En el cine.

Fui al cine el otro día a ver la última de los X-Men. Fui con Gonzalo, mi amigo desde hace unos 20 años, y con quién también había ido a ver la primera X-Men, ya no me puedo acordar cuándo. Esta X-Men es mejor que esa X-Men, tiene mejores efectos, están mejor utilizados, ya no tiene que seguir la estructura típica de todas las de superhéroes de esa época – esa que dicta que primero hay que dar la lata con el origen, después mostrar un poquito de poderes en el primer enfrentamiento contra el malo, después aprender la lección, después derrotar al malo. De hecho, la gran virtud de X-Men: Days of Future Past está en las partes sin poderes, las partes con trama y las partes con algo que no alcanza a ser desarrollo de personaje, pero que hace una teleserie bien entretenida. Y en su mejor momento, los X-Men son la teleserie más entretenida de todas.

Así como esa primera vez yo andaba pendiente de ver qué cosas habrían cambiado a la hora de adaptar la historia a la pantalla grande, esta vez me encontré perdido esperando cosas que no habían pasado o creyendo que ya habían pasado, porque confundía la continuidad de las pelis con la de los cómics. Ya no sigo con el mismo fervor las aventuras de los mutantes, y ahora que los escribe Bendis la verdad voy a esperar que se junten unos 50 números antes de leerlos, porque Bendis se toma su tiempo para llegar a algún lado y se disfruta más en lecturas masivas.

Antes de que empezara la peli pasaron una de esas promos que exhortan a apagar los celulares y llevar los niños al baño y no tener orgasmos muy ruidosos o algo así. Esta promo venía protagonizada por un par de tipos del Club de la Comedia, haciéndolas de pacos para promocionar “Fuerzas Especiales” que si no es su nueva película alguien está haciendo algo muy mal en marketing. La cosa es que era graciosa la imitación de la cadencia de habla de los hombres de verde, y la gente se rió un poco. Eso sí, ni bien terminado el microsketch, una voz a mi lado:

– Guatón chanta.

Y le respondí en automático:

– ¿Qué, te cae mal el guatón culiao?

– Máomenos, pero es chaaanta. ¿A vos no te cae mal?

– Puta, la verdad, no me va ni me viene.

Y la película empezó y yo me quedé pensando que lo mejor de ir al cine con tu amigo desde los 13 es precisamente poder tener ese tipo de intercambios. También me quedé pensando por qué chucha me referí justo ahí por primera vez en mi vida a Salinas como “el guatón culiao”, siendo que a todas luces es un tipo honesto, sensible, y esforzado. Aparte, es hincha de la U. No lo dije para insultarlo, ni nada, sino como una forma de empatizar y conectar con mi amigo?. No sé. En fin. Guatón culiao. Ni siquiera se siente bien tratarlo de guatón culiao.

 

Antes habían venido los trailers. Transformers, la segunda parte de How to Train your Dragon, y una comedia con Adam Sandler. Capaz que la comedia con Adam Sandler no sea ni tan mala, pero el trailer me dio vergüenza ajena y me puse fucsia por sus realizadores y por la humanidad en medio de una sala oscura en que a nadie parecía importarle mucho, aunque a juzgar por la reacción del público estábamos todos más o menos en la misma. Quizás terminó siendo una experiencia comunitaria, y todos sentimos esas ganas de no estar ahí, de que nadie se enterara que habíamos entrado de nuestra propia volición a esa sala para que nos mostraran esoUn callback primordial a ser niños y tener que ver como las parejas se daban besos sin poder darle un beso a nadie, o algo así.

Ahora bien, lo interesante estaba en los otros dos trailers. En el primero, Kevin Bacon se encontraba con un camión misterioso y al meterle unas manitas de gato, ¡SORPRESA! ES OPTIMUS PRIME. Corte a: Kevin Bacon rodeado de agentes del servicio secreto. Corte a: Kevin Bacon rodeado de un desastre apocalíptico. Corte a: Robots pegándole a otros Robots. Corte a: Kevin Bacon peleando por su vida. Corte a: Dinobots. Fin. El segundo era más del corte: niño juega con dragón crecido-dragón crecido lleva al niño a otra plano- niño descubre más dragones- niño descubre que el potencial villano era en realidad su madre -niño y su madre están bajo asedio de vikingos. Pero en los dos trailers estaba esa figura: la del asedio, la del héroe que no emprende viajes sino que mediante un accidente descubre que está rodeado. De agentes secretos, de dragones, de Transformers. Son tiempos en que la sobrecarga de información nos lleva a contarnos esas historias. Son tiempos en que pululan las películas de superhéroes, porque cuando las sociedades entran en shock cultural necesitan de rescatadores. Me quedaron rondando estos nuevos héroes, héroes de elíptica, héroes que ven como el mundo se les viene encima porque ya no hay mundo por descubrir. Y yo que escribo esas novelas para niños en que los héroes todo lo que hacen es salir a descubrir.

Niños: salgan a descubrir. Después de leer “Crononautas” – pronto en su librería amiga.

En el trailer de los Transformers: La edad del cambio de aceite salía Grimlock y eso me hizo reír. Porque Grimlock siempre fue el dinobot más taquilla y el más estúpido de todos los robots transformables. Un robot adorable de manitos cortas.

También me tocó el trailer de lal Planeta de los Simios 17, donde la humanidad, asediada por los macacos, decide salir de su búnker para enfrentarse a esta selva inmensa, repleta de ojos enemigos y peligros insospechados. Me quedé pegado en un plano de Gary Oldman que parecía sacado de las Batman de Nolan. De hecho genuinamente pensé que el comisionado Gordon había sido mágicamente transportado al planeta de los simios. Te queremos, Gary Oldman. Alguien podría proponer una película que fuera un crossover Drácula/Magneto , ambientada en los 70s con Gary Oldman y Fassbender. Erik Lensherr, superespía cazador de nazis, sigue un sangriento rastro que lo lleva desde Inglaterra a Ibiza, lugar donde un culto psicodélico a logrado resucitar a Drácula (Oldman). Ahí, rodeados de chicas patinando en bikini y kungfunegros con peines insertados en el afro, Magneto y el buen Conde pelean un rato antes de darse cuenta de que ambos tienen un desprecio en común por los nazis, tras lo cuál se dedican a recorrer el globo en un “Disco Volante”, un yate tripulado por clones de Claudine Auger. Nuestros héroes llegan el enclave brasileño de un científico loco, al que derrotan sin mayor esfuerzo, pero en el proceso Magneto se entera de las políticas antigitanas del mismísimo conde. Y ahí es cuando comienza la gran batalla final entre el maestro del magnetismo y el señor de las sombras.

Aunque, ahora que lo pienso, Drácula le tenía buena a los gitanos ¿o no?

 

 

 

 

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