras tanto, en la Tierra empiezan a pasar otras cosas, en un montaje paralelo que es otro problema.

El montaje paralelo entre la Tierra y el espacio choca, entre otras cosas, porque las fotografías son muy distintas y están más o menos bien definidas. Al ser tan disonante los dos estilos, uno queda con la sensación de que está viendo dos películas remezcladas: la película de la niña que esperó a su papá; y las aventuras de papá el astronauta.

Matt Damon hace algo bastante idiota para ser un genio de la ciencia. El bueno de Hitchcock inventó el terminó McGuffin para esas cosas medio inexplicables que sirven para hacer que el argumento avance. Hacia el final de su participación en Interstellar, Matt Damon tiene olor a McGuffin. Mucho.

Llegamos al tercer acto, nuestro héroe ha sido llamado, ha intentado rechazar la llamada, se ha embarcado en un viaje odiseico, ha buscado y encontrado y pagado precios. Es hora de reconciliarse con el padre. Así lo dicta la Iglesia de Saint Joseph Campbell. Y así es. Amén.

 

Aquí es donde quería llegar el autor, me parece. Aquí es donde se puede gastar la plata en un CGI que intenta reconciliar la vida en cinco dimensiones con nuestra existencia limitada a cuatro. Este es Nolan haciendo un cover de Kubrick en 2001. Y es donde puede lucirse. Lástima que tuvimos que ver tanta, tanta peli para llegar a esto.

[NUEVAS TAREAS DE EDICIÓN: Elija seis personajes cuyas historias no aporten a la trama de esta película y elimínelos en el proceso de edición].

 

Por un segundo pensé que salía la guagua espacial. O que se venían esos minutos de cámara expuesta y destellos de colores. Pero no. Hubo algo parecido a lo segundo y el guión empezó a cerrar todos los misterios. Son malos los misterios que hacen que uno diga “ah, pero esto está mal contado” para que después el autor te diga “nooo, si te lo estaba contando mal para que vieras que había un misterio” y te cierra el ojo incesantemente. Wink, wink, nudge, nudge. Know what I mean, know what I mean.

 

Hay buenos momentos en Interstellar, también. La dinámica padre-hija se los tiende a llevar todos. Y por dinámica padre-hija se entiende la relación entre McConaughey y las tres actrices que hacen el otro papel. Porque lo de Michael Caine con Anne Hathaway… todos queremos a Michael Caine y escucharlo recitar a Dylan Thomas mientras una nave espacial surca la estratósfera es francamente fantástico, pero su personaje y todas las historias que emanan de él no contribuyen en nada a la película. Si la misión ya es 99,9% muy difícil, cuando me entero que es 100% imposible no me genera mucho, francamente.

Mejor sería tener un video especial de naves en el espacio con Michael Caine leyendo poemas de fondo.

Mejor sería tener dos películas.

Mejor sería que hubiera sido una serie.

Mejor sería que hubiera durado al menos una hora menos.

 

En una película que parte de la premisa que la humanidad está dilapidando recursos, no se nos va la ironía de que la misma película dilapide historia. Agazapada a mitad de camino entre contar muchas historias, apenas sí consigue dar cuenta y llegar a la meta con una de ellas. Hace muchos años, esta iba a ser una película de Spielberg. Eso también se nota.

LECCIONES DE GUIÓN:

– Si usted está escribiendo con un director en mente, borre todos los trazos personalizados cuando el proyecto lo toma otro director. Sino, se nota mucho que la cuchara está sucia.

-La física cuántica es entretenida, pero no arregla las historias mal contadas. Si usted va a usar el recurso de alterar el tiempo, que no sea para corregir algo que a primera vista parece una pifia. Su deber es hacer extaordinario lo ordinario, y no volver normal lo subnormal.

 

 

Interstellar es un intento valiente. Como la misma misión en la película, recorre espacios donde sólo han habido pioneros e intentado cubrirlos con una mezcla entre visión personal y mainstream. Abarca mucho, aprieta poco, deja con la sensación de que no está en el formato correcto. Pero hay que verla. Hay que ir al cine a verla. Yo me la repetiría, feliz.

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