The Zero Theorem : Brazil Dos Mil Catorce

Si bien se estrenó en 2013, no tuvo salida a distribuidores (en algunos lados) hasta este año, así es que el título vale.

 

Hola, bienvenidos de vuelta. Estábamos hablando de la última de Terry Gilliam, Zero Theorem. Zero Theorem es una película ambientada en un futuro distópico sobre un trabajador que procesa números y números y números día tras día tras día tras día; y que sueña con un escape hacia un  paraíso de utopía.

En 1985, Terry Gilliam dirigió Brazil, una película ambientada en un futuro distópico donde un trabajador que procesaba archivos y archivos y archivos día tras día tras día tras días; y que soñaba con un escape hacia un paraíso de utopía.

 

Eso es lo que pega más fuerte al ver Zero Theorem. Como en las películas de Wes Anderson, que giran todas en torno a la misma idea; este largometraje actúa como la prueba de que su director ha encontrado Algo en su vida que nos quiere contar a toda costa – tiene una idea y cada vez que la plasma siente que no le está haciendo justicia, por lo que vuelve a la carga. Las películas de Gilliam, sin importar qué tan propias sean (Brazil la dirigió a insistencia del escritor) parten siempre del punto de vista de un personaje alienado ante un mundo que no lo entiende y que le es absurdo. Pasa en Fisher King, pasa en Brazil, pasa en 12 Monos. Pero vamos a los que nos convoca:

 

 

zt01

Mucho brillo y muchas cosas pasando a la vez.

Zero Theorem es, de entrada, una delicia audiovisual. La saturación de colores, el contraste entre la paleta que domina el interior de la capillacasa donde habita el personaje principal, los efectos con distintos lentes. Todo es visualmente perfecto. De esas películas que llaman a poner pausa y mirar cada cuadro con muchísima atención; y donde la fotografía va a en servicio perfecto de la historia.

Más allá de eso, la peli tiene bases sólidas en su primer actor. Cristoph Waltz no puede hacer nada mal y aquí ejecuta el rol de Qohen Leth (¿de qué es un anagrama esto?) a la perfección. Está en todas las escenas de la película y la lleva sobre sus hombros como si nada. Ayuda además el reparto, y Gilliam es un gran director de actores. Aunque diga que los deja ser nomás – este es el hombre que le sacó trote actoral a Bruce Willis, y que ahora hace lo mismo con Matt Damon. David “Profesor licántropo en las de Harry Potter” Thewlis está igual de bien que cuándo era el profesor licántropo en las de Harry Potter, por lo que intuimos que es uno de esos actores que cumplen donde uno los ponga. Los Charles Aránguiz de la actuación. Mélanie Thierry cumple con lo suyo y Tilda Swinton, en un papel mínimo, se roba la pantalla cada vez que aparece. Como DeNiro hace casi ya treinta años.

 

La temática misma de la película es bienpredecible, y si uno ha visto Brazil ya sabe como termina. Eso es quizás lo más impresionante de todo – que Gilliam se arriesgue a hacer básicamente la misma película, con otra mano de pintura. Es una linda mano de pintura, sin duda, y quizás por eso es que lo más destacable de Zero Theorem pase por lo visual. Porque su argumento sigue el ciclo de monotonía-ilusión-quiebre-realización-escape-final. Y el final es. . .

 

Mejor no hablar del final. Porque hay que verlo, porque es el eje que determina la película; que ha alguna gente le ha parecido una comedia, pero que es en verdad una sátira muy triste. El 85, cuando parecía que Brazil no vería la luz del día, Gilliam inició una campaña mediática para enfrentar al ejecutivo que se negaba a liberar la película. En medio de los tiras y aflojas, el director consiguió doblarle la mano al ejecutivo, pero este solo aceptó liberar un corte del film que tuviera final feliz. Gilliam accedió, a sabiendas de que una vez que la película saliera podría modificarla y hacerle arreglos. Y en Inglaterra salió en su versión original, con el final descorazonante, pero tremendo en su intensidad (los últimos 15 minutos de Brazil son quizás mi experiencia cinematográfica favorita). Zero Theorem no puede dejar de leerse como un intento de volver a contar esa historia, esta vez con un final unívoco.

El corazón de la distopia.

 

Es un bonito intento.

 

Dice harto de nosotros como sociedad también el que esencialmente la misma película, 30 años después, funcione de maneras quizás más mordaces y tristes, incluso. He ahí el genio de la distopia orwelliana, más vigente hoy que nunca. Terry Gilliam la mantiene viva, esta vez con colores fluor y neón. Hay que tener talento para parar una película con colores fluor y neón.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: