¿Queremos la Obra Maestra? – Wakolda (2011)

La Lucía Puenzo de Wakolda (2011) es lejos mejor escritora que la Lucía Puenzo de La Maldición de Jacinta Pichimahuida (2007). Mucho puede pasar en cuatro años de trabajo, pero no es solo la experiencia y el dominio de la técnica lo que se siente más afinado en esta novela. También lo es la elección del tono, el manejo de los ritmos y la preocupación por los personajes. Ciertamente, el descuido y la focalización (y también el estilo) de La Maldición podían ser una suerte de forma imitando al contenido, pero el contenido de la más reciente novela de Puenzo es mucho más solido y denso, y la forma le sigue el compás.

Wakolda sigue un episodio ficticio de los años prófugos del Dr. Mengele por Sudamérica, en particular el período 59-60 cuando se tramitaba su eventual extradición a Israel (y cuando, post-Nuremberg, el mundo ya había reconocido que estaba con vida). La novela sigue una especie de último experimento del genetista nazi, en un relato sencillo, íntimo, bien armado, donde sus piezas encajan con precisión envidiable. Puenzo pone la cuota justa de información sobre la mesa para que disfrutemos de una historia que atrapa, que no da respiros , y, en un mundo plagado de lugares comunes y rebosado hasta el desgaste de imaginería nazi, se las ingenia para contar su historia con elegancia. Es una muy buena novela.

Lo que uno no puede dejar de preguntarse es si acaso no podría haber sido una mejor novela. Wakolda es una máquina muy bien aceitada y sus baches son realmente insignficantes (una cierta repetición de una metáfora, o el uso muy seguido de una misma imagen que no se alcanza a volver motivo: Nada. En serio). Editar este manuscrito para que alcanzase su estado perfecto tomaría menos de una tarde. Podemos tomarnos un café de por medio, incluso. La pregunta que deja en el aire Wakolda va para otro lado. Esta es una novela que, de haber sido escrita en otro tiempo, habría tenido doscientas páginas más. En esas doscientas páginas no habría pasado absolutamente nada que ya no esté en esta versión del texto, pero habríamos visto desarrollados los personajes en profundidad, en exceso. Y sería, sin lugar a dudas, una de las Grandes Obras Maestras de la Literatura Hispanoamericana. O por ahí. Mínimo una aparición en una addenda del canon occidental.

Pero Wakolda no es Bovary. A dios gracias. Wakolda no gasta ni nos desgasta en páginas de páginas de cavilaciones. Wakolda es una novela para estos tiempos: condensada, ágil, precisa. Punzante, también, cuando tiene que serlo – he ahí lo que la hace más profunda que La Maldición, o que otras obras contemporáneas. Wakolda se ciñe a cifras y códigos que le entregan en dos párrafos la profundidad que de otra forma habría tomado capítulos construir. Por eso sigue a un ex-jerarca nazi, no porque sea una novela sobre el nazismo ni porque tenga ningún valor histórico, sino porque la elección del personaje le ahorra tiempo a su autora para construir un relato sobre la soledad y la obsesión. Cut to the chase, literalmente.

Le faltan hartas cosas a Wakolda para ser una obra maestra. No es la intención, tampoco. Pero tiene suficiente genialidad como para hacer inevitable que uno la lea como una suerte de almácigo de la grandeza. Me deja con la sensación de que quizás ya no veamos en nuestro tiempo más de esas grandes, grandes obras. Ya no están los tiempos para eso. Puenzo lo lee bien y entrega una novela impecable. Usted leála.

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