Cosas que no funcionan: Sherlock S3E01 – The Empty Hearse (Ed)

Musho. Ahí quedan sintetizados los diversos problemas del retorno de Sherlock en su tercera serie de la BBC1. Musho montaje, musho ridículo, musho jugar con el espectador, musho, musho, musho. Musho muy mal hecho. Vamos por parte.

En 1903 Arthur Conan Doyle cede a las presiones del público y los editores y reinstaura a su detective en el mundo de los vivos. Diez años atrás, Sherlock Holmes se había despeñado junto a su archienemigo el profesor Moriarty por las cataratas de Reichenbach. Como interludio, en el mundo de la publicación, Conan Doyle publicó The Hound of the Baskervilles, la mejor novela del ciclo de Holmes, a ver si toda esa gente que clamaba por un retorno lo dejaba tranquilo. Pero no lo dejaron tranquilo.

En enero de 2012, el Sherlock adaptado por Mark Gattiss y Steven Moffat se despeñó solito (su Moriarty se había suicidado hace instantes) de la cima de un hospital en “The Reicehnbach Fall” el último de los episodios de la segunda serie. Al final del episodio, su amigo el doctor Watson (Martin Freeman como el Mejor Watson de la historia) visita su tumba, desconsolado, clamando un milagro y una resurrección. Desde las sombras, el detective observa la escena. Corte y Créditos.

No iba a ser fácil traer de vuelta plausiblemente a Holmes. Cuando cayó de la catarata en 1893 no había habido testigos (dejó una nota explicando que su fin estaba cerca) y bueno, una caída de catarata no es tan difícil de falsear. En 2012 había caído de un centro urbano en un mundo lleno de cámaras y dispositivos que lo observan todo. En un siglo como humanidad hicimos más complicado eso de andar fingiendo la propia muerte. Hurray, hurrah.

The Empty Hearse intenta hacerse cargo de esta dificultad. Además, intenta reconectar a Sherlock con su círculo interno, y especialmente de parchar plausiblemente la relación con Watson. En 1903 Watson llegaba por cuenta propia (con una pequeña guía) a descubrir que su amigo estaba vivo y el espíritu de los tiempos hacía que de inmediato el doctor se pusiera a las órdenes del detective, sin sentir resentimiento ni indignación alguna. Y si hay algo que Sherlock ha hecho siempre bien es actualizar la relación entre Watson y Holmes al espíritu de nuestros tiempos.

Si el capítulo del 1 de Enero de 2013 se hubiera tratado exclusivamente del intento de reconexión de Sherlock con Watson, sazonado esto con un misterio menor, habríamos tenido flor de capítulo. No es fácil volver a la vida de alguien después de dos años, y los ajustes entre los personajes iban de por sí a dar para sostener un capítulo entero. A la hora de trazar el armazón para este retorno el camino estaba más que claro. Pero.

Pero el episodio está saturado de montajes innecesarios que enlodan lo realmente importante. A media hora de ver The Empty Hearse uno tiene ganas de bajarse del barco y vomitar un ratito, porque el mareo de tantos elementos que terminan por no aportar nada es insoportable. ¿Y qué tiene de malo con cortar a negro una escena y empezar otra desde cero? Las transiciones con imágenes que se funden, difuminan, o recortan hasta volverse parte de la escena siguiente parecen ser un mandato y terminan sobreacelerando el ritmo de la serie. Claro que no es un ritmo frenético de eventos y descubrimientos. Es un ritmo frenético relleno de aire.

En medio del cúmulo de transiciones y montajes, la historia comete otro error capital al abusar de los hipotéticos. Una y otra vez vemos acontecer catástrofes (explosiones, muertes) que le restan valor narratológico al resto de lo que sí sucede en el capítulo. Así, entre efectos vacíos y situaciones que pueden no estar realmente pasando, cuesta conectarse con la historia.
El capítulo tiene un par de momentos rescatables, como son ciertas interacciones entre sus personajes, aunque estas son más bien escasas. Tras dos años de ausencias, Sherlock y John aún se aman en su manera extraña e inusual y esto se refleja cada vez que pueden conectar de un modo más simple y sin artificios. El montaje musical del comienzo, en el restaurante, es un ejemplo de todo lo contrario.

The Empty Hearse adolece de efectos y secuencias que sobran. En medio de estas se esconden chispazos de sencillez y buenos momentos entre sus personajes. Más de los últimos y menos de los primeros le harían mucho bien a la serie. Porque escasean momentos releveantes; y de parafenarnalia hay muchos. Mushos.

 

APARTE: En medio del estofado de secuencias hipotéticas e imaginarias, hay una teoría expuesta que tiene a Holmes y Moriarty de orquestadores de una tremenda conspriación. La química en eso escasos segundos entre Benedict Cumberbatch y Andrew Scott es tan buena (nótese el relajo fuera de personaje casi al reírse ambos) que me dieron todas las ganas de dejar de ver Sherlock y cambiarme a una serie donde estos dos se dedicaron a maquinar planes para entrenerse a costa de los simples mortales. Qué buena seria

N. del E. – Los últimos tres párrafos se los había comido mi teléfono, desde donde tipée este comentario.

 

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