Sueños

Un buen amigo me ha escrito un correo largo, que termina con “fuera de eso, con calor, pero sobre todo con sueños para este año”. El año nuevo nos renueva, ciertamente, la esperanza de que las cosas van a ser distintas, y nos permite entablar ciclos más allá de los personales. Claro, mi amigo es profesor, lo que hace que el fin de año realmente cuadre muchas cosas en su vida. A mí me pasa cada año más y más que mis ciclos los marcan otras cosas: viajes, partidas, proyectos, sorpresas. Y me pasa que planifico menos que antes…

Llevo una semana soñando con __. Históricamente he soñado con ella, e históricamente he tenido sueños profundamente proféticos, de una precisión punzante. No ha sido el caso de los de esta semana. Porque los sueños proféticos tienen un dejo de verdad que uno reconoce incluso al despertar. El corazón late distinto y uno despierta con un sabor especial en la boca. En esos primeros minutos del pánico de amanecer a la realidad trato de dejar fijo el recuerdo como otros patalean para salvar su vida. Pero si uno sueña cinco de seis noches con una persona, otras cosas empiezan a pasar.

Bruce Lee predicaba que uno debía aspirar a ser como el agua. Fluir y dejarse llevar, encontrando así el momento para volverse una fuerza erosionadora irresistible, y también el momento para ser un estanco de relajamiento. Harta gente ha predicado filosofías parecidas, pero nadie es más bacán que Bruce Lee. En serio. Así, mi mayor aspiración en la vida es esa, dejarme llevar un poco más y dejar de tener un plan para todo. Paradojalmente, ese es mi plan, pero hago lo que puedo por no detallarlo, como he hecho siempre. Históricamente, trazo un plan, bien elaborado. Después siento que nada me va a salir bien, lo cotejo con mis logros y siento que no y no nomás. Después, cuando ha pasado el tiempo, veo que en efecto conseguí llegar al lugar justo donde quería; solo que no me di cuenta, o lo sufrí mucho por estar pendiente de la planificación. La victoria pírrica por excelencia. Salvo con __. Con __ todo es impredecible, indeterminado, fantástico. Quizás por eso…

Durante mi sueño del viernes pasado, __ se comportaba de una manera profundamente extraña, irreconocible. Como si fuera alguien haciéndolas de __. Se lo pregunté, en el sueño. Dándose por sorprendido, el espíritu/troll que se estaba haciendo pasar por __, salió corriendo dejando atrás una suerte de capullo con la forma de __ (imagen tomada de esas máscaras del Duende Verde) y se fue, fugaz, con una risa medio macabra, medio traviesa. Desperté maldiciendo esas historias tradicionales japonesas, en las que los zorros se hacen pasar por una persona querida para engañar a sus víctimas. Kitsune.

Con los años me cuesta tener sueños macroestructurados. Aunque, la verdad es que me cuesta porque ahora estoy viviendo una parte de un sueño macroestructurado. Le respondí a mi amigo ayer para decirle que dos mil trece había conseguido reparar todas las heridas y todos los huesos rotos durante dos mil doce. Según la lógica, dos mil catorce será un año de expansión y buenos presagios, para que en dos mil quince la rueda vuelva a girar y vuelvan la tribulación y todas las cosas que me hacen crecer. No son las pequeñas grandes pruebas de Yoghurt Soprole, sino que es un destino circular (que gira en un mismo lugar, clearly).

Quizás, algún día, podamos planear con __. Quizás entonces deje de soñar y ciertamente para entonces dejen de meterse esos kitsunes molestos en mis sueños. Mientras tanto sigo construyendo y expandiendo. Sigo así. Fuera de eso, con calor, también.

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