Aaaaalmooooosssstheeeeere

Hace exactamente 51 semanas atrás me subí al tren de Más Allá del Horizonte, el documental en 3D que seguía, por ese entonces, el bicampeonato de la U de Jorge Luis Sampaoli. 

La experiencia de trabajo ha sido intensa, a ratos tensa, porque hey, trabajar con gente es así. Trabajar con compañías, franquicias e intereses que van y vienen para lados a veces parecidos, a veces opuestos supone un esfuerzo extra. Pero también es de esas cosas que te hacen crecer, te refuerzan en tus convicciones, y te permiten valorar más a tus amigos que trabajan bien. Si algo aprendí como experiencia en este año fue a respetar el trabajo de otros, de los otros que tienen una expertise distinta a la mía y que cuando ven el mismo cuadro que yo están pensando en otros códigos. Claro, una cosa es decirlo sentadito en la biblioteca, pero otra es estar ahí con los montajistas, tener las discusiones con el director y escuchar a los sonidistas. De hecho, de la experiencia técnica el mejor recuerdo que me llevo fue haber conocido a sonidistas viejos y ver como la pasión y cariño por su arte, por su artesanía en el sentido más profundo de la palabra, ya estaba consolidado por décadas de experiencia, a diferencia de tanto joven petulante que anda por ahí creyéndose todo sin haber hecho nada. Durante la filmación de las entrevistas trabajamos con dos sonidistas con harta trayectoria, y la pura forma de hablar de su trabajo ya imponía un respeto y una distinción en el ambiente.

La noche del domingo la pasé reconstruyendo el guión, que a estas alturas ya es de la película del tricampeonato. Vi un corte ya prácticamente definitivo de la película (falta la sonorización final, algunos retoques aquí y allá, pero ya estamos) y con eso más el libreto que salió de todas las entrevistas rellené el esqueleto de trabajo que teníamos.

Está buena la película. A esta altura del partido lo que más quiero es sentarme a verla en una sala grande, lentes 3D y todo, y respirar relajado. He visto estas jugadas y goles por lo menos cuarenta veces cada una (y lo mío es con suerte un cuarto de las veces que la ha visto el equipo de edición y montaje), y aún así en la madrugada del lunes, cuando trabajaba transcribiendo y repasando que no se me quedara nada afuera, me di maña para levantar el puño en un par de momentos clave. Esa es toda la prueba que necesito de que, pase lo que pase en términos de distribución, y dondequiera que sea que la den, le va a ir bien. Es un buen producto, está armada por gente capaz y con ganas de ponerle un poco más de onda a nuestro alicaído fútbol; y además tiene un sujeto de estudio hermoso…

Prueba empírica del trabajo de [El Autor]

Era la final del torneo de Apertura 2012 y la U perdía 1-0 con O’higgins en casa. Ya había perdido 2-1 en la ida y necesitaba al menos dos goles para ir a penales. En el entretiempo  Gonzalo, el director, que estaba al borde de la cancha, junto al a cámaras me mandó un mensaje. Decía:

“¿Y? ¿La hacemos?”

Pero el mensaje me llegó en el minuto 60 y la cosa seguía igual, lo que lo hacía sonar un tanto más desconsolado. Yo estaba de rodillas contra la baranda de la puerta 18 de la galería sur del Nacional, estado en el que vi todo el segundo tiempo, cuando no estaba saltando, más por un impulso comunal que otra cosa. Nunca como esa tarde experimenté la sensación de masa y de catarsis combinada “Esto es lo que le pasa a la gente en esas misas gospel”, pensé en algún mínimo momento de raciocinio. Después vino el gol de Aránguiz, pero con eso no nos alcanzaba. Y yo seguía arrodilado, saltando, arrodillado.

El cuarto árbitro mostró la paleta con los minutos de tiempo adicional. Se me salió, en voz baja, lo que había pensado durante los últimos 45 minutos

-¿Y esto cómo lo vamos a guionizar?

Durante todo el partido había estado acomodando la película. Que la remontada, que el fracaso, que lo efímero de la victoria, que la injusticia, que la justicia, que aquí y que allá. Todos los ejes temáticos posibles habían volado por mi cabeza, entre cantos y gritos y tensión. En el minuto 92 la pelota le queda a Guillermo Marino y este le pega como sea y entra el 2-1 soñado. . .

…y a principios de año, en nuestra primera reunión para trazar los ejes de la película, Gonzalo me dice que quiere que la película no sea tan exitista, le digo que me parece bien, que hay que recordar que la U es mucho más un equipo construido en las derrotas que en el éxito y que está bueno recordárselo a las nuevas generaciones. Me dice que le interesa el concepto bielsista que Sampaoli lleva a fuego, ese de aprender en los malos momentos, de pensar en el proceso. Hablamos de las revanchas en esta vida, de Sampaoli que pierde dirigiendo a Emelec contra Liga y después gana la Sudamericana enfrentando a Liga. En cuanto queda claro que las revanchas y las segundas oportunidades en esta vida puede ser un eje temático de la película le digo

– Por ejemplo, Marino. Cuando Sampaoli llegó dijo que no quería contar con él. Marino se fue, y lo llamaron a mitad del verano, porque no había nadie en el puesto y terminó siendo titular y todo…

Y ahí estaba, seis meses después, celebrando su segundo gol del torneo (el otro había sido en la final de ida), con los brazos extendidos medio mesiánicamente, trotando lento del esfuerzo de esos 92 minutos. Las nubes que habían tapado el cielo todo el día dejaron un claro desde ese momento y hasta el anochecer, en quince minutos más. Pero el cuadro era perfecto. La revancha era perfecta, el círculo de la historia se había completado.

En los créditos va a salir “Escrita por…” y mi nombre. Pero un agradecimiento o co-autoría con Dios no estaría mal.

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