Vivos

El documental, querido lector, sigue vivo.

Ayer pasó su primera (de dos?) sesiones de revisión, ante los ojos de los dueños de las imágenes. Quedó agendada para tres semanas la sesión de avistamiento con los mandamases de la institución. Fue como ganar una semifinal.

Quedan cosas por hacer, mezclar el audio en 5.1, por ejemplo, cosas técnicas. Nuestro director está llevando esa batuta y empujando la nave. Pero puerto está ahí, a la vista. Ya estamos en la fase del todo  o nada, sin repeticiones ni extensiones.

 

Uno va por la vida haciendo las cosas por primera vez y no sabe bien dónde están los límites ni cuál es el terreno. Descubre que tiene que retroceder, que choca con la gente, que a veces está en el aire. Con suerte, descubre que caminó sobre el aire post facto. Con mala suerte, descubre que está caminando sobre el aire y alcanza a mirar a la cámara como Wily E. Coyote, antes de desplomarse. Y desplomarse es el momento en que uno debe levantarse de nuevo. Hasta que no sea capaz de hacerlo.

Esto lo digo pensando en todas las veces que escribí “ya estamos” o “acá terminó mi participación en este documental”, con sinceridad, con la felicidad del trabajo terminado. Y después pasó algo, hubo revisiones, cambios, material extra. Debería estar lo suficientemente viejo como para no dejar que estas cosas me afectaran, pero es mi primera vez en estas lides y me la vivo así, intensamente. Ahora mismo ya no queda mucho por hacer, pues el trabajo de un escritor termina siempre mucho antes que la producción o post-producción de una película. Es un medio colaborativo y lo único que me queda es el orgullo de haber aportado aquí y allá con ciertas ideas claves. Lo que pase con ellas, con los cambios que pueda sufrir, por motivos creativos o burocráticos, queda fuera de mi. Y es parte del proceso de dejar las ideas, las creaciones, partir. Cosa que me cuesta mucho, sobre todo cuando los motivos son burocráticos. Me duele y me raspa tener que aceptar con mi mejor cinismo que “así son las cosas” y “así funciona el mundo”. Pero prefiero que me duela y me raspe a hacerme el indolente. Y lo entiendo. La experiencia del trabajo en este documental estuvo así, marcada por aprender a lidiar con eso. Mi camino terminó siendo el de aceptar tanto el cambio como el golpe, porque es lo que me mantiene más vivo.

Pienso harto en el documental, lo sigo con la religiosidad con la que sigo al equipo que es su sujeto. Ya más en condición de hincha, también. En condición de observador, también. Escribo al respecto, a mano, en otros lados. Acerca de la experiencia del trabajo, como de los distintos sujetos que la fueron informando. Es mi forma de procesar las cosas.

 

Queda poco. Cada vez queda menos. Ha habido un par de buenas inversiones en publicidad que le auguran un buen futuro. Hoy tuve la patudez/psicomagia de mandar una biografía para una pieza que escribí para una publicación de mi alma mater, he incorporé un “escritor de “Más Allá del Horizonte” documental pronto a estrenarse”.

 

Esto es para los vivos, y nosotros estamos vivos.

 

 

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