Llovizna

Es la mañana del primer domingo del mes. La ciudad duerme la mona del carrete de los recién pagados y la llovizna hace que los amantes furtivos, que no tienen del todo clara la secuencia de eventos que los llevo a amanecer juntos, se queden un poco más en sus casas. Hace frío, dirán.

Voy caminando por las calles de silencio amortiguado, pensando en decisiones importantes, repasando los años que ya se fueron y, de a poco, volviendo a hacer planes. Mi familia está en el sur, asistiendo a un funeral de esos trágicos. Allá llueve, acá llovizna.

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