Upstream Color (2013)

No le he seguido la carrera a Shane Carruth, el director/actor/escritor/compositor de la banda sonora de Upstream Color (2013). Caí en esta película como en una suerte de alto de mi carga filomgráfica de los últimos días, que ha estado cargada a los 40s y 50s, porque ya no las hacen así nomás. Lo bueno es que, dentro de la plétora de secuelas, adaptaciones, comedias románticas, comedias románticas que son la secuela de la adaptación y el largo etcétera ese, hay gente como Shane Carruth. Gente que tiene claro que el lenguaje del cine es primariamente visual, que las posibilidades narrativas y evocativas de este medio pesan más por ahí que por la posibilidad de resumirte en nueve horas un libro de mil ochocientas páginas.

Upstream Color tiene una premisa argumental más o menos básica para los canones de la ciencia ficción: un agente patógeno es sintetizado por los humanos para establecer control sobre ciertos momentos de sus vidas, como una suerte de burundanga sublimada. La película explora la naturaleza de estas relaciones parasitarias entre las personas y los ciclos en los que se ven involucrados dos personajes, pues el agente patógeno (sintetizado de los restos de un tipo especial de gusano en un tipo especial de planta) tiene un ciclo propio y los personajes se ven envueltos en este, con miras a romper esta cadencia que gobierna sus vidas sin que ellos mismos lo sepan. Es una tragedia griega, una lucha contra el capitalismo, una película de sci-fi urbano, todo en uno.

Blue is the colour

Un cuadro cualquiera de la película, con el azul invadiendo la pantalla, como va a invadir todo durante Upstream Color

Los puntos altos de Upstream Color son su montaje, su carga visual, y la habilidad de su director para saltarse las narrativas convencionales y no dar explicaciones. Está bien que así sea. Es una película que toma un tiempo digerirla, pero es una experiencia visual que mantiene los sentidos lo suficientemente impresionados para que el aparato racional del espectador quede embotado por la hora y media de exposición a colores intensos, sonidos complejos y a un montaje que no da explicaciones, porque confía en la sensatez e inteligencia de su espectador. Déjame decirlo de nuevo:

UNA PELÍCULA QUE CONFÍA EN LA SENSATEZ E INTELIGENCIA DE SU ESPECTADOR.

Si usted está allá afuera pensando en crear algo por primera vez, dése el tiempo de ver película

s como esta. De leer libros como los de Pynchon, Foster Wallace, y hey, el Ulysses de Joyce. Explore la posibilidades narrativas/comunicativas de su medio sin prejuicios, sin miedo a que algo no se entienda, sin pasarse rollos ni caer en excesos. O mejor aún: caiga en todos los excesos hasta temperar su propia voz y encontrar el punto justo. A Carruth en Upstream Color le falta un poquiiiito para la perfección – hacia el final la película tiene finales múltiples, lo que siempre es una seña de una historia que no supo terminarse o no quiso, o de los tiempos postmodernos, quién sabe. Pero de las tres últimas escenas en Upstream podría haberse hecho un montaje que mostrara sólo una y sería una mejor película. Aún así, es una Gran Película, de esas que dejan hablando, pensando, que impactan e impresionan aunque uno no tenga mucha idea de lo que está pasando. Porque uno siempre tiene idea de lo que está pasando: el cine se intuye, como la música, como la apreciación de cualquier medio. Y en esa intuición gana Upstream Color, empujando durante una hora y media los límites de una narrativa convencional, sin caer, por ejemplo, en los excesos de Lynch en Inland Empire. Esta es una película que pinta dentro de los márgenes, pero pinta con pasión fauvista.

Oink!

Un plot entero está dedicado a saludar a Aldous Huxley.

Véala, pero también escúchela. La banda sonora juega un rol preponderante en la película, a ratos relevando a la imagen como medio de sustento artístico. Como producto del diseño de la misma persona, es un componente importa

nte en la experiencia de ser espectador de Upstream Color. Quizás se le llega incluso a pasar la mano, pero el golpe sigue siendo igual de efectivo.

Es una buena película Upstream Color. Quizás una Gran Película, pero eso es una cuestión de tiempo. En su exploración de las relaciones humanas, sus construcciones metafóricas sobre la vida moderna y su énfasis en la importancia de la conexión entre las personas como una salida al sistema logra, blindándose con una estética bien trabajada y una banda sonora dominante, generar un mensaje honesto, crudo, positivo sin caer en los lugares comunes que suelen diluir y co-optar para el sistema mismo la honestidad: sí, la vida es un cagazo; sí, hacemos día a día un sinnúmero de cosas sin saber por qué las hacemos y sin tener certeza alguna de lo que el mañana va a traer. Pero nos tenemos a nosotros mismos, como individuos y en comunidad, o al menos en contacto con la persona que está al lado.

¡Ah! Y también funciona como una película de Boy-meets-Girl. Meet the director, también, a mano izquierda de su pantalla.

 

 

 

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