Historia de dos reseñas

Comíamos fish and chips con Katty, y Katty me hablaba de la última novela de Mike Wilson. A Katty le gusta harto Wilson, algo tiene el argentoamericano en su narrativa que le resuena…cosa rara, porque toda la obra pre-leñador de Wilson se carga más al posmo y al pop, dos cosas que hacen que Katty haga arcadas. Por suerte, no las hace mientras comemos fish and chips, a modo de despedida de su vida santiaguina, ahora que se va a la australidad suprema. Me alcanzó a explicar algo así como dos cosas de la novela y a sacarla de su cartera para leerme un par de párrafos para que yo le dijera que si acaso tenía algún inconveniente en acompañarme post-almuerzo a la Que Leó más cercana a hacerme de una copia de Leñador, novela que sí tiene todo el sentido que le resuene a Katty que por algo es tan feliz allá en la australidad suprema. De esto hace ya más de un mes.

Ni bien supe de qué se trataba, sentí el impulso de ir a leerla, de devorarla y producir una reseña. Como un llamado a la aventura campbelliano, algo en mí sabía que tenía que leer Leñador y sabía que tenía que escribir una reseña al respecto. Naturalmente, pensé en la gente de Intemperie, que no ha tenido más que la mejor de las voluntades para conmigo en el breve tiempo que trabajamos juntos. Pensé “les voy a escribir un correo diciendo ¡sorpresa! siempre les escribo de cómics, pero acá tienen una reseña de una novela”. Pensé mal, porque el paso obvio era decirles “hey, estoy leyendo esta novela, ¿les interesaría una reseña al respecto?”. Porque, llegado el día, cuando tenía mi reseña lista, me encontré con que era el mismo día en que Intemperie publicaba su reseña de Leñador, firmada por María José Navia, con quien no tengo contacto desde hace algo más de un año, pero que sigue teniendo un lugar muy importante en mi corazón, lo que hacía de todo este entuerto algo muy irónico. O, a lo menos, metanarrativo. Dejémoslo en meta.

¿Qué es lo que hace que dos personas lean una novela y escriban una reseña simultáneamente? No lo sé, pero algo en mí me hace creer que el impulso original, ese impulso acelerado que tuve de leer la novela para escribir sobre ella era una especie de premonición. No sabía contra quién estaba corriendo, pero sentía el impulso de la carrera. Carrera que perdí de flojo y dejado, como es natural, porque mi reseña estaba lista varios días antes de la publicación de la de Intemperie. Pero estaba ahí, en el escritorio,  versión 0.8 hasta nuevo aviso.

No dejes para mañana…

La buena gente de Intemperie demostró ser aún más mejor buena gente de lo que ya había sido y me reubicó la reseña en otra plataforma. Es probable que salga sino esta semana, a comienzos de la otra. Desfasado y tarde, pero ahí estará. Es un reseña positiva, pero un poco más crítica que la de Navia, porque, hey, soy yo. E incluye la palabra “osito”, que es el tipo de cosas que le dan alegría a mi corazón. Pero la lección queda, las sincronías quedan ahí, en cuestionamiento. Quedan también las buenas voluntades de todos los involucrados. Usted no sea pavo, presione “send” en cuanto termine.

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