Voces.

Volví de las vacaciones y no hay mejor muestra de que Volví de las vacaciones que el que esté escribiendo esto. Tenía internet 24/7 en Punta Arenas y salvo por un escape de 24 horas (para mi cumpleaños) por entre los espacios de las antenas repetidoras, bien podría haber posteado todos los días. En cambio, apenas me dio para el post anterior y es recién ahora, una semana después del evento vacaciones, que algo me animo a intentar.

TRUE DETECTIVE AL DÍA – Nos quedan tres episodios y estamos. Y hay que decir que el cuarto estuvo de lo más malo. O más bien disonante. Ultra disonante. Como un segmento de música abstracta en medio del coro de una de Garibaldi. Porque el cuarto capítulo, el que cubre la “semana perdida” de la investigación de Rusty y Martin, es una suerte de riff en el género de los policiales de procedimiento, en medio de una serie de suspenso. Hay cierta valentía en el intento, y gestos como el uso de un plano secuencia de seis minutos de una redada en una población negra no dejan de ser tecnicamente interesantes, pero en general queda la sensación de que, en algún punto del proceso creativo, alguien dijo “Oe, no hemos hecho nada con el tema de los negros y la droga, que están ahí, a dos pasos de la serie”. Una de esas formas de la gente  inteligente pero insegura de cubrirse de la gente ni tan inteligente, pero que vende la pomada. En fin. Lo bueno es que el quinto episodio fue un buen regreso al mejor ritmo de la serie, y que lo del capítulo 4, esperemos, no fue más que un exabrupto.

LA PARTE INVENTADA – Niños, hay un nuevo Fresán en sus librerías. O, si están en Chile, no hay un nuevo Fresán en las librerías y tendrán que esperar a fin de mes. Me han dicho en una que otra librería que es época de vacaciones en la distribuidora, así es que recién en Marzo nos podremos hacer de una copia física de la más reciente obra del argentino que nos cae tan bien y que ha dado tantos pero tantos Salieris en el último tiempo. El problema con los Salieris es que nos han dado tanto gustito a Fresán que al leer the real thing me viene un gustito a saturación. Las muletillas de Fresán (sus “Y, sí” o sus “, pero claro” y algunos anglicismos sintácticos para tomarse las mechas) se hacen más y más patentes. Y están haciendo que me cueste avanzar en el texto, de tanto feedback que me hacen. Lo que llevo (bien poco) me ha gustado, pero tiene pinta de ser un gusto adquirido. Fresán para los fresanianos y los Salieris para el público general, parece ser la consigna.

Es complicada la línea entre tener una voz propia y tener un conjunto de muletillas fácilmente identificables. Cuando uno lleva poco tiempo haciendo algo, las muletillas son una apoyo, un recurso y una estructura. Y su ausencia se siente y perjudica. Como en el capítulo 4 de True Detective donde la falta de la voz hipnótica y atormentada de McCounaghey contándonos lo terrible y fútil que es la vida se extraña sobremanera. Después, cuando uno ha ido demasiadas veces a buscar agua a ese pozo, la voz propia se tranca con las muletillas y uno termina pidiendo, sí, que el autor deje de usar tanta afirmación seguida de coma y vaya directo al grano de una puta vez.

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