Emaús

Hace poco menos de dós décadas, Alessandro Baricco escribió una nouvelle que se llama Seda y que es un texto muy breve, donde la repetición de segmentos produce un efecto delicioso, letánico, como el de las composiciones de cierto Ligeti. Algo destila en su composición, como gotas de rocío bien frescas en medio de un paisaje arenoso e inmutable. Es una gran nouvelle.

Se me ocurre que una de las razones del éxito descarado de Seda, sobre todo por estas latitudes, es que es breve. Se lee en cosa de horas, y permite hablar con propiedad de ella rápidamente. Se transmite viralmente en esta época en que tenemos todos una capacidad de concentración cada día más youtubesca. Y cómo está bien pulida y armada: tate, éxito seguro. Más gente habla de Seda que de City, la novela que le sigue en la bibliografía del autor y que es una delicia con todas sus letras. De esos libros fundamentales que le presto a la gente cuando quiero que me entienda un poco más.

Diez años después de City, y con harto más bagaje y libros bajo el brazo, me vuelvo a encontrar con Baricco. Ahora leyendo otra nouvelle, cuyo título da nombre a este post.

En Emaús, Baricco está haciendo malabares con múltiples esfera, tiene, por un lado, la novela de formación; por otro va la nouvelle como formato; y por otro está el uso de la primera plural: atisbos de un narrador que se quiere parar sino en la invisibilidad, al menos en la indecibilidad.  El argumento es simple: cuatro amigos unidos por su credo católico están creciendo, dejando de ser niños, dejando de ser adolescentes, dejando de ser católicos. El título de la novela viene tomado de la anécdota de aquellos transeúntes en el camino de Emaús, que fueron los primeros en encontrarse con Cristo resucitado y que pasaron un buen par de horas antes de que les cayera la teja de que estaban junto a El. Cristo. Resucitado. Naturalmente, el tema del (no) reconocimiento y su contraparte, la anagnorisis, empapa la novela, y de ahí la modalidad narrativa elegida por el italiano. Su primera plural, que corresponde a un narrador anónimo que habla a nombre de sus amigos, pero que tiene una personalidad definida, si bien transparente, le funciona al autor para ir lentamente descascarando las construcciones de la adolescencia y marcando el paso a la adultez. Esto redunda en que durante la mitad de la nouvelle (60-70 de sus 150 páginas), el narrados sea un completo insoportable, uno de esos personajes que uno no sabe si acaso están ahí para que uno se burle de ellos o para que los admire. Su catolicismo adolescente es tan grato como tomarse quince litros de brea al seco, y Baricco lo hace ver ridículo a ratos en su autoflagelación…es un muy buen católico.

Hacia el final, la historia se compone. PASAN COSAS, lo que es un alivio, porque durante la primera mitad no pasa absolutamente nada. Consciente de esto, Baricco agregó (asumo) una secuencia de prólogo. En esas dos primeras páginas hay más acción que en las siguientes sesenta, pero la cosa mejora. Y cuando mejora, cuando la historia habla con sus acciones más que con sus filosofar (a veces literalmente) pajero, uno empieza a sentirse agradecido con el autor por sacarlo de la miseria a la que lo sometió al principio. Baricco se toma demasiado tiempo para establecer a los cuatro amigos como personajes que vamos a ver desaparecer fugazmente. Uno termina queriéndolos, en retrospectiva, pero la jornada vivida con ellos apenas alcanza a ser significativa.

El problema con Emaús es que pretende resolver cosas muy tremendas de manera muy rápida. Cosas que la misma nouvelle plantea como tremendas y que después terminan siendo resueltas con dos sablazos, muy elegantes, por cierto, pero sablazos al fin; con lo que el autor pareciera estar diciéndonos que está bien, es una novela corta, no es para tanto, qué más da, no se moleste, su propina es mi sueldo. Parece que Baricco estuviera escribiendo para el control de lectura, para la prueba de los niños de 2º Medio. Faltó que la edición en tapa blanda de Emaús viniera con un set de preguntas clave al final. Lo que es una pena, porque como pieza está muy bien ejecutada. Baricco conoce su oficio y el malabarismo mencionado más arriba es ejecutado a la perfección. Uno, dos, tres, las pelotas van por el aire, remontando las páginas sin tocar jamás el piso. A ratos parece que hubiera más de tres, pero es el milagro de la estructura bien aplicada en manos de un escritor capaz. Si algo no se le puede imputar a Emaús es no ser una novela bien pensada, por que lo es. Sus ejes temáticos, su forma, todo funciona como un relojito. Pero el mejor de los relojitos no deja de ser un pequeño artilugio, y no es un instrumento para marcar el paso de las grandes cosas significativas en nuestra vida.

Todo lo que estoy diciendo, me parece, es: Baricco, vuelve a escribir una novela larga. Por favor.

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