Obsequios

El hombre del gas se demoró poco en llegar. No habían pasado veinte minutos de mi llamado y ya estaba con su triciclo estacionado en la esquina de Luis Beltrán con El Innombrable. Como son días de vacaciones, no hice mayor esfuerzo por vestirme ni nada, bajé la escalera que da a la puerta en mi pijama y mi cara de “estoy en pijama porque me quedé sin gas, obvio”. Cara que se descompuso rápidamente, al ver que el hombre del gas tenía en sus manos algo que parecía ser un montón de correspondencia, y que me extendía con gesto casi mecanizado.

– ¿Y esto? – le dije con tono mitad de sopresa, mitad de “yo no tengo tantas cuentas”.

– Son sus obsequios – me dijo, con acento peruano, y la acertividad de alguien que está constatando que hoy hace calor.

Le hice el gesto para que pasara al segundo piso a dejar el cilindro nuevo y se llevara el antiguo, tuvimos una leve confusión con la cantidad de vuelto que había quedado de traer, le terminé pagando con cheque; y en todo este devenir de acontecimientos me retumbaba la palabra.

“Obsequios. Obsequios. Obsequios.”

Los obsequios en cuestión son un cerro de sachets de esos cafés con sabor Nestlé. Venían en bolsitas de a tres, cada conjunto acompañado de un magneto para refrigerador con el número que hay que marcar para pedir gas. Lo primero que pensé cuando me pasó el montón (tengo siete bolsas de a tres sachets) fue “pero si a mí ni siquiera me gustan estas cosas”, pero me desarmó la palabra “obsequios”. Más encima con la articulación peruana que no elide eses ni consonantes finales. Pensé que en esta vida me han hecho mucho regalos, incluso algunos presentes. Pero hasta hoy nadie me había dado un obsequio, enunciado como tal.

Volví hace poco de la celebración navideña familiar, con algunos regalos bajo el brazo. En el papelero habían siete magnetos con el número de la distribuidora de gas licuado. Quizás deba botar el del refrigerador y reemplazarlo con uno de esos que están en la basura ahora. Mal que mal, los nuevos vienen con el 2 que hay que anteponer a los números fijos ya incorporado. Sobre la mesa todavía estaban mis obsequios.

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