Ximena

Catalina la mira con cara de no entender mucho. Con la cara de un lagarto esbelto que no entiende mucho. Como esas lagartijas erguidas de Australia, esas que viven cruzando el camino. El tiempo en televisión es oro, así es que Catalina vuelve a la carga:

-…pero esto significa que Chile sólo puede perder, ¿verdad?

Hace muchos, muchos años que dejé de ver las noticias por televisión. De niño me encantaba, era uno de los deportes familiares, a la hora de la cena. Ver las noticias y hacer un chistecito con los errores de los locutores, o sus redundancias. O completar la frase de la manera más ridícula posible. Así, las noticias grises se hacían algo más entretenidas. Era un evento y una tradición, y era entretenido. Salvo cuando hablaban los expertos, los analistas, que tenían un espacio regular y que, en su calidad de expertos, cometían hartos errores menos que los lectores, o los reporteros.

Después desaparecieron los expertos. Sobrevivieron unos pocos, con calidad de invitados para ocasiones especiales. Como cuando había una guerra en el Golfo, por ejemplo. Aparecieron unas secciones especializadas que no tenían mucho de especial. Aparecieron unos montajes funestos y absurdos. Todo el noticiero adquirió banda sonora. Y lo peor es que era la banda sonora de Gladiador.Una. Y.  Otra. Vez. A menos de que fuera a pasar algo siniestro. Entonces era la banda sonora del Drácula de Coppola. Después llegó 31 minutos.

En el estudio, Catalina y Ximena parecen uno de esos capítulos en que un personaje viaja al pasado. Un aura rodea al encuentro, dándole un toque de falsedad, como si el borde de su interacción estuviera barnizado de esa estela que deja la pantalla verde de los efectos especiales más baratos. Catalina usa tacos, vestido corto, parece un templo al cilíndro como concepto de diseño, y sus clavículas tienen la marca de una mujer que nació flaca y decidió quedarse así a punta de mucho esfuerzo. Su cuerpo entero habla de un trabajo fuera de cámaras, como si ese hubiera sido su entrenamiento periodístico. Ximena está en otro plano de la realidad. Catalina tiene página en Wikipedia. Ximena no.

31 Minutos era un deleite de parodia a los noticieros locales. Reportajes absurdos, temas sobre-exagerados, y todos los vicios del mal periodismo local llevados a la exageración paródica con gracia, estilo, y títeres. En casa no nos perdíamos 31 Minutos. Era el programa que llevábamos haciendo durante años en nuestras cenas y almuerzos. El problema es que en el curso de cuatro años, todos los noticieros serios y reales estaban usándolo como manual de estilo. Periodistas entonando como Tulio Triviño, notas escándalosamente innecesarias. De milagro las noticias locales no incorporaron un ránking musical. Ver noticias dejó de ser gracioso. Cuando la parodia se vuelve realidad, es porque algo anda realmente mal. Dejé de ver noticias. No me la podía con la vergüenza ajena, que se transformaba en rabia e incredulidad ante tanto esperpento junto.

Pero ayer me desperté y prendí el televisor y hay estaban las noticias. Y ahí estaba Ximena. Con su pura planta de movimientos interrumpió mi zapping y yo me quedé escuchándola. Zapatos planos, falda ni tan corta ni larga, un aire (y una dicción) profesoral. Explicaba de qué iba esto del fallo de La Haya que ya viene. Se apoyaba en un mapa y señalaba cómo eran las cosas. Del otro lado, Catalina la miraba, con su aire reptiliano y su musculatura tensa, buscando la cuña…

– pero esto significa que Chile sólo puede perder, ¿verdad?

Ximena se tomó el tiempo una vez, dos veces, tres veces, para decir, en todos los tonos posibles, que esos no eran los términos en los que había que medir la situación. Que la demanda de Perú era perfectamente lícita; que había muchos escenarios posibles. Yo la miraba, encantado, feliz. Había en la tele, en las noticias, alguien que hablaba con conocimiento de causa, de manera articulada y coherente. Y usaba zapatos planos. Los zapatos planos, como las canas sin teñir, se me hacen significante de distinción en una mujer. Gestos de naturalidad que miran de frente al mundo cosmético y no le tienen miedo.

-Creo que hay que hacer un llamado a la sensatez.

Y Ximena Fuentes Torrijo, académica de la Universidad de Chile, doctora de la Universidad de Oxford, mujer de zapatos planos e ideas bien articuladas, se me apareció como un ángel televisivo. Como si la forma y fondo de su exposición no hubieran sido lo suficientemente impecables, se despachó esa perla condensada de todo lo que yo llevaba años queriendo escuchar de una persona lúcida en un medio abierto. No sé ni quiero saber mucho más de esta profesora, pero ayer en la mañana hizo que me día empezara tanto, pero tanto mejor de lo que me esperaba. La felicidad está compuesta de chispazos como éste.

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