Ayer dije “Basta. I’m a human being. My. Life. Has Value!” y me dispuse a ver, por fin “That Day”, el documental sobre la filmación de Magnolia.

Magnolia ocupa un lugar tan especial en mi relación con el cine. La vi con 19 años, aún con depresión, y a pesar del filtro de la depre (que es como ver la vida unos 60 metros bajo el agua) encontré en sus temas y en su estructura (oh, su estructura) cosas que resonaban en mi, que me decían sí, hay vida allá afuera. Pasaron once años antes de que supiera qué pinta tenía su director. Lo vi en el Daily Show y me cayó extra bien.

El problema  estuvo en que mi copia de “That Day” tenía el audio imposiblemente desfasado. Traté y traté de solucionarlo con las opciones del VLC y nada. Estaba más allá de mis capacidades. Ahora, el verdadero problema estuvo en que para testear el audio pasé muchísimas veces por los primeros dos minutos del docu, y que para cerciorarme de mi fracaso en la sincronización auditiva adelanté varios minutos la película y caí en una sección en la que PTAnderson echa la talla con Phillip Seymour Hoffman, antes de rodar, mientras la gente de producción acomoda el set en la que las hace de la casa donde va a trabajar el personaje de PSH. Y PSH y PTA echan la talla, se ríen de lo lindo y se nota que lo están pasando bien. Y los personajes de PSH son siempre tan introspectivos y profundos y serios que verlo reírse tanto me hizo bien. De hecho, lo encontré más flaco, más liviano incluso que su personaje. PSH tiene esos gestos tremendos que le hacen ganar peso ante la cámara sin tener que hacer dietas especiales y sin que nadie le entreviste ni le mencione esto (por favor dejemos de darle tanto bombo a un actor que sube o baja de peso para tal o cuál rol, por favor). Era un lindo momento, breve, un tremendo actor no actuando, siendo feliz. Pero yo no estaba siendo feliz porque el desfase del audio me hacía imposible ver el documental, así es que bajé otra copia y lo dejé para hoy.

Y en medio de todo esto fue que me olvidé que Phillip Seymour Hoffman está muerto.

 

Y hoy me di cuenta, al dar play de nuevo, porque quería testear el audio del archivo nuevo, porque quería, ojalá, dar de nuevo con esa escena y sonreírme de escucharlos con el audio en su lugar correcto, de verlos tan felices, tan….vivos. Y ahí me di cuenta.

Y me dio mucha pena.

 

Pena como un pinchazo en el dedo, pena como recordar que te olvidaste del cumpleaños de alguien con quien te peleaste hace muchos años.

 

El docu no es la gran cosa, a menos que te guste mucho el proceso de la hechura misma del cine y que algo sepas de éste, porque es breve y no muy detallado. Pero tiene momentos precisos y preciosos, como la frustración del director al filmar dos veces una escena que finalmente no llegaría al corte final, o la secuencia de musicalización de la película. También es bueno verlo a William H. Macy y a Julianne Moore fuera de personaje; y hay una escena muy corta y especial: después de la avant premiere, en la oscuridad de la limusina, Anderson y Hoffman hablan de lo desprendidos que se sienten de la obra, ahora que está estrenada. Es una colección de pequeñas perlas, la verdad. Y termina con PTA y Maya Rudolph escuchando una canción de la Aimee Mann, de ese disco que tiene una tremenda intersección con la banda sonora de Magnolia, una canción que, al haberse escapado del soundtrack de la película, termina resumiéndolo.

 

 

 

 

 

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