In Memoriam: Community.

En la vida nos tienden a gustar las personas que son como son y mientras menos les importe el resto más parecen gustarnos. O, al menos, nos carga la gente que tiende a acomodarse a todos los gustos; nos provocan repulsión los zalameros, y podemos  distinguir a un nivel químico pre-cognitivo cuando estamos en presencia de uno de esos personajes que apelan al mínimo común denominador para intentar caer bien a costa de todo, en especial de su propia personalidad. Esta es la gente que no tiene nunca un mejor amigo, porque eso es lo que pasa cuando uno apuesta el mínimo común denominador: se pierden las mejores intensidades de la vida, y con ello se pierde, la seguridad del no quedar mal con nadie, la posibilidad de esos momentos milagrosos en que la vida, simplemente, trasciende.

Curiosamente, pasa absolutamente lo contrario cuando se trata de cultura pop. Lo que tiene una lógica clara: a menor el denominador, mayor la cantidad de espectadoresconsumidores, y el pop se trata de la repetición y la reproductibilidad. La canción en repeatx1, la serie impacto con doce temporadas de veinitisiete capítulos, el dvd de la película. Entonces así, mientras más masivo el medio, menor es el denominador. Ahora nos gustan mucho las series que producen los canales de cable pago, o podemos ver el nicho de series creadas para la descarga, pero todavía pasa que las series de las grandes cadenas gringas tienen que apelar a diluir su voz para cubrir mayores audiencias. Y para qué vamos a hablar del cine comercial, porque hace cuánto que no vemos una película que sea comercialmente buena, replicablemente pop, y con una buena carga emocional. Echamos de menos a cierto Bob Zemeckis, o un Spielberg joven, o un sabor de Rob Reiner. A lo que sea que no sea el Indescriptible Hombre Araña 25, o el remake del remake, o la adaptación del remake de la adaptación.

Ay, todo esto porque hoy la NBC confirmó que tras cinco años de dura y mucha lucha, cancela Community.

(En realidad es bien milagroso que una serie vista por tan poca gente durara cinco años. Más aún considerando todos los escándalos  que la rodeaban: que era imposible trabajar con Chevy Chase, que era imposible trabajar con Dan Harmon, que echaron a Dan Harmon, que echaron a Chevy Chase, que re-contrataron a Dan Harmon, que Donald Glover se fue tras solo dos episodios de una temporada, y así y así y así. Pero el milagro es testamento a sus fans que hicieron campañas presenciales y mandaron correos e hicieron flashmobs en una época en que hacer campañas puede parecerse demasiado a hacer click. Y todo esto porque Community no fue una serie para el menor denominador. Community fue una serie que era como era y de la que queríamos ser sus amigos. O escucharla contarnos cosas y después salir a googlear esas cosas)

Empecé a ver Community porque, el verano de 2012, todos mis escritores de cómics favoritos parecían estar viéndola. Me puse al día en modo maratón y pasé por los primeros capítulos con algo de indulgencia y risas en los lugares esperables y viendo capítulo tras capítulo porque eran cortos, tenían siempre un tag divertido al final, y porque estaba en uno de esos estados mentales en que mejor era no pensar y ver capítulo tras capítulo. Hasta que, a mitad de la primera temporada, cinco minutos entrado un capítulo, éste se pegó un giro indescriptible en ángulos clásicos, y terminó volviéndose una suerte de parodiahomenaje no a una película de mafia en especial, sino a una película de Scorcese en general. Los movimientos de cámara, la voz en off, la iluminación…era una mezcla entre Goodfellas y Casino, pero también con algo más, algo que era original, pero que podía haber salido de la cabeza de Marty mismo. Y ahí hice la pausa, dejé de ver capítulo tras capítulo y empecé a mirarlos con atención y dedicación y después devoción. Vendrían otros tributos, otros giros de forma. Vendría el momento en que dije “estoy al día, por fin voy a poder ver un capítulo nuevo apenas salga”, y cuando no salió me enteré que la NBC tenía la serie congelada. Después volvió, después echaron a su showrunner y pusieron a dos señores que dirigieron una cuarta temporada de la que aguanté cuatro capítulos y creo que tres estuvieron de más. Y después vino esa quinta temporada y ya no hay más.

Pero es pop del bueno. Pop impredecible, con sentimiento y sin sentimentalismo; de ese que uno puede repetirse y repetirse y repetirse y descubrir que tiene más cosas que descubrir, y después volver a repetirse para descubrir que había olvidado que había cosas así de buenas. Sin tener la saturación hiperdensa de Arrested Development, Community salió capítulo a capítulo, a hacer lo suyo, con distintos grados de éxito, pero rehusándose a caer en fórmulas, buscando siempre ser fiel a una voz propia. Y es por eso que queremos ser sus amigos, es por eso que a los que nos gusta nos gusta tanto tanto.

[El efecto mariposa personal: por Community llegué a Harmontown, el podcast aquél del showrunner ese;  y gracias a Harmontown llegué al Kevin Pollack Chat Show, a saber quién es Greg Proops y escuchar The Smartest Man in the World; a the Nerdist, y por ende a Marc Maron, y por ende a Louis CK y por ende a Louie, la serie; a revisitar a Joseph Campbell y a, un día, cansado de perderme en las palabras y en la escritura que avanza a zumbidos de abeja en busca de una buena cita, a probar usar una estructura clásica bien definida para moldear mis historias y que no se me escaparan ciertos puntos clave a la hora de armar una trama. Y la primera de esas historias con molde terminó siendo lo primero que voy a publicar. El efecto mariposa personal.]

No es una tragedia que se acabe Community, porque esa quinta temporada sirvió como coda/despedida; también porque Rick & Morty ahora se lleva parte de la voz de los personajes (la historia B de cualquier capítulo de R&M funciona como el motivo tras cualquier capítulo de Community); y porque, finalmente, pesan mucho, mucho, mucho más los buenos momentos vividos. Los puntos altos y los puntos bajos, y los problemas y los aciertos y las metareferencias y el posmodernismo confuso; todo mezclado en un guión procesado por el destilado y evaporación que supone cristalizar una idea para la televisión en masa; todo esto, como la vida misma, para generar una experiencia que valió más que el éxito mismo de la empresa. Lo que, por cierto, fue el motivo central de la serie, y de cada uno de sus capítulos (menos de la temporada cuatro esa).

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