Micro-cinematográficas: 2012.

Para todos los gustos: en las últimas dos semanas he visto tres películas que salieron el año pasado. De tonos y premisas tan variopintas como Wreck-it Ralph, The Perks of Being a Wallflower, y The Master. Uf.

De nuevo: Uf.

WRECK-IT RALPH es una peli animada Disney-no-Pixar, lo que significa que no tiene tantas pretensiones. Tiene una premisa más o menos simple: el villano de un videojuego quiere ser alguna vez el héroe y salir de los estereotipos. La peli se da un par de vueltas bien rápidas y termina siendo una justificación del conformismo súper interesante. La estructura de su guión funciona como un relojito Swatch fluor, porque tanta estética mezclada a ratos marea. O me marea, porque en mis tiempos las pelis Disney hacían más pausas antes de tener un número musical [El Autor le pega a un niño con su bastón].

Me dejó mal, Wreck-it Ralph, confieso. Para ser una película de niños, el giro en 360º que se pega su personaje principal es tan desconsoladoramente adulto. Es de esas películas que, francamente, me hubiera gustado haber ido a ver al cine para escuchar los comentarios del público, en especial del público objetivo de esta película.

Ah, está plagada de referencias a videojuegos que delatan un poco la edad de sus creadores (¿la mía?), lo que se agradece. Mi favorita es la pared rayada “Aerith Lives!”, pero hay hartos huevos de Pascua escondidos por ahí.

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También: ¡Zangief!

THE PERKS OF BEING A WALLFLOWER es una peli adolescente sobre un adolescente que está aprendiendo a vivir la adolescencia. Pasé toda la película preguntándome qué tanto habría cortado y sacado de la novela, porque se nota mucho el espectro de la adaptación. El protagonista es un joven traumado que lo da todo por los demás denostándose a sí mismo en el proceso hasta que conoce a una banda de desadaptados que lo hacen sentir parte de su mundo y se enamora y bla y bla y bla y bla.

No es una mala película pero…

OK, sí es una mala película. En pos de adaptar la novela se pierde el sentido del tiempo y pasamos una hora antes de que el conflicto principal se desarrolle y al final recién descubrimos la madre del cordero de una forma que no es ni impactante ni decidida y que no influye en nada (PISTA: le lleva tocaciones deshonestas). Si se hubiera desviado más de su material de origen, si no hubiera pasado tanto tiempo estableciendo estos personajes desadaptados tan pero tan queribles que al final uno los quiere tratar con algodones, quizás algo mejor habría quedado. O SI LA HUBIERAN FILMADO EN 1985 CON EL BRAT PACK.

Perks tiene esa vibra de querer ser “Breakfast Club para una nueva generación”, pero queda muy diluida. Y tiene unos inverosímiles que molestan, como que Sam, el objeto de deseo y pararrayos cultural de la película, conozca a los Dexy’s Midnight Runners, pero no reconozca a Bowie. A. David. Bowie. Quizás en la secuela se descubra que alguien abusó de ella a ritmo de Hunky Dory. En fin.

Esta es una de las películas con más falsos finales felices que he visto. En serio, termina como cuatro veces antes del auténtico final.

Esta es una de las películas con más falsos finales felices que he visto. En serio, termina como cuatro veces antes del auténtico final.

THE MASTER. The Master es nomás. Simplemente es y uno no tiene que hacerle muchas preguntas. Tiene 20 minutos iniciales en los que uno no puede creer que esté viendo una película tan pero tan buena. Después la intensidad baja y uno queda tirado post-orgasmo nomás. Hacia el final, cuando uno ha recobrado un poco las energías, puede tener una segunda vez con la resolución misma de la película. Ciertamente que hay valles profundos en su intensidad, pero yo al menos se los perdono porque, como ya he dicho, me encontraba turnio y acezando de tanta belleza en ese comienzo.

Hay una escena, una escena en particular, que espero subir luego pues en la red solo se encuentra doblada al español, que es, sencillamente, perfecta. No quiero hablar más acá al respecto porque merece páginas y páginas propias, pero me limitaré a decir lo siguiente: es una escena tan sublime que tras verla tuve que tomar papel y lápiz y escribirle y mandarle una carta a alguien con quien no hablo hace un año y que es la persona en el mundo con quién me hubiera gustado ver esa escena por primera vez.

Cambio de director de fotografía Anderson y se nota, pero tampoco tanto. Todas las actuaciones están a otro nivel y que a Joaquín Phoenix no le dieran el Oscar es una de esas cosas que le hace mal a la Academia, don Niembro. Aunque claro, se lo dieron a Daniel Day-Lewis y uno no puede ver The Master sin sentir que o Phoenix está canalizando a Day-Lewis o la voluntad de Anderson es tal que puede transformar a todos sus actores en Daniel Day-Lewis. Y uno que lo ve tan suavecito y tímido en sus entrevistas.

Voy a volver a ver The Master, y de ahí hablamos ¿sí? Es una promesa. Las otras dos…y bueno, existe un dios del TV cable por ahí.

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