Lugares comunes

“La semana que pasó fue un poco del terror, pero del buen terror, supongo. Nada de qué quejarme, pero sentí el cambio de ritmo, y , hey, debería estar durmiendo hace un par de horas, pero aquí estoy.  Tenía pensado el título de esta entrada de antes y del puro chistecito puse la canción de Virus que lleva el mismo nombre. Esa que dice “pero por favor// no rompas mi corazón // por vanidad”, que es una de esas cosas que a veces tarareo y me llevan a viajes de vacaciones familiares, o que a veces canto porque sí nomás. Las letras de los Moura tienen una sensualidad especial, una voz propia (la de Federico) que es… no sé, de esas cosas que se ven poco ya. Pasa con Babsónicos, a veces, pero la simpleza del sintetizador ochentero le da una textura especial. Aparte, en este, Moura cierra con sus “parap, pai pai pap parara, pararararai “, que son su versión del “yeah yeah”, el “zucundurun zucunduru” y tal. El punto en que la bola de espejos se empieza a mover por inercia sin necesidad de motores, el punto en el que las parejas que se han de besar ya están besándose y las demás a otra cosa, que puede ir desde una sonrisa que invita a salir de ahí lo más rápido posible hasta el desencuentro más incómodo.

O sea, la reputa canción comienza con “Descubriremos juntos vos y yo// con el tiempo atrás// el universo abismal”. Mis amigos se ríen de que me guste Virus, pero ahí tienen. Qué pedazo de canción.

 

 

El otro día la editora de Crononautas hizo unos pases mágicos y me consiguió la portada del libro con el cover dress y todas esas cosas, y yo publiqué por ahí una pequeña fracción de esta en Instagram, que sigue siendo mi red social menos detestada. De inmediato llegaron muchas muestras de cariño y felicitaciones, cosas que no sé manejar muy bien, porque la vida de hijo único me hizo pensar que ese era el estado natural de las cosas y que uno no debe creérselas ni ponerse muy contento ni bueno…un montón de otras tonteras. Pero ser hijo único no está malo, en serio.

La cosa es que una de las personas que vio esta pequeña porción de portada fue la hermana de uno de mis mejores amigos de la vida. Aprovechando que ella trabaja para una línea aérea de los Emiratos Árabes, el parcito anda ni más ni menos que en Japón, en un viaje que les costó peniques. Alegría y felicidad para ellos, en especial para mi amigo, con quien compartimos la fascinación por Nippon; aunque siendo honestos si hubiera que repartir el mundo en un tablero de ATAQUE (un juego de alto mando), la isla imperial le correspondería a él.

La cosa es que mi amigo, como los otros dos miembros del cuarteto original de la amistad, no usa redes sociales, pero su hermana la mostró la portada y a los pocos minutos tuve correo de felicitación de él. Le respondí bien agradecido, del alma, y de pasó aproveché de contarle lo feliz que me hacía saberlo en la tierra de los Heike, Murakami, Hikaru Ichijo, Shinki Ikari, Matsuo Bashoo, Gojira, y, digámoslo, el mejor Wolverine de la historia (cfr. Wolverine – 1986, Claremont y Miller).

 

El lugar común: Pensé que, si alguien nos hubiera dicho a los trece años que el día que me llegará la maqueta de la portada de mi primer libro, mi mejor amigo iba a enterarse de la noticia en Japón…bueno, digamos que aún entonces habría pensado que nuestras versiones futuras estaban teniendo una vida bastante buena.

Y vaya que lo ha sido.

 

Parap, pai pai pap

parara, parararari

 

 

 

 

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