Regresos

Dan Harmon creó Community, la mejor comedia que los gringos han dado post-Arrested Development. A Dan Harmon lo echaron de la serie que él mismo creó. Porque era muy difícil trabajar con él, porque no le ponía atajo a los actores con los que era difícil trabajar, porque trabajaba más de la cuenta, porque no iba a trabajar, porque.

Dos mil doce fue un año horrible. En verano yo figuraba impávido viendo como se desmoronaban proyectos, ilusiones, relaciones. La primera anestesia que encontré para ponerme fueron las tres primeras temporadas de Community. -Si el Flying Circus de los Monty Python salvó a George Harrison de la depresión tras la separación de los Beatles…-pensé.  Y el primero de los golpes en este plano llegó cuando se me acabaron los capítulos justo con el de Navidad. Era febrero y ya había aplazado un viaje a Estados Unidos que terminaría por no hacer nunca. Pensé que me había equivocado al bajar los episodios, que la culpa era mía. Revisé: la serie estaba suspendida indefinidamente. Como mi viaje.

La serie estaba completamente filmada, me enteré. Dan Harmon se había peleado con Chevy Chase, me enteré. Dan Harmon tenia un podcast donde hablaba de lo que se le daba la gana frente a una pequeña audiencia en una tienda de cómics de Los Angeles, me enteré.

Community volvió, eventualmente, cuando yo no podía estar más triste. Semana a semana, episodios desfasados producto de la suspensión seguían aportando la misma intensidad de referencia, el gusto por la meta-referencia, la presencia de estructuras dentro de estructuras y, por sobre todo, el gusto de estar viendo una comedia que, tras los chistes y las situaciones, esconde un corazón y una voz bien claras. Ah, además es de las pocas comedias estadounidenses que tratan al espectador como una persona capaz de retener más de dos conceptos en media hora.

Dos mil trece fue menos horrible que dos mil doce. Fue el año en que se cayeron los otros proyectos, los que me habían dado esperanza durante dos mil doce. Como muletas, colapsaron y quedaron atrás, en desuso. Fue el año en que, en la tranquilidad de mi hogar, sané mis heridas, limpié la mente, me decidí a buscar a mis amigos y a enfrentar la vida en los puntos que más me complicaban. Fue el año en que escuché, religiosamente cada lunes, Harmontown, el podcast de Harmon, que a veces las hace de evangelista de Joseph Campbell. Desempolvé mi Joseph Campbell y me uní a su culto, brevemente como me uno a todos los cultos. Repasé las nociones de argumento y guión,  y me dí unos meses para creer que todas las historias tienen un solo nucleo, que quizás estamos siempre contando una misma historia y que si esto es así, ha de ser porque Algo nos estamos intentando advertir con urgencia de generación en generación. Quizás todos tenemos una jornada personal  tenemos que enfrentar lo peor de nosotros para poder volver al punto de partida, transfigurados y mejores.

I’m tired of the wait-and-see’s//I’m tired of that part of me. Cuando The 88 grabó la versión extendida del tema central de Community, para el CD de la banda sonora, necesitaban con urgencias un par de líneas extra, de relleno, para que la canción durara más. Y el gordo Harmon fue y las escribió en horas extras. Y el mundo es un lugar mejor porque existen esas dos líneas. Porque al menos mi mundo es un lugar mejor gracias a que puedo entonar una tonadita por la calle y decir I’m tired of the wait-and-see’s//I’m tired of that part of me. Mi jornada personal.

Community fue una de las muletas que cayeron en dos mil trece. NBC no le renovó contrato a Harmon, despidiéndolo de facto y dejando a cargo del programa un par de showrunners que hicieron del programa una parodia de sí mismo: un caracol lento, que intentaba encontrarse una cola inexistente por momentos, y que por otros terminaba resultando Una Sitcom Más. Dan Harmon siguió con su podcast, empezó a buscar otros proyectos, la serie parecía que sería finalmente cancelada, lo que francamente era más un tiro de gracia que otra cosa. Aguanté tres capítulos de la temporada 4 y sería. Game Over y a otra cosa.

Hasta que llegó la noticia. LA noticia. Por segunda vez en la historia de la tv gringa un showrunner volvía a su serie. La NBC vendió los derechos de sindicación de la serie y estando en el punto en que nada podría importales menos, dijeron “bueno, démosle en el gusto”. Ni a Harmon ni a la gente, sino a los actores que presionaron para que volviera. Y volvió.

Campbellianamente, Harmon vuelve a una serie que ha perdido un par de actores. Porque no se puede volver, no se puede completar la jornada del héroe sin sufrir pérdidas, sin transfigurarse para re-inventarse. Como este dos mil catorce, que mpezó hace dos días. Ayer volvió Sherlock, la próxima semana sabremos cuándo vuelve Casanova (el mejor cómic gringo del siglo). Hoy vuelve Community, que es mi segundo regreso más esperado del año. Va siendo hora de dar vuelta a los círculos, de dejar atrás las noches oscuras y los caminos de tribulaciones. Es hora de reinventarse, de reacomodar las piezas importantes para que nos acompañen en la alegría como nos acompañaron en la tristeza.

Creo que estoy queriendo decir “Feliz Año Nuevo”. Hola, de nuevo.

 

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