Hoy terminé el primer borrador de la novela juvenil. [FANFARRIA]. Quisiera tener más tiempo para reescribirla, pero qué diablos, se va a su primer concurso este miércoles. La noche de hoy y mañana serán momentos muuuuy ocupados, por ende. Hartas manos de pintura por echar, piezas por ampliar y pastos que recortar antes del miércoles.

Hay dos cosas que son más o menos importantes para la novela en cuestión: los viajes en el tiempo y ser colorín. Quizás la culpa de todo la tenga Mamadou, que hace ya unos seis años me decía, bien volado, si acaso no creía yo que los colorines tenían que, necesariamente, tener los picos más grandes de todos los hombres. Más bien me lo aseguraba, sacando credenciales de biólogo, más encima. Insistía el senegalés en que eran dos rasgos genéticos poco comunes y que por ende, era lógico que estuvieran relacionados. Esto entre risa y risa en un carrete perdido en una noche más perdida todavía. Me acuerdo haberle contraargumentado que, según su lógica, los albinos tendrían que tener los picos más grandes de todos, pues eran aún más raros. Al principio no le hizo mucha gracia, pero después se río y me dijo que tenía razón. Quizás la idea era contarme un chiste o algo. Fue uno de las conversaciones más raras que tuve con Dodou, que no tomaba alcohol por ser musulmán, pero hey, el Profeta no dijo nada en contra de la cannabis, al parecer.

Hace un año tracé, junto con la línea de tiempo del documental (actualización más adelante), un línea de tiempo que se daba vuelta sobre sí misma: 1984, 3025, el Final del Tiempo mismo, y los principios del siglo XX, la época en que estaba vivo el Dr. Thomas Hyeronimus, que fue el primero en retirarse de la novela. Fuera de la desaparición del pseudo doctor, la historia se consolidó, vía apuntes y anotaciones varias, rápidamente y quedó bien parecida a la que empecé a escribir hace dos semanas ya. Lo que más me costó fue encontrar una anécdota inicial para presentar a los personajes, pero cierta conversación virtual con un amigo sobre los derechos de los animales me dio la oportunidad que necesitaba. Ahora está lista en su esqueleto y ya me puedo empezar a despreocupar de la suerte de estos personajes.

Entremedio, como siempre, pasaron cosas graciosas. A fines del año pasado Katty me escribió para contarme que había soñado conmigo y que yo estaba en una casa con mi hijo, cuya madre nadie conocía, y que era un pequeño niño colorín (!). El sueño después tomaba otros caminos, pero ahí estaba mi hijo colorín. Le escribí de vuelta contándole que lo más probable es que ese niño pudiera viajar en el tiempo cuando creciera. En medio de mi sesión de escritura empezaron a converger canciones y referencias, y la cosa alcanzó una masa crítica absurda el otro día cuando, en el trabajo, tuve que esperar en la oficina a una compañera. De su computador salía una tonadita pop, donde algunas niñas cantaban:

to go back in time, make what’s wrong feel right

to go baaack in tiiime.

Yo me reí nomás. La canción es Harto Mala, pero no deja de ser chistoso.

Y ya está. Pasó un año, pasaron, en realidad, dos semanas. Ahora me queda remacharla y asegurarme de que la próxima sea mejor nomás.

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