Casos y cosas de casa: La Araña

Pasaron tres semanas en mi hogar nuevo sin ver una araña. El lector antiguo con extremadamente buena memoria o quienes me conocen personalmente sabrán que mi relación con los arácnidos es, por decirlo menos, compleja. De niño me daban mucho miedo (nunca me han mordido ni nada), y ya de grande pasé del miedo paralizante a la ofensiva contra ellas, y de ahí a una suerte de reverencia y respeto, y así.

La semana que pasó estuve leyendo y viendo documentales sobre la forma en que las arañas construyen su red (como quedó señalado en un post anterior) y tomé más de un apunte sobre la forma en que estas redes reflejan la construcción de nuestras historias, o al menos proveen un modelo para ello. La primera hebra como el tema de la historia, la circunferencia exterior como la anécdota fundamental, esa que puede o no terminar en el borrador final, los radios como los personajes, y así. En días en que me agarro a cabezazos contra el acto de escribir, las telarañas amortiguan los golpes y me dan un sentido. Además, es entretenido pensar estas cosas.

Hoy abrí los ojos y vi la primera araña de esta casa. Pequeña, entre amarilla y colorada, caminaba a simple vista por el aire, equilibrándose en lo que debía ser el eje central de una futura red. Se adaptaba a sus nuevos entornos, buscaba los ángulos justos para tirar radios. Sutilmente, trabajaba y trabajaba, ignorándome en mi despertar como me había ignorado en el sueño. Cada uno en lo suyo. El lugar que eligió para hacer lo suyo había sido, curiosamente, un espacio entre la mesa de noche y el marcador de libros que está dentro de Against the Day, que es uno de los tantos libros que tengo de cabecera, pero el que tiene el marcador más prominente, por cierto. Es un marcador de libros del Dr. Mortis, de la vez que fui a la Qué Leo y salí con Leñador, Emaus, y Homeostasis. Buenos libros los tres. Quizás el tercero cumpla mejor lo que se prometió realizar, pero son buenos libros los tres.

Encontró su fin pronto. Hice el intento de rescatarla y sacarla sin llegar a la violencia física, pero se me escapó como se escapa un tiro asustado de un policía mal entrenado. En el largo historial de mis relaciones con las arañas, de esta no me voy a olvidar tan fácilmente.

 

 

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