Dos niños

Hacía rato que no tenía dos semanas seguidas sin acostarme en el mismo día en el que me desperté. Pero mañana ya es el último día y después… después vendrán otras cosas.

 

El otro día fui al museo de la memoria. Por primera vez de muchas, tras muchos intentos fallidos por razones que van desde la desorganización a lo sísmico. Caminaba por sus pasillos, apenas a dos horas y media de la hora del cierre (no alcancé a ver ni la mitad de las cosas), con mucha calma, revisando, repasando, cotejando objetos con hechos con mi propia memoria y las memorias compartidas y heredadas en horas de conversaciones de sobremesa. De pronto, tuve un momento como el que todos los pánfilos del cine tienen en las casas embrujadas, cuando giran y se encuentran con un esqueleto. Como Shaggy, llegué a saltar al ver la tarjeta de detención de Sergio Bitar, firmada por Arellano Stark. Imaginarme a Arellano Stark firmando el papel de constancia de detención me dio nauseas genuinas, cosa que no me esperaba para nada.

Tampoco me esperaba ver pasar a una mamá seguida de su hijo. El niño tendría unos 8 o 9 años, estaba en esa edad en que los cambios de dientes y el crecimiento no les deja articular sonidos del todo claros; y es cuando los niños hablan con frases cortas, a veces tomándose la entonación de los dibujos de la tele.

– Mamá, mamá ¿Esta es la parte de los desaparecidos? ¿Cuál es la parte de los desaparecidos? – decía, con una voz que era la ternura suprema.

Lo ví pasar, lo seguí con la vista, feliz. La mamá le sacaba unos pasos de ventaja y él tironeaba un poco su vestido para colgarse a ella o hacer que se detuviera.

Me dejó una sonrisa inmensa, un reconocimiento del niño que fui y una esperanza para el futuro. Después entré a una cabina y seleccioné el testimonio de otro niño, un niño que ya debe tener mi edad, si es que. Contaba, directo a VHS, desde 1984, como carabineros entraban a su población y lo usaban a él y a sus amigos para apagar las barricadas; como los amenazaban, les pegaban, vendaban y sacaban a dar vueltas en la oscuridad.

Sino fuera por el primer niño me daba un paro de la pena y la rabia y la impotencia y todo.

 

Hoy salí a caminar un rato, y el aire olía a caucho quemado. Quiero que al que fue niño en esa población no le haya tocado sentir este olor, camino directo a esos recuerdos, y a esos días. Quiero encontrarme con el otro niño en el museo y acompañarlo a la sección de los desaparecidos, preguntarle cómo se enteró de ellos, contarle cómo me enteré yo.

 

Buenas noches, Santiago.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: