Rodillas

Nada mejor que caer contra la rodilla derecha. Total, el dolor duraba tan poco y la única forma de compensar con todo lo malo que era para la pelota era a) barrerme para sacarla con la izquierda y b) jugar al arco poniendo todo de mí hasta en el partido más insignificante del recreo más corto. Tenía dieciséis años y Radiohead acababa de sacar el OK Computer.

El domingo pasado me quedé abajo de un partido aduciendo lesión por primera vez en mi vida. Hito pequeño, pero decidor. Cuando tenía dieciséis y volvía a clases después de un recreo particularmente atajado, pensaba que por ahí por los treinta sentiría los dolores acumulados, como tendiendo un puente con un futuro que no llegaría nunca. ¿Quién iba a seguir jugando a la pelota a los treinta años?

Thom Yorke tenía veintinueve años cuando salió el OK Computer. Ahí, en No Surprises, remata la primera estrofa en la que describe la desazón de envejecer con un bruises that won’t heal.

Yo tenía once años y, como iba a un colegio donde nos prohibían jugar fútbol en los recreos, jugaba con mi amigo Nicolás los sábados. Nico vivía en un complejo de departamentos cerca de una plaza, la que acopiaba a niños de varios de esos departamentos y siempre había partido. Jugábamos con niños pequeños y cabros más grandes. Una jornada bien atajada, en especial contra los cabros más grandes, terminaba sí o sí con una esguince menor en el dedo medio de la mano derecha; el dedo que siempre se dobla a destiempo, porque es el más largo, el que llega a los pelotazos fuertes y esquinados. Sábado de dedo hinchado, domingo de dedo morado, miércoles con un poquito de dolor, sábado de vuelta a jugar. Lo mismo con los moretones en las rodillas. Un ciclo de una semana bastaba.

A los veintidos, tras varios años fuera de las canchas por depresión, volví a jugar y el ciclo de recuperación seguía bien ajustado. A los veintinueve, no alarms and no surprises, la cosa no era tan simple. Las costras dejaron de formarse y caerse en siete días, los golpes de un partido pegaban en las heridas del anterior.

Este año tuve no solo varios partidos bien duros los miércoles, sino que además empecé a jugar fútbol de a once los domingos. Desde hace un par de semanas ya venía ligeramente adolorido y cuando terminó el torneo y lo ganamos me relajé y ahí vino el dolor más constante y ayer en la mañana no podía ni flectar ni estirar del todo la rodilla sin que me molestara. Avisa que no iba. Me respondieron que no me preocupara, que habíamos ganado por no presentación del rival. La vida simplemente.

Ayer me miraba la rodilla derecha, la estiraba y sentía que en ese dolor suave y punzante había una pequeño cabo, amarrándose suave y punzantemente para terminar de completar un puente comenzado quince años atrás, cuando el OK Computer estaba tan de moda.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: