Editoriales

Cuando no estoy trabajando para pagar las cuentas, ni pegándome cabezazos contra el teclado, ni mirando series con cara de “hmmyelterceractoempiezacuando”, ni perdiendo el tiempo frente al Play, ni siendo un renombrado tarotista bajo el alias Mefisto Maravilloso, estoy trabajando para una editorial. Cierto, es una editorial pequeña, independiente, el trabajo es por amor a la palabra impresa, pero aun así.

Yo el peor de todos.

Siempre me han rodeado buenos editores. O, mejor dicho, me ha rodeado gente con buen ojo editorial. Gente a la que yo le tiendo a decir “tú deberías ser editor” o “el país estaría mejor con editores como tú”. Joey es una editora de primera, innata, que sabe lo que funciona y lo que no funciona en una historia, y que, si vamos a ser honestos, es la única persona a la que le he dicho las frases entrecomilladas de este párrafo; Katty tiene una visión clara de lo que ella cree que debe tener un texto y se lo exige a todos los que edita; Luzámerica, bueno, Luza trabaja de editora así es que no cuenta para estos fines; Nico, el bueno de Nico, en medio de todas sus vueltas y la novela que nunca sabemos si va a escribir o no o si acaso ya está escrita o qué, en medio de todo eso, Nico ha fileteado al menos una novela que resultó ser un éxito de ventas. Cuando su autor publica la segunda novela veremos qué tanto mérito es de él y qué tanto del editor. Porque un editor es así de importante. Y no hay tanta gente capaz de hacer esa pega bien. O será que la gente que más ojo y talento tiene no es la gente que la está haciendo profesionalmente. O será que estas cosas no se pueden enseñar en un programa de posgrado. No en un programa de edición, ciertamente.

Porque el editor, el editor literario, es una rareza cronológica. Tiene algo de viejo crack, pero no puede ser un viejo crack. Es el coach que está en la esquina, con la toalla y los insultos y las palabras justas, pero no es un ex-peleador. Un editor es como un diez clásico : juega para que los demás jueguen mejor. Y los buenos editores son tan difíciles de encontrar como los diez clásicos.

Afortunadamente, no las hago de editor literario. Si esto fuera Hollywood, me haría una tarjeta que dijera Editor Ejecutivo. Doble E mayúscula, quizás en el medio de la tarjeta, como un Rorschach. Mando mails y hablo con gente. Preparo muestras para convencer de que tenemos que publicar a tal o cual, lo que es muy parecido a ser representante de jugadores, editando videos con las mejores jugadas de su crack. Soy nuevo en esto y todavía no tengo la sapiencia para poder hacerlo cínicamente – para poder pegar un gol de chilena con un enganche bueno y un pase preciso de un jugador malo con la idea de venderlo lo mejor posible – y peco, ciertamente, de querer que mis representados se vean como los mejores del mundo. Pronto se me va a pasar esa ansiedad. Espero. Porque las negociaciones de este talante, casi íntimo, son mucho más un juego de tira y afloja que una venta del retail avasallador.

Digamos que colaboro con una editorial. No digamos que soy editor, mejor. Al final, lo que importa es el trabajo y no los títulos. Como esa distinción entre querer escribir y querer ser escritor, que Faulkner deja caer al pasar en su entrevista del Paris Review. Así mismo.

 

BREVES.

¿Intimidad vs Masificación? Ojo con esta respuesta de Spike Lee sobre el proceso de gentrificación de Brooklyn.

Después de demoras y trastornos varios (el número siguiente salió hace dos semanas), llegó el Hawkeye 15 de Fraction y Ajá. Lo leí recién y no voy a leer ningún otro cómic de esta semana porque sería injusto. Es así de bueno.

Por si toda la perorata que da Rust Cohle en el capítulo 5 de True Detective les sonaba familiar a los lectores de Grant Morrison, ojo con las inflluencias reconocidas de Nic Pizzolatto.

Y ya que estamos en ese terreno. Art of the Title entrevista a los realizadores de la secuencia de créditos de True Detective, que es de una elegancia impecable. Art of the Title es una página dedicada los openings, con entrevistas, making off y a veces simplemente recopilaciones de créditos de inicios. How cool is that?

Sigo con Fresán, con quien tuve una reconciliación de página 100 y a cuya última novela ya le tengo más tomado el ritmo. Me gusta cuando cuenta cosas, me gusta cuando hace avanzar la historia supercomprimiendo detalles y esquirlas de otras historias en potencia, como esas tortas que tienen trozos de M&Ms y Skittles y un cuanto hay. No me gusta tanto cuando se pone a revolver engrudo reflexivo.

La imagen mental del día es una torta que tiene trozos de otras tortas incrustados. Cada uno de estos trozos es a su vez una torta entera, que tiene trozos de otras tortas incrustadas. Todas las tortas del mundo están así conectadas por una macroestructura que es a la vez molécula y universo. Todas las tortas todas. Think about it.

Ñam.

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